El terrorismo y la esquizofrenia

“La guerra es la salud del Estado” ~ Randolph Bourne

smbc

En la opinión pública y en al política en general, cada vez que hay un atentado terrorista se despierta una esquizofrenia liberticida en cuanto a propuestas de políticas para atacar el problema del terrorismo. Desde bombardear, invadir o mandar más soldados a X lugar hasta el espionaje indiscriminado de centros de culto de Y religión (desafortunadamente, esto último, propuesto por un conocido mío).

Primero de todo, al hablar de un problema como pueden ser los ataques terroristas en Europa o en EE.UU, debemos analizar la magnitud del problema. ¿Es algo importante? ¿Cómo de importante? ¿Hay otras causas que nos ayuden a poner la magnitud de ese problema en perspectiva?

Hay una cita del libro de Steven Pinker Los ángeles que llevamos dentro especialmente ilustrativa:

De hecho, cada año [en EE.UU], menos en 1995 y 2001, han muerto más americanos a causa de rayos, ciervos, alergias a los cacahuetes, picaduras de abeja o “por arder o derretirse la ropa de dormir” que por atentados terroristas.

Para España, una de las causas de muerte que menos se nos pasan por la cabeza que he podido encontrar en el Instituto Nacional de Estadística es «muerte súbita infantil», desde 2003 (año que marca el inicio de la guerra de Irak) hasta 2009 la suma de muertes por esta causa es de 521 infantes. Las muertes por terrorismo en España (de la RAND Database of Worldwide Terrorist Incidents) en el periodo 2003-09 fueron 205, y esto es cogiendo un corto periodo de tiempo que incluye el atentado terrorista más importante de la historia moderna de España. La «muerte súbita infantil» es causa de más del doble de muertes en el mismo periodo! Si lo comparamos con otras causas de muerte como caídas accidentales, estas ascienden a más de 12.000 muertes para el mismo periodo (en concreto 12.207), actualmente el terrorismo no es mayor peligro que ese maldito peldaño de escalera o una bañera resbaladiza.

Si las muertes son un buen proxy para los costes del terrorismo en España y en otro sitios, comparado con el resta de problemas mencionados, se hace difícil explicar el porqué se le da tanto peso en la opinión pública, política y medios de comunicación. Puede que sea porque estas otras causas de muerte no vienen acompañadas de una llamativa explosión y sus muertes no están concentradas, pero esto no las hace menos peligrosas. Esto ya debería ponernos en alerta sobre la irracionalidad de rodea el asunto. Otra señal de la respuesta irracional que generan los actos de terrorismo son las propuestas para combatirlo, haciéndose escasa mención a la efectividad, costes y demás de estas. Los homicidios (por parte de no terroristas) y los accidentes de tráfico representan un problema mucho, muchísimo mayor que el terrorismo, pero aunque la tortura y el espionaje masivo ayudaran significativamente (que no lo hace, por alguien que la ha sufrido) a reducir el problema, encontraríamos que proponer esto sería una respuesta desproporcionada. Michael Huemer hace comentarios similares para el caso de EE.UU en una charla TEDx, mencionando en específico que la ‘solución’ del problema, como se planteó la guerra de Irak, que Bush la llamó un ‘frente central en la Guerra contra el Terror‘, ha provocado más muertes de estadounidenses (soldados)  que el problema de terrorismo que inicialmente se quería evitar y, probablemente, más del problema inicial a la vez que se han visto reducidas las libertades civiles de la población (ver a partir de 21:50 para el ‘dick pic’ program, con verificación). Todo esto sin hablar de los costes impuestos en territorio extranjero o de los costes económicos de la guerra. Si la ‘solución’ a problema es ‘peor’ (en cuanto a evitar muertes) que el problema en sí, probablemente nos encontramos delante de una respuesta irracional.

Esto no quiere decir que se deba desmantelar toda política de seguridad antiterrorista, concluir esto de la evidencia sería vulnerable a la crítica de Lucas (ver el ejemplo de Fort Knox). Que veamos un problema de, comparativamente, poca importancia no implica que las políticas de seguridad antiterrorista sean poco efectivas y por lo tanto desmantelables con ningún o bajo coste, sino que puede que justamente sean altamente efectivas y por esto observamos pocas muertes por terrorismo. De lo que sí debería hacernos escépticos es de aquellos que reclaman incrementemos sustanciales de los recursos dedicados a paliar este problema (y no otros), que dediquemos muchos más recursos (y sacrifiquemos más libertades) de los que YA dedicamos (sacrificamos).

Ahora bien, una razón para ser escéptico de algunas políticas (existentes) es su ya comentada inefectividad (espionaje masivo y tortura). Los controles de seguridad de la TSA tampoco parecen ser muy efectivos. (a parte de crear potenciales focos de ataque como las líneas de espera). Todd Sandler (2014) en una revisión de la literatura sobre la evidencia empírica de la efectividad de la política antiterrorista da una visión bastante escéptica (especialmente de políticas más de línea dura) de muchas políticas:

Desde el estudio de Landes (1978), ha habido un creciente interés en medir la efectividad de políticas contraterroristas específicas. Aunque las barreras tecnológicas pueden inhibir ciertos tipos de incidentes terroristas, estas barreras pueden tener consecuencias no previstas en la medida que estas causan una transferencia te ataques. La transferencia es un cambio no intencional inducido por la política sobre el comportamiento terrorista, que incluye la sustitución del modo o vía de ataque al ser más difícil su objetivo. Por ejemplo, los detectores de metales hicieron el secuestro aéreo más costoso, mientras que hicieron relativamente menos costoso otras formas de toma de rehenes. Como conseqüència, el número de secuestros aéreos disminuyó a la vez que los secuestros ordinarios se volvieron más frecuentes (Enders & Sandler, 1993). De hecho, la instalación de detectores de metal en 1973 se asoció con un incremento de los incidentes terroristas con víctimas (Enders & Sandler, 2012). Para realmente investigar la efectividad de estas barreras, un investigador debe indagar el impacto de la intervención en substitutos y modos de ataque complementarios. En el caso de los detectores de metal, las incursiones en embajadas más tarde bajaron cuando se instalaron barreras para proteger los recintos (Enders & Sandler, 2012: 166). Landes (1978) no ajustó por estos otros factores. Para juzgar la efectividad de la intervención, uno necesitaría saber los costes y los beneficios resultantes. Esto último es difícil de determinar ya que involucra un contrafactual -el número de ataques en ausencia de intervención [aunque ver el link anterior sobre la TSA].

La transferencia es una consideración clave al evaluar la mayoría de acciones antiterroristas. Por ejemplo, aumentar la seguridad de embajadas indujo a los terroristas a asesinar oficiales fuera del recinto (Enders & Sandler, 1993). Las acciones para dar seguridad a, digamos, estadounidenses en territorio estadounidense a través de homeland security dieron lugar a más ataques contra estadounidenses en territorio extranjero (Enders & Sandler, 2006). Antes después del 11/9, alrededor de un  40% de los ataques terroristas transaccionales estaban dirigidos en contra de intereses estadounidenses, aunque muy pocos de estos ataques han ocurrido en territorio estadounidense después del 11/9 (Enders & Sandler, 2012). Aparentemente los terroristas sospesaron los cambios de riesgo, como la teoría de la acción racional predice, y decidieron donde y como atacar.

Otro desilusión antiterrorista es la aparente inefectividad de las resoluciones y convenciones de las Naciones Unidas. Algunos investigadores vieron una gran oportunidad en estos tratados (Wilkinson, 1986). Estudios sobre la intervención que usan vectores autoregressivos mostraron que anteriores resoluciones y convenciones de las Naciones Unidas no tuvieron un efecto visible en los modos de ataque particularmente tratados (p.e. atentados bomba, secuestros aéreos o hacer estallar aviones) (Enders & Sandler, 1993,2012). Eso es, la media pre-intervención de los ataques terroristas particulares no difiere de la  media post-intervención después de que el tratado fuera ratificado. Esto no es sorprendente ya que estos tratados no tienen mecanismos de cumplimiento y solo unos pocos Estados que no cumplan pueden deshacer los beneficios de los Estados que sí cumplen.

Los estudios de series temporales también han investigado la efectividad de incursiones antiterroristas retaliatorias, como el bombardeo de EE.UU en 1986 sobre Libia, tras el bombardeo de la discoteca La Belle en Berlín. Enders & Sandler (1993) encontraron sustitución intertemporal, donde los terroristas posponían los ataques terroristas planeados para un futuro al presente para protestar en contra de la incursión. Como consecuencia, los ataques terroristas aumentaron después de la incursión y disminuyeron unos meses después ya que los terroristas tenían que reabastecerse de los recursos empleados. El nivel total de ataques terroristas no cambió en el corto plazo. Brophy-Baermann & Conybeare (1994) descubren el mismo patrón para incursiones Israelitas en terroristas Palestinos.

Usando datos Palestinos-Israelitas, Dugan & Chenoweth (2012) proveen de una comparación entre el uso de disuasión represiva y conciliatoria hacia terroristas. Las últimas premiarían a los supuestos terroristas al abstenerse de usar violencia. Los análisis paramétricos y no paramétricos de Dugan & Chenoweth’s (2012)  muestran que las acciones represivas indiscriminadas llevaron a más ataques terroristas mientras que las acciones conciliatorias indiscriminadas resultaron en menores ataques terroristas. Estos resultados encajan con estudios anteriores sobre la represión inducida como reacción a ataques (ver p.e.Bloom, 2005; Rosendorff & Sandler, 2004; Siqueira & Sandler, 2007).

Ante esa evidencia, y la (curcial!) que proporcionaremos más adelante sobre las motivaciones terroristas (básicamente, los expertos en el tema, por lo general, están de acuerdo de que el terrorismo funciona como una venganza a políticas del gobierno, en específico la ocupación militar de territorios extranjeros que los terroristas precian[78]), deberíamos reflexionar sobre algunas de las preguntas que plantea el analista de riesgos  Howard Kunreuther para una política antiterrorista sensata:

  • ¿Cuánto deberíamos estar dispuestos a pagar por una pequeña reducción de probabilidades que ya [!] son extremadamente bajas?
  • ¿Cuánto deberíamos estar dispuestos a pagar por acciones que son principalmente reconfortantes, pero hacen nada o poco para mitigar el riesgo?
  • ¿Cómo pueden otras medidas sociales, que algunos piensan que proveen de mayor protección que el contraterrorismo, obtener una mayor atención?

Para estas preguntas, voy a traducir el apartado de Terrorismo del libro The Problem of Political Authority de Michael Huemer, donde describe el problema del terrorismo, su relevancia y a qué tipo de soluciones deberíamos aspirar (desde una perspectiva estadounidense) .

12.4 Evitando el Terrorismo

Desde 2001, los estadounidenses han estado preocupados con la amenaza del terrorismo, y esta preocupación ha llevado a una expansión significativa de los poderes del gobierno central. Podría pensarse que el gobierno es necesario para proteger a las personas de esta amenaza.

12.4.1 La amenaza terrorista

Entre 1968 y 2009 (los años para los cuales hay datos disponibles) los ataques terroristas se han cobrado alrededor de 3200 vidas dentro de los Estados Unidos (casi todas el 11 de Septiembre de 2001) y 64000 vidas alrededor del mundo.[58] Durante el mismo periodo, los homicidios no terroristas dentro de los Estados Unidos se cobraron 802000 vidas.[59] El número total de muertes estadounidenses por todas las causas durante ese periodo de tiempo fue alrededor de 91 millones.[60] En consecuencia, en los Estados Unidos, el terrorismo explica alrededor del 0.4 por ciento de todos los asesinatos y el 0.004 por ciento de todas las muertes. Estas cifras inicialmente hacen difícil ver al terrorismo entre las amenazas mas serias a las que se enfrenta los Estados Unidos o el mundo.

La única forma en la que uno podría ver el terrorismo como una seria amenaza, en consecuencia, es si uno sospecha que el terrorismo futuro va a ser múltiples veces peor que el terrorismo anterior. Esto puede ser cierto si los terroristas consiguieran armas nucleares o biológicas. No hay una forma fiable de estimar la posibilidad de que esto ocurriera; aunque, algunos expertos en la materia han dado valoraciones alarmantes. En 2005, el Senador de los EE.UU Richard Lugar encuestó a 85 expertos en seguridad nacional y no proliferación de alrededor del mundo sobre sus valoraciones del riesgo de terrorismo que involucre armas de destrucción masiva (ADM). De media, los encuestados consideraron que un ataque terrorista nuclear en algún lugar del mundo dentro de los próximos 10 años era un 29% probable y que un gran ataque biológico un 33% probable.[61] En 2008, la Comisión sobre la Prevención de la proliferación de ADM y Terrorismo del gobierno de los EE.UU, consideró mas probable que no, que ocurriera un ataque terrorista con ADM en algún lugar del mundo para el año 2013, siendo un ataque biológico mucho más probable que un ataque nuclear.[62]

Estas valoraciones deberían tomarse con cierto escepticismo, ya que los expertos en seguridad nacional pueden tener un sesgo hacia exagerar las amenazas a la seguridad nacional. Aquellos que están más predispuestos a preocuparse por las amenazas a la seguridad nacional es más probable que acaben siendo expertos en seguridad nacional. Muchos de estos expertos trabajan para gobiernos, que tienden a beneficiarse de la percepción pública de serias amenazas a la seguridad nacional. Y lo que es más importante, las valoraciones de este tipo son las menos fiables y las fácilmente más influenciadas por sesgos.[63] Esta falta de fiabilidad puede que se vea reflejada en el hecho de que las valoraciones de los expertos de la probabilidad de terrorismo con ADM cubren todo el rango desde 0 hasta 100 por ciento.[64] Los expertos que proveen de una detallada consideración de las varias formas en las que una trama terrorista puede fracasar tienden a ver muchos menos riesgos que los indicados en el previo parágrafo.[65]

Mientras que no hay acuerdo ni en la probabilidad aproximada de un ataque terrorista con ADM, hay un acuerdo generalizado de que este ataque tendría consecuencias extremadamente serias, empezando por la posibilidad de cientos de miles de muertes.[66] En el peor de los escenarios contemplado por expertos, las víctimas mortales serían equivalente a unas pocas décadas de homicidios ordinarios en los Estados Unidos. Mientras esto no es una amenaza existencial a la sociedad Americana o cualquier otra, sigue siendo algo preocupante.

12.4.2 Las raíces del terrorismo

¿Por qué ocurren los atentados terroristas? Hay dos amplias perspectivas sobre las motivaciones de la mayoría de terroristas.  La primera es la imagen del ‘choque de civilizaciones’, expuesta elocuentemente por el presidente de los EE.UU George W. Bush en 2001:

Odian lo que ven aquí mismo en esta cámbra: un gobierno elegido democráticamente. […] Ellos odian nuestras libertades: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de voto y reunión y de disentir unos con otros. […] Estos terroristas matan no meramente para poner fin a vidas, sino para quebrar y acabar con un modo de vida. […] Esto es una lucha de civilizaciones. Esta es la lucha de todos los que creen en el progreso y pluralismo, tolerancia y libertad.[67]

Según este punto de vista, los terroristas están motivado por objetivos fundamentalmente malvados, y EE.UU es el blanco a causa de sus notables virtudes. Ningún cambio en la política gubernamental, menos una conversión a una teocracia islámica, podría esperarse que tuviera un impacto significativo en las motivaciones de los terroristas.

Otro punto de vista, atribuye el sentimiento anti-EE.UU a políticas específicas de los Estados Unidos en el extranjero, particularmente en Oriente Medio. Entre estas políticas están las sanciones auspiciadas por los Estados Unidos en contra de Iraq tras la primera guerra del Golfo Pérsico; el apoyo de los Estados Unidos a Israel en los que algunos describen como la opresión de los Palestinos; la presencia continuada de tropas estadounidenses en países musulmanes, particularmente en la Península Arábiga desde la primera guerra del Golfo; las recientes invasiones y ocupaciones de Afganistán y Irak, con la consecuente muerte de decenas de miles de ciudadanos de esos países; y el abuso de prisioneros en Abu Ghraib y otros sitios. Cada una de esas acciones, se argumenta, contribuye a una marea de resentimiento hacia los Estados Unidos, particularmente en países musulmanes, permitiendo a grupos terroristas reclutar miembros adicionales.[68]

¿Cuál de estas concepciones básicas es más correcta? La evidencia se muestra fuertemente a favor de la teoría de las ‘represalias de la política exterior’. Para empezar, las declaraciones de bin Laden y otros lideres terroristas llamando a la jihad contra Estados Unidos citan  políticas exteriores estadounidenses concretas como justificación, principalmente la presencia de tropas de los Estados Unidos en la tierra de los dos Lugares Sagrados (la Península Arábiga), el apoyo de los Estados Unidos a Israel, y la guerra y sanciones económicas de los Estados Unidos contra Irak.[69] No citan los valores liberales de la América democrática, ni tampoco tienen como blanco las democracias liberales no involucradas en Oriente Medio. Presuntamente, estos lideres terroristas estarían en una mejor posición para saber sus propias motivaciones que los oficiales del gobierno de los Estados Unidos u otros observadores distantes, y estaría en sus intereses revelar estas motivaciones si aspiran a coaccionar naciones a ceder a sus deseos. En contraposición, los oficiales del gobierno pueden sufrir de un sesgo en dirección de rebajar la responsabilidad del mismo gobierno en los sentimientos terroristas, particularmente si los oficiales no tienen intención de modificar las políticas que puede que hayan llevado a esos sentimientos.

Expertos que estudian las motivaciones terroristas han llegado a conclusiones similares. El antropólogo Scott Atran ha dedicado años al estudio de terroristas en un varios países alrededor del mundo, adentrándose en sus comunidades y entrevistando a terroristas. Atran encuentra que los terroristas contemporáneos están motivador por el ultraje moral llevado a cabo por estadounidenses en contra de musulmanes en Irak, Afganistan y demás lugares. Encuentra que los yihadistas no están motivados por el odio a la libertad y democracia, como Bush afirmó, ni son ‘nihilistas’, como Obama ha afirmado.[70] Ellos se ven a ellos mismos como héroes con el coraje de enfrentarse a un enorme opresor. Como un miembro del politburó de Hamas dijo, ‘George Washington estuvo luchando contra el ejercito más fuerte del mundo, más allá de toda razón. Esto es lo es precisamente lo que estamos haciendo.'[71]

Robert Pape y James Feldman han estudiado todos los 2200 ataques terroristas suicidas que han ocurrido en el mundo entre 1980 y 2009. Encuentran que estos ataques no estaban principalmente motivados por diferencias religiosas. En cambio, casi todos los ataques estaban motivados por un deseo de acabar con la ocupación militar de un territorio que los terroristas preciaban. Esta era la única constante a través de grupos terroristas seculares o religiosos y a través de todos los países, desde Cisjordania hasta Sri Lanka o el Líbano o Chechenia.[72] Esto incluye los ataques terroristas del 11/9/2001 que inspiraron a los estadounidenses horrorizados a preguntar, ‘¿Por qué nos odian?’ Aquí tenemos las palabras de tres de los secuestradores del 11/9:

Abu al-Jaraah al-Ghamidi: ¿Qué está pasando en países musulmanes hoy en día? Ocupación flagrante sobre la cual no hay duda alguna… No hay mayor obligación después de la fe que repelerla.

Abu Mus’ab Walid al-Shehri: Repeler a los estadounidenses ocupando la tierra de los Dos Santuarios… es la más obligatoria de las obligaciones.

Hamza al-Ghamdi: Y yo digo a Estados Unidos: si quiere que sus ejércitos y gente estén seguros, entonces deben retirar todas sus fuerzas de las tierras musulmanas y dejar todos nuestros países.[73]

No hace falta decir que el esfuerzo en entender las motivaciones de los terroristas no implica simpatía hacia los terroristas, ni involucra ningún intento de apartar la culpa moral por las acciones terroristas de los mismos terroristas. Una comprensión precisa de las motivaciones de los terroristas, libre de sesgos autocomplacientes, es simplemente el primer paso para entender como evitar ataques terroristas en el futuro.

12.4.3 Soluciones violentas y no violentas

¿Como debería el problema del terrorismo ser abordado? La mayoría de gobiernos se centran en la estrategia de ejecución: rastrear y capturar o matar tantos terroristas como sea posible. Se espera que esto va a incapacitar a la mayoría de personas que, de otro modo, cometerían actos terroristas, además de disuadir a otros que podrían considerar hacerse terroristas. Muchos terroristas han sido capturados o eliminados, y esto presuntamente ha prevenido muchos ataques terroristas que, de otro modo, hubiesen ocurrido.

Al mismo tiempo, hay razones para preocuparse por la estrategia general. Es imposible capturar a todos los terroristas, e incluso capturar a un gran porcentaje de ellos puede ser muy difícil y demandar grandes sacrificios, tanto en términos materiales como en términos de libertades civiles. La persecución va a ser crecientemente difícil en el futuro, ya que a medida que la sociedad avance económica y tecnológicamente, más y más personas van a tener acceso a herramientas que puedan causar gran destrucción. Los gobiernos puede que recurran a crecientes métodos draconianos de persecución. A pesar de todo, estos métodos puede que ellos mismos creen más resentimiento,  llevando a más y más gente a convertirse en terroristas; esto es más probable si los métodos incluyen tortura u otras formas de abuso a prisioneros. Si el gobierno continua las políticas que llevaron a sentimientos terroristas en primer lugar, nuevos terroristas reclutados van a continuar apareciendo de forma regular, perpetuando un constante estado de conflicto. Según una encuesta de Gallup, el 7 por ciento de los 1.6 billones de musulmanes consideraron los ataques del 11/9 completamente justificados, mientras que el 37 por ciento consideraron los ataques o completamente, ampliamente o algo justificados.[74] Con tal gran número de personas dando abrigo a alguna simpatía por el terrorismo, parece que una estrategia efectiva debe centrarse en reducir la marea de indignación en vez de desplegar cada vez más y más violencia para destruir el enemigo. Cuando nos encaramos con oponentes que se obtienen de una comunidad que contiene decenas o centenares de millones de personas indignadas, una estrategia puramente combativa es más probable que produzca un creciente ciclo de derramamiento de sangre que resultará trágico para ambos lados.

El enfoque ideal contra terrorismo sería actuar de alguna forma que nadie, o sólo como mucho muy pocas personas, tuvieran el tipo de cólera que les motiva a cometer ataques terroristas en primer lugar. Si los ataques terroristas están motivados por mera maldad o por el odio de la libertad, entonces esto no es factible [si preciamos más nuestras libertades]. Pero si, como he argumentado, el terrorismo surge como represalia a políticas específicas del gobierno, entonces el problema se podría solucionar a través de la eliminación de esas políticas.

Por supuesto, una nación con un gobierno puede llevar a cabo una política exterior no intervencionista y así evitar ser el blanco de terrorismo. Aún así, debería tenerse en mente que la existencia de un gobierno crea un constante, no trivial, riesgo de que el gobierno vaya a llevar políticas que causen que sus propios ciudadanos sean el blanco de ataques terroristas. La propia imagen del gobierno, casi por su propia naturaleza, es la de una agencia que funciona para combatir amenazas a la sociedad a través de la fuerza. Aunque, si bien no es inevitable, es natural que los gobiernos vayan a reaccionar ante las amenazas percibidas de una forma agresiva que perpetúe el ciclo de violencia. Es más probable que las entidades políticas democráticas den apoyo a estas políticas, en vez de restringir el Estado una vez este ciclo se inicia. En un debate presidencial del 2011, el candidato Republicano Rick Santorum recibió aclamaciones del público al declarar que Estados Unidos fue atacado en 2001 a causa del odio de los terroristas por la libertad, oportunidad y el «excepcionalismo» estadounidense. El candidato rival Ron Paul respondió citando las declaraciones reales de al Qaeda como evidencia de que las políticas exteriores de los Estados Unidos eran el motivo para esos ataques. Paul recibió silbidos de la audiencia por sus comentarios.[75] Esta, ciertamente anecdótica, evidencia sugiere que las entidades políticas democráticas, tienden a preferir candidatos que culpan de las amenazas a la mera maldad de los enemigos de la nación, por encima de candidatos que correctamente atribuyen la hostilidad de los enemigos a previas políticas del gobierno. Este es un mal presagio para la perspectiva de resolver estos conflictes sin un terrible derrame de sangre.

NOTA: Y no tan anecdótica

Como fuente de creación del ISIS también tenemos parte del efecto blowback y algunos de sus miembros también expressan motivaciones similares. Las motivaciones de terroristas tras el 11M son similares a las que menciona Huemer para el 9/11

Referencias

[58] Todos los datos de las muertes por terrorismo provienen de la Rand Corporation (2011).

[59] Disaster Center 2011a. Me centro en muertes estadounidenses aquí a causa de que datos fiables de EE.UU son mucho más fácilmente accesibles que estadísticas mundiales.

[60] Disaster Center 2011b. Las muertes totales para años no mostrados en la tabla fueron estimados a partir de las muertes totales de los años cercanos.

[61] Lugar 2005, 14, 19

[62] Commision on the Prevention of WMD Ploriferation and Terrorism 2008, xv. Para similares serias advertencias, ver Alison 2004, 15; Bunn 2006.

[63] El método usual para evaluar la probabilidad de un suceso involucra observar su frecuencia en un gran número de ensayos. En el caso actual, no hay instancia alguna de que el suceso se haya observado. Otro enfoque es observar la frecuencia de cuasi accidentes – casos en los que el evento casi ocurre. No hay casos conocidos en los que terroristas estuvieran muy cerca de un ataque con ADM exitoso; aunque ha habido numerosos casos en los que planes terroristas para distribuir agentes tóxicos han sido frustrados, y otros en los que individuos o grupos no autorizados han sido atrapados con muestras de uranio altamente enriquecido (Cordesman 2005, 22-4). La forma mas fiable de evaluar las probabilidades puede ser establecer un mercado de predicciones (ver, p.e. http://www.intrade.com). El gobierno de los EE.UU ha considerado establecer un mercado de predicciones sobre terrorismo pero rechazó la propuesta por razones emocionales (CNN 2003).

[64] Lugar 2005, 14, 19.

[65] Ver Levi 2007. Aunque Levi rehúsa ofrecer una valoración numérica del riesgo de terrorismo nuclear, la impresión que deja es mucho menos alarmista que la de los previos autores. Aún así, Levi aconseja vigorosamente a favor de fortalecer las defensas en contra del terrorismo nuclear.

[66] Levy (2007, 38) menciona la posibilidad de 100000 muertes a causa de un ataque nuclear terrorista en New York; Allison (2004, 4) menciona la posibilidad de medio millón de muertes inminentes a causa del mismo suceso, mas cientos de miles más en las siguientes horas del suceso.

[67] Bush 2001.

[68] Ver, por ejemplo, Hornberger 2006.

[69] bin Laden 1996; bin Laden et al. 1998.

[70] Ver Obama 2004, x: ‘Nor do I pretend to understand the stark nihilism that drove the terrorists that day and that drives their brethren still My powers of empathy, my ability to reach into another’s heart, cannot penetrate the blank stares of those who would murder innocents with abstracte, serene satisfaction.’

[71] Atran 2010, 347. Ver Atran 2010, 53-4, 55-6, 114-15, 290, sobre motivaciones terroristas. Atran (2010, 4-5, 42-3) ponen en tela las afirmaciones de Bush y Obama.

[72] Pape and Feldman 2010, 9-10.

[73] De los vídeos de los mártires del 11/9, citados en Pape y Feldman 2010, 23.

[74] Sobre la encuesta, ver Atran 2010, 57-8; Satloff 2008. Sobre la población musulmana, ver Pew Research Centrer 2009.

[75] CNN 2011; video clip, https://www.youtube.com/watch?v=0xt_c1LlWdg

[78] Pape, Robert A. and James K. Feldman. 2010. Cutting the Fuse: The Explosion of Global Suicide Terrorism and How to Stop It. Chicago, Ill.: University of Chicago Press. Páginas 9-10.
Atran, Scott. 2010. Talking to the Enemy: Faith, Brotherhood, and the (Un)making of Terrorists. New York: HarperCollins. Páginas 53 – 4, 55 – 6, 114 – 15 y 290

Niveles de conocimiento económico

Bryan Caplan escribió un artículo hace tiempo presentando un esquema del conocimiento macroeconómico por niveles. Recientemente, Anthony J. Evans, en Markets for Managers, presenta una idea similar:

Or, as Arnold Kling puts it, there are three schools of thought. To Chicago economists ‘markets work, use markets’. To Keynesian economists ‘markets fail, use government’. But to Austrian economists ‘markets fail, use markets’. If there’s inefficiency, then there is waste. And all waste is a profit opportunity. It is precisely because markets fail that there’s an incentive for entrepreneurs to find new ways to do business. The identification of friction does not cast doubt on the ability of markets to serve as a coordination device. As my professor Peter Boettke would say, if it wasn’t for real world friction we’d fall over whenever we tried to put one foot in front of the other. The ‘information economists’ are right – friction is the norm. But this isn’t necessarily a bad thing. After all, try to imagine a world of perfect information. In the movie ‘What Women Want’, Mel Gibson had the power of understanding exactly what women were thinking. There was less of an information asymmetry. But even if such a world were possible, it wouldn’t necessarily be desirable.

Nivel 1, La posición popular (Los mercados fallan mucho, el Estado funciona mejor, usa el Estado a ser posible): Los mercados son horribles y de suma cero. Hace falta regular todo aspecto de los mismos, o incluso nacionalizar algunas industrias y el libre comercio. En el extremo, de no ser por los problemas prácticos que tiene, implementar la planificación central.

Nivel 2, Economía de Primer Semestre (Los mercados funcionan bien, el Estado suele fallar, usa los mercados siempre): Los mercados son geniales. Pueden resolver todo problema que te imagines fácilmente. Los Estados empeorarán siempre las cosas si intervienen.

Nivel 3, Economía de Segundo Semestre (Los mercados suelen fallar, los Estados a veces funcionan, usa el Estado a veces): Los mercados fallan. Hay externalidades, bienes públicos, y fallos de mercado. Por tanto, aunque los mercados están bastante bien, el Estado tiene un papel importante que jugar a la hora de regularlos y asegurar de que funcionen adecuadamente. Los mercados totalmente libres son una fantasía.

Nivel 4: Public Choice (Los mercados fallan a veces, los Estados fallan más, usa los mercados): Los Estados también fallan. Los fallos de mercado deben ser tenidos en consideración junto con los fallos de Estado, y resulta que en muchas ocasiones, los costes de la intervención estatal superan a sus beneficios, por lo que es mejor dejar fallos de mercado sin resolver.

Nivel 5, Análisis Institucional/Cultural (Los mercados funcionan muy bien, los Estados no funcionan tan bien, usa los mercados). La acción voluntaria, y las normas institucionales, culturales, y morales pueden resolver, hasta cierto punto y dado el tiempo suficiente, externalidades, fallos de mercados y proveer bienes públicos. La gente no es completamente egoísta, y puede diseñar ingeniosos arreglos institucionales y contratos para permitir una cooperación más robusta. Las condiciones económicas para la eficiencia económica son vistas como suficientes, no necesarias. Esto explica por qué los Estados funcionan mejor de lo que describe la Public Choice, pero también por qué los mercados funcionan aún mejor de lo que las teorías de fallos de mercado describen.

Ocurre algo curioso: El Nivel 5 es similar al Nivel 2, que es un nivel mucho menos sofisticado, lo que puede explicar la escasa popularidad del Nivel 5. Los que ocupan este nivel pueden parecer los ‘fundamentalistas del mercado’ del Nivel 2, inconscientes del conocimiento del Nivel 3. Brya Caplan ilustra esto aquí:

So just to play into your fears, I’ll begin by quoting Dr. Horrible’s Sing-Along Blog.  In this scene, Penny is telling Dr. Horrible about her last date – never realizing that Dr. Horrible is secretly in love with her.

Penny: But, he turned out to be totally sweet. Sometimes people are layered like that. There’s something totally different underneath than what’s on the surface.
Dr. Horrible: And sometimes there’s a third, even deeper level, and that one is the same as the top surface one. Like with pie.

This scene perfectly captures what I’m going to tell you about health care.  On the surface, a free market in health care seems like the best approach.  When you look a little deeper, the free-market approach seems naive and dangerous.  When you look deeper still, however, the free market approach turns out to be the best after all.

20 Aniversario de la Declaración de Independencia del Ciberespacio

Kenneth Knowlton, Statue of Liberty and Lazarus’ Poem” 1986


 

Se me ha pasado por 4 días, mecachis.

El 8 de Febrero de 1996, John Perry Barlow, ciberlibertario (crypto?) y fundador de la EFF, presentó un texto en Davos llamado «Declaración de Independencia del Ciberespacio». Este texto fue una respuesta a la aprobación en 1996 de la Telecommunications Act en los Estados Unidos. Se trata de un texto de orientación libertario-anarquista, que reniega de cualquier tipo de autoridad Estatal sobre el ciberespacio, siendo este soberano. Es…

«…un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

¿Pero realmente ha terminado así? ¿Es deseable que sea así? Les dejo a los lectores el plantear respuesta a estas preguntas.

Inglés: https://www.eff.org/cyberspace-independence

Castellano: http://biblioweb.sindominio.net/telematica/manif_barlow.html

Català: http://dmi.uib.es/~valverde/declara.html

Aquí pueden ver un vídeo donde John Perry Barlow lee la declaración:

~Ethon~

Recomendaciones (IX)

A hen is only an egg’s way of making another egg (Samuel Butler)

http://blog.honk.at/wp-uploads/2012/04/chicken-egg.jpg

¿Es posible una política monetaria más sana? En el Adam Smith Institute proponen una reforma para el Banco de Inglaterra en tres etapas: modificar la forma en la que se llevan a cabo los QE, introducir la regla monetaria conocida como NGDP targeting, y finalmente, introducir un modelo de free banking puramente privado.

De forma separada, argumentan que eliminar la garantía estatal de los depósitos bancarios puede ser una buena idea para la estabilidad del sistema bancario.

A veces se escuchan críticas contra el concepto de Homo Economicus. ¿Dónde comenzaron estas críticas? En este paper de Joseph Persky, se da una respuesta.

Which came first, the chicken or the egg? No te preocupes más: Los economistas acuden en tu ayuda. En 1988, Thurman & Fisher publican un artículo estudiando desde el punto de vista de la causalidad de Granger qué causa qué.

Una presentación de la filosofía de Ayn Rand en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, junto a las razones por las que la mayoría de los filósofos la rechazan.

En el blog de Miles Kimball, una guía sobre cómo expandir el sector caritativo de la economía como alternativa parcial al gobierno.

En política, los think tank son quienes en muchas ocasiones hacen llegar el conocimiento experto a los políticos para que tomen decisiones informadas, e intervienen en debates públicos para enriquecerlos. ¿Sirven de algo los think tanks en España? Un paper argumenta que no tienen mucho impacto.

En la Stanford Encyclopedia of Philosophy, una nueva entrada sobre la filosofía política de John Locke.

Dos reviews, de Andrew Sabisky y James Thompson del nuveo libro de Adam Perkins ‘The Welfare Trait’, donde describe cómo el Estado de Bienestar afecta a la personalidad de los ciudadanos.

La discusión en el blog de Scott Alexander del debate sobre las armas y el crímen en EEUU (Parte I, Parte II)

¿Es el capitalismo imperialista? ¿Y el comunismo? Reflexiones del blogger anónimo Lord Keynes.

La teoría de precio como profiláctico contra falacias económicas populares, o sobre cómo saber de fundamentos de economía ayuda a no caer en razonamientos que parecen sólidos, pero que no lo son.

¿Varía el racismo con la inteligencia? Sí: la gente inteligente es menos racista, pero al mismo tiempo no tiende a apoyar políticas de discriminación positiva.

Algunos modelos en psicología moral predecían que el asco puntual inducía cambios detectables en juicios morales. Un nuevo meta-análisis argumenta que existe sesgo de publicación en la literatura y que al tener en cuenta toda la evidencia, el efecto desaparece.

‘No tengo nada que esconder’ y otros malentendidos de la privacidad. Artículo en el que se analiza detalladamente el clásico argumento de que ‘para qué quieres privacidad si no tienes nada que esconder’, según el cual no hay perjuicio a la privacidad si el gobierno no encuentra una actividad ilegal, en cuyo caso, la persona no tiene derecho a reclamar que se mantenga en secreto. El autor encuentra el argumento equivocado y creo que es interesante, dado su extendido uso.

DAAAAAMN GUUURL. MANY PAPERS, MUCH KNOWLEDGE. OOHH MY DAAAYUM!

Undercover Lacau in the Chinese Comunist Party / Lacau encubierto en el Partido Comunista Chino

China


ENGLISH VERSION    |    VERSIÓN EN CASTELLANO 


English version

One of the most important concepts of Lacau is that of ‘empty signifiers’.

Ernesto Lacau, Marxist of psicoanalític leanings, analized populism like no one before him. One very important concept of his theory is that of the ‘floating signifier’ or ‘empty signifier’, that is nothing more than a word or a concept that has many meanings, thus, it’s overdetermined. It’s somewhat ambiguous that it does not have one meaning, but that the diferent meanings -that represent diferent social struggles- within the same meaning are in constant dispute, fighting to become hegemonic, and thus, to enjoy social acceptance. What is curious about empty signifiers is that they posses unquestionable social legitimacy and there’s a strong positive affection towards them. Thus, this is what it’s political for Lacau, the fight for the hegemony of the meaning within each empty signifier.
https://anarquiademercado.wordpress.com/2015/04/18/desmontando-estrategia-politica-podemos-partei/ (I recomed ou follow this blog)

In China, the meaning of ‘socialism’ has been extremely important in the discourse of the Chinese Communist Party it’s high class members, specially when introducing economic reforms while trying not to be perceived as breaking off with the traditional party ideals or that such reforms were not perceived as treason.

political dissidents often find themselves deemed to be “anti -Party,” or “anti-socialism,” a charge that can end their career, if not their life.

In the book How China Became Capitalist by Ronald Coase and Ning Wang, there are very nice examples of this attempt to change the meaning of a particular empty signifier, in this case socialism or it’s implications and even Marxism. This arises from the need to change policies inhereted from Mao and still remain faithfull to Mao and socialism. All of the quotes in this post are from Coase & Ning’s book.

Hua managed to turn China away from Mao’s radical ideology and preoccupation with class struggle and lead the country to socialist
modernization. But Hua was caught in a political dilemma. On the one hand, Hua and the Chinese government remained committed to socialism and ideologically loyal to Mao. The disappointing performance of socialism and Mao’s deplorable economic record had not totally destroyed the ideological legitimacy of socialism nor broken down the cult of personality around Mao. Even after his death, Mao was still widely respected as a great leader by both the political elites and the common people. Even the arrest of the Gang of Four was legitimizes by their supposed betrayal of Mao, and attributed to Mao’s foresight – he had picked Hua as First Vice Chairman in 1975 rather than Wang Hongwen, a member of the Gang of Four The legitimacy of Hua’s leadership was therefore believed to depend on continued def erence to Mao’s teachings. On the other hand, Hua realized that he could not let some of Mao’s decisions remain un changed, in particular the ongoing Cultural Revolution and Mao’s 1975 decision to depose Deng again for his reluctance to endorse the Cultural Revolution .

Xue Muqiao, a renowned economist and economic advisor to the State Council, published a paper in the People’s Daily on July 20th, 1979 that urged the government to permit self -employment. This strategy had been used effectively, immediately after the founding of the People’s Republic of China, to tackle the problem of unemployment that many cities faced in 1949–1950. As a loyal Party member, Xue was committed to socialism and the collective economy; but as an economist, Xue knew what practical measures would be effective. The mounting employment pressure and the risk of large scale social unrest forced the Chinese government to implement Xue’s suggestion. On September 29th, 1979, at a meeting held to celebrate the thirtieth anniversary of the People’s Republic, Head of the State Ye Jianying called for the recognition of the “individual economy (getijingji)”; this was a euphemism for private economy. Three months later, the first officially registered “individual economy” made its appearance in Wenzhou on November 30th, 1979. The flood gates were now open for a revival of private economy in urban China. What Mao had condemned as the antithesis of socialism was officially welcomed back as the “appendix to and complement of socialism .”

By 1984, when The Third Plenum of the Twelfth Central Committee was held in Beijing, the Chinese government had come to accept the goal of reform as building a “commercial economy with plan,” that is, a market economy in disguise. This was a landmark event in the history of the Chinese economic reform. It consolidated the marginal revolutions that had swept Chin a since Mao’ s death and officially recognized the legitimacy of the private sector under socialism. Socialist modernization – strengthening the state sector – ended its role as the leitmotif of reform. In its place, “building socialism with Chinese characteristics,” first proposed by Deng in 1982, was officially embraced by Zhao Ziyang, then General Secretary of the Party, in 1987 at the  Thirteen the National Congress of the Party. This new unifying ideology wholeheartedly welcomed the market mechanism and, to a less degree, the private sector. The former would gradually overshadow and ultimately replace central planning; the latter would come to be treated more equally with the state sector. No one could
possibly have foreseen such a sea-change in the Chinese economy as occurred in the first decade of reform.

Chen was called back to run the economy after the disastrous Great Leap Forward, but fell out of favor again soon after. He returned to office only after the Third Plenum of the Eleventh Central Committee. His vision of socialism as “the planned economy as primary, market adjustments as auxiliary” was to serve as the guiding light of the Chinese economic reform until the mid-1980s. Chen’s rationale for incorporating the market and the private sector into socialism was pragmatic: the central plan could not be designed in so complete manner as to cover every detail of the economy. […] As a result, Chen’s adage, «the planned economy as primary, market adjustments as auxiliary,» became the government’s official position in 1982.

At the beginning, the leaders were united in wanting to make China a «powerful, modern, socialist country» (1978). It did not take long for them to revise their mission to put in place «socialism with Chinese characteristics» (1982) and «a commerce economy with plan» (1984), before finally embracing «a socialist market economy with Chinese characteristics» (1992). In this process, Shenzen was caught in a constant struggle to reconcile itself the the continually shifting Party line.

Deng reiterated a theory he had long cherished:

The proportion of planning to market forces is not the essential difference between socialism and capitalism. A planned economy is not equivalent to socialism, because there is planning under capitalism too; a market economy is not capitalism, because there are markets under socialism too. Planning and market forces are both means of controlling economic activity. The essence of socialism is liberation and development of the productive forces, elimination of exploitation and polarization, and the ultimate achievement of prosperity for all. This concept must be made clear to the people. Are securities and the stock market good or bad? Do they entail any dangers? Are they peculiar to capitalism? Can socialism make use of them? We allow people to reserve their judgement, but we must try these things out. If, after one or two years of experimentation, they prove feasible, we can expand them. Otherwise, we can put a stop to them and be done with it. We can stop them all at once or gradually, totally or partially. What is there to be afraid of? So long as we keep this attitude, everything will be alright, and we shall not make any major mistakes. In short, if we want socialism to achieve superiority over capitalism, we should not hesitate to draw on the achievements of all cultures and to learn from other countries, including the developed capitalist countries, all advanced methods of operation and techniques of management that reflect the laws governing modern socialized production.

Deng went far beyond the familiar boundary of market socialism. There was no ism, no dogma of any kind to defend in Deng’s view of socialism. Socialism was, rather, an open system that should «draw on the achievements of all cultures and learn from other countries, including the developed capitalist countries.» Socialism was no longer exclusively identified with collective ownership and central planning. Rather, «the essence of socialism» was «the ultimate achievement of prosperity for all.» At a time when the Chinese leadership was anxious to preserve socialism and ward off capitalism, Deng simply set aside a meaningless and distracting ideological debate and focused on the practicalities of moving the Chinese economy forward.

The seeming contradiction between a continuing political commitment to socialism on the one hand, and market reform on the other, had confused many Chinese leaders and ordinary people, particularly those who remained loyal to orthodox Marxism. For generations of Party members who had grown up knowing nothing else but the doctrines of socialism, the market reform must have profoundly challenged their political beliefs and created some confusion. If Deng wanted to succeed in «keeping clear heads», he also had to fight a battle of ideas.

In Zhuhai, Deng warend the local leaders in plain language that what threatened Chinese socialism most was not the «Right tendencies,» but the «Left tendencies.» This was a radical departure from the views held dear by Chinese leaders that capitalism (or the «Right» in Chinese political terminology) was the number one enemy of socialism. As a devoted Party member, Deng never abandoned his political belief in Marxism. Yet he creatively redefined Marxism to make it not only compatible with China’s market reform, but an indispensable epistemic requirement: «In studying Marxism-Leninism we must grasp the essence and learn what we need to know. Weighty tomes are for a small number of specialist; how can the masses read them? It is formalistic and impracticable to require that everyone read such works. It was from the Comunist Manifesto and The ABC of Comunism that I learned the rudiments of Marxism. Recently, some foreigners said that Marxism can not be defeated. That is so not because there are so many big books, but because Marxism is the irrefutable truth. The essence of Marxism is seeking truth from facts. That’s what we should advocate, not bookworship. The reform and the open policy have been successful not because we relied on books, but because we relied on practice and sought truth from facts It was the peasants who invented the household contract responsibility system with remuneration linked to output. Many of the good ideas in rural reform came from people at the grassroots. We processed them and raised them to the level of guidelines for the whole country. Practice is the sole criterion for testing truth. I haven’t read too many books, but there is one thing I believe in: Chairman Mao’s principle of seeking truth from facts. That is the principle we relied on when we were fighting wars, and continue to rely on it in construction and reform. We have advocated Marxism in our lives. Actually, Marxism is not abtruse. It is a plain thing, a very plain truth.»

The most extraordinary feature of Chinese economic reform is perhaps that the Chinese Communist Party has survived, and in deed thrived, over the three decades of market transformation. It clearly attests to the organizational flexibility and adaptability of the Party in the aftermath of a failed social experiment – not its own invincibility or the superiority of socialism itself. But what is even more extraordinary is that a reform intended to save socialism has inadvertently turned China into a market economy. The Trojan horse in this astonishing tale ins the Chinese teaching «seeking truth from facts,» which Deng Xiaoping mistakenly called «the essence of Marxism.» When China became a gigantic economic laboratory, the forces of competition were able fo work their magic. In an experimental process of discovery, resources were directed to their most profitable utilization,, institutional arrangements and organizational structures emerged to facilitate collective learning. Tinkering with Mao’s legacy on the ground, China, step by step, not without side steps or retrogressive movements, found itself transformed into a market economy after thirty years of reforms which had been intended to save socialism.


 

Versión en castellano

Uno de los conceptos más importantes de Lacau es el de los ‘significados flotantes’.

Ernesto Laclau, marxista de orientación psicoanalítica, analizó el populismo como nadie antes lo había hecho. Un concepto importantísimo de su teoría es el de significante flotante o significante vacío, que no es más que una palabra o concepto que tiene muchos significados, por lo tanto, que está sobredeterminado. Es algo ambiguo, que no tiene un significado único sino que los distintos significados -que representan las diferentes demandas sociales- dentro del mismo significante están en disputa continua luchando por convertirse en hegemónicos, y por lo tanto, de gozo de aceptación social. Lo curioso de estos significantes flotantes es que poseen una legitimidad social incuestionable y un fuerte afecto positivo asociado a ellos. Así que, eso es lo político para Laclau, la lucha por la hegemonía de los significados dentro de cada significante flotante.
https://anarquiademercado.wordpress.com/2015/04/18/desmontando-estrategia-politica-podemos-partei/ (recomiendo seguir este blog)

En China, el significado de ‘socialismo‘ ha sido extremadamente importante en el discurso del Partido Comunista Chino y sus miembros de alto rango, especialmente al introducir reformas económicas intentando a su vez de no ser percibidos como que uno rompe con los ideales tradicionales del partido o que esas reformas no fueran percibidas como una traición.

los «disidentes» políticos comúnmente se encontraban acusados de ser «antiPartido»  o «antisocialismo», una acusación que podía arruinar sus carreras profesionales, e incluso su vida.

En el libro How China Became Capitalist por Ronald Coase Ning Wang, hay muy buenos ejemplos de un significado flotante en particular, en este caso es socialismo o sus implicaciones, incluso Marxismo. Esto emerge de la necesidad de cambiar las políticas heredadas de Mao y a su vez mantenerse fiel a Mao y al socialismo. Todas las citas en este post son del libro de Coase & Ning (traducidas).

Hua consiguió hacer virar a China lejos de la ideología radical de Mao y de la preocupación con la guerra de clases que llevó al país a la modernización socialista. Pero Hua, se encontraba con un dilema político. Por un lado, Hua y el gobierno Chino querían seguir fieles al socialismo y ideológicamente leales a Mao. El rendimiento decepcionante del socialismo y el deplorable historial de Mao no destruyeron completamente la legitimidad ideológica del socialismo ni rompieron el culto de personalidad alrededor de Mao. Incluso después de su muerte, Mao era ampliamente respetado como un gran líder tanto por las élites políticas como por el pueblo. Incluso, el arresto de la Banda de los Cuatro fue legitimada por su supuesta traición a Mao, y atribuida a la precaución de Mao – escogió a Hua como Primer Vicepresidente en 1975 en vez de a Wang Hongweng, un miembro de la Banda de los Cuatro. La legitimidad del liderazgo de Hua era, por tanto, dependiente en una continua deferencia a las enseñanzas de Mao. Por otro lado, Hua se dio cuenta que no podría mantener algunas decisiones que tomó Mao, en particular la Revolución Cultural y la decisión de Mao en 1975 de destituir a Deng por su reticencia a dar soporte a la Revolución Cultural.

Xue Muqiao, un economista de renombre y asesor económico al Consejo de Estado, publicó un artículo en el People’s Daily (un periódico chino de gran tirada) el 20 de Julio de 1979 donde urgía al gobierno que permitiera el autoempleo. Esta estrategia fue efectivamente usada, inmediatamente después de fundar la República Popular China, para abordar el problema del desempleo al que se enfrentaron muchas ciudades en 1949-50. Como un miembro leal al Partido, Xue estaba comprometido con el socialismo y la economía colectiva; pero como economista, Xue sabía qué medidas prácticas sería efectivas. El creciente desempleo y el riesgo de malestar social a gran escala forzó al gobierno Chino a implementar la sugerencia de Xue. El 29 de Septiembre de 1979, en una reunión para celebrar el treinta aniversario de la República Popular, el Jefe de Estado Ye Jianying llamó al reconocimiento de ‘la economía individual (getijingji)»; esto era un eufemismo para la economía privada. Tres meses después, la primera «economía individual» registrada apareció en Wenzhou el 30 de Noviembre de 1979. Las compuertas se hallaban abiertas para el renacimiento de la economía privada en la China urbana. Lo que Mao condenó como la antítesis del socialismo era oficialmente recibido como el «apéndice de y complemento al socialismo.»

Para 1984, cuando el Tercer Pleno del Veintavo Comité Central se celebró en Beijing, el gobierno Chino había acabado aceptando como objetivo de al reforma construir una «economía comercial con un plan,» esto es, una economía de mercado encubierta. Esto era un hito en la historia de la reforma económica de China. Consolidaba las revoluciones marginales que habían barrido China desde la muerte de Mao y el reconocimiento oficial de la legitimidad del sector privado bajo el socialismo. La modernización socialista – fortalecer el sector estatal – dejó de ser el leitmotiv de las reformas. En su lugar, «construir el socialismo con características Chinas,» fue propuesto por primera vez por Dang en 1982, y fue oficialmente abrazado por Zhao Ziyang, por entonces el Secretario General del Partido, en 1987 durante el Treceavo Congreso Nacional del Partido. Esta nueva y unificadora ideología daba la bienvenida con entusiasmo al mecanismo de mercado y, en menor grado, al sector privado. El primero sería gradualmente eclipsado y en última instancia reemplazaría la planificación central; el último tendría un trato más igual con el sector estatal. Nadie podía haber precedido este cambio radical en la economía China tal y como ocurrió en la primera década de las reformas.

Después del Gran Salto Chen fue llamado a dirigir la economía, pero poco después cayó en desgracia. Retornó a la oficina después del Tercer Plano del Onceavo Comité Central. Su visión del socialismo como «la economía planificada como principal, ajustes por el mercado como auxiliario» serviría como la estrella de guía durante las reformas económicas de China hasta medianos de los 80. La justificación de Chen para incorporar el mercado y el sector privado en el socialismo era pragmático: el plan central no podría ser diseñado de forma tan precisa como para cubrir cada detalle de la economía. [… ] Como resultado, el lema de Chen, «la economía planificada como principal, ajustes por el mercado como auxiliario,» pasó a ser la posición oficial del gobierno en 1982.

En sus inicios, los líderes estaban unidos en querer hacer China un «país socialista poderoso y moderno» (1978). No tomó demasiado que revisaran su misión para poner en su lugar «socialismo con características Chinas» (1982) y «una economía comercial con plan» (1984), antes de abrazar «una economía socialista de mercado con características Chinas» (1992). En este proceso, Shenzen se encontró en una lucha constante para reconciliarse a si mismo con la cambiante línea del Partido.

Deng reiteró una teoría que había mantenido durante tiempo:

La proporción de las fuerzas de planificación a las de mercado no es la diferencia esencial entre el socialismo y el capitalismo. Una economía planificada no es equivalente al socialismo, ya que también hay planificación bajo el capitalismo; una economía de mercado no es capitalismo, ya que también hay mercados bajo el socialismo. Las fuerzas de planificación y de mercado, ambas son métodos de control de la actividad económica. La esencia del socialismo es la liberación y desarrollo de las fuerzas productivas, la eliminación de la explotación y polarización, y última instancia, la prosperidad para todos. Este concepto debe quedar claro para el pueblo. ¿Los valores y la bolsa son buenos o malos? ¿Implican peligros? ¿Son peculiares al capitalismo? ¿Puede el socialismo hacer uso de ellos? Debemos permitir que la gente mantenga su juicio sobre ellas, pero debemos probar estas cosas. Si, después de un o dos años de experimentación, se prueban factibles, podemos expandirlas. Alternativamente, podemos poner punto y final al ellas. Podemos pararlas todas de repente o gradualmente, totalmente o parcialmente. ¿De qué tenemos de estar asustados? Mientras mantengamos esta actitud, todo irá bien, y no tendremos por qué cometer grandes errores. En resumen, si queremos que el socialismo logre su superioridad sobre el capitalismo, no deberíamos dudar en aprender de los logros de todas las culturas y de otros países, incluyendo los países capitalistas desarrollados, todos los métodos de operación y técnicas de administración que reflejan las leyes que gobiernan la producción socializada moderna.

Deng fue mucho más allá de la frontera del socialismo de mercado. No había ismo, ho había dogma de ningún tipo a defender según la visión de Deng del socialismo. El socialismo era, más bien, un sistema abierto que debería «aprender de los logros de todas las culturas y de otros países, incluyendo los países capitalistas desarrollados». El socialismo ya no se identificaba exclusivamente con la propiedad colectiva y la planificación central. Más bien, «la esencia del socialismo» era «en última instancia, la prosperidad para todos.» Durante el tiempo en el que el liderazgo Chino estaba ansioso para preservar el socialismo y protegerse del capitalismo, Deng dejó de lado un debate ideológico sin significado y que distrae, y se centro en las factibilidad de tirar a China adelante.

La aparente contradicción entre el constante compromiso político al socialismo por un lado, y la reforma de mercado por otro, confundió a muchos líderes Chinos y al pueblo, particularmente a aquellos que permanecían leales al Marxismo ortodoxo. Durante generaciones los miembros del Partido crecieron sabiendo nada más que las doctrinas del socialismo, la reforma de mercado desafió sus creencias políticas y creó algo de confusión. Si Deng quería ser exitoso en «mantener sus manos limpias», también tenía que luchar en la batalla de las ideas.

En Zhuhai, Dengo alertó a los líderes locales en simple lenguaje que lo que amenazaba al socialismo Chino no eran las «tendencias derechistas» sino las «tendencias izquierdistas». Esto era una ruptura radical con la visión que mantenían los líderes chinos de que el capitalismo (o la «derecha» en terminología política China) era el enemigo número uno del socialismo. Como un dedicado miembro del Partido, Deng nunca abandonó su creencia política en el Marxismo. Aún así, redefinió de forma creativa el Marxismo para hacerlo no solo compatible con la reforma de mercado de China, sino como un requerimiento epistemológico indispensable: «En estudiar el Marxismo-Leninismo debemos comprender la esencia y aprender que necesitamos conocer. Los tratados son para un pequeño número de especialistas; ¿cómo pueden las masas leerlos? Es formalista e impracticable requerir a todo el mundo que lea estas obras. Era del Manifiesto Comunista y del El ABC del Comunismo que he aprendido las primeras nociones del Marxismo. Recientemente algunos extranjeros han dicho que el Marxismo no puede ser derrotado. Esto no es por qué haya muchos tratados, pero por qué el Marxismo es una verdad irrefutable. La esencia del Marxismo es la de encontrar la verdad en los hechos. Esto es lo que deberíamos defender, no la adoración de unos libros. La reforma y la política abierta han sido exitosa no por qué nos hemos basado i en los libros, pero por qué nos hemos basado en la práctica y hemos encontrado la verdad en hechos. Fueron los campesinos que inventaron el sistema del contrato de responsabilidad del hogar con la remuneración atada a la producción. Muchas de las buenas ideas en la reforma rural provinieron de aquellos en las bases. Los procesamos y los elevamos al nivel de guías a seguir para todo el país. La práctica es el único criterio para poner a prueba la verdad. No he leído demasiados libros, pero hay una cosa en la que creo: el criterio de distinguir la verdad en los hechos del presidente Mao. Hemos defendido el Marxismo en nuestras vidas. De hecho, el Marxismo no es abstruso. Es algo muy sencillo, una sencilla verdad. 

La característica más extraordinaria de la reforma económica de China puede que sea que el Partido Comunista Chino haya sobrevivido, y de hecho prosperado, durante más de tres décadas de transformación de mercado. Claramente da fe de la flexibilidad organizativa y adaptabilidad del Partido en la estela de un experimento social que fracasó – no su propia invencibilidad o la superioridad del socialismo en sí. Pero lo que es aún más extraordinario es que la reforma que intentó salvar el socialismo involuntariamente ha transformado a China en una economía de mercado. El caballo de Troya en esta asombrosa historia es la enseñanza China de «encontrar la verdad en los hechos,» que Deng Xiaoping incorrectamente llamó «la esencia del Marxismo.» Cuando China se convirtió en un gigante laboratorio, las fuerzas de la competencia fueron capaces de hacer su magia. En un proceso experimental de descubrimiento, los recursos eran dirigidos a su utilización más provechosa, emergieron arreglos institucionales y estructuras organizativas para facilitar el aprendizaje colectivo. Enmendando el legado de Mao, China, paso a paso, no sin esquivas o pasos hacia atrás, se vio transformada en una economía de mercado después de treinta años de reformas cuya intención era salvar el socialismo.

La injusta guerra contra las drogas en América

Traducción del artículo ‘AMERICA’S UNJUST DRUG WAR‘ de Michael Huemer (2004) al castellano.


¿Debería el consumo recreativo de drogas como la marihuana, cocaína, heroína y LSD, estar prohibido por ley? Los Prohibicionistas responden que sí. Normalmente argumentan que el consumo de drogas es extremadamente perjudicial para los consumidores de drogas y la sociedad en general, e incluso posiblemente inmoral, y creen que estos hechos proporcionan razones suficientes para la prohibición. Los Legalizadores responden que no. Ellos normalmente dan uno o más de tres argumentos: Primero, algunos argumentan que el consumo de drogas no es tan perjudicial como los prohibicionistas creen, y a veces es incluso beneficioso. Segundo, algunos argumentan que la prohibición de las drogas “no funciona”, esto es, no es demasiado exitosa en prevenir el consumo de drogas y/o tiene una serie de muy malas consecuencias. Finalmente, algunos argumentan que la prohibición de las drogas es injusta o viola derechos.

No voy a intentar analizar todos estos argumentos aquí. En lugar de ello, me voy a centrar en lo que me parecen los tres argumentos más prominentes en el debate sobre la legalización de las drogas: primero, el argumento de que las drogas deberían ilegalizarse debido al daño que causan a los consumidores de drogas; segundo, el argumento de que deberían ser ilegalizadas a causa de que dañan a otras personas que no son el consumidor; y tercero, el argumento de que las drogas deberían ser legalizadas  ya que la prohibición de las drogas viola derechos. Me centraré en las cuestiones morales/filosóficas que los argumentos plantean, en vez de las cuestiones médicas o sociológicas. Voy a mostrar que los dos argumentos a favor de la prohibición fracasan, mientras que el tercer argumento, a favor de la legalización, es exitoso.

I. Las drogas y el Daño a sus Consumidores

El primer argumento principal a favor de la prohibición mantiene que las drogas deberían ser prohibidas ya que el consumo de drogas es extremadamente perjudicial para los propios usuarios, y la prohibición disminuye la tasa de consumo indebido de drogas. Este argumento asume que la función legítima del gobierno incluye prevenir que las personas se dañen a sí mismas. De este modo, el argumento es algo así:

  1. El consumo de drogas es muy perjudicial para sus usuarios.
  2. El gobierno debería prohibir que las personas hagan cosas que les dañen a sí mismas.
  3. En consecuencia, el gobierno debería prevenir el consumo de drogas.

Obviamente, la segunda premisa es esencial para el argumento; si creyera que el consumo de drogas es muy perjudicial, pero no pensara que el gobierno debería prohibir que las personas se dañen a sí mismas, entonces, no tomaría esto como razón para prohibir el consumo de drogas. Es más, la premisa (2), si se acepta sin reservas, es extremadamente implausible. Considere algunos ejemplos de cosas que las personas hacen que son perjudiciales (o conllevan el riesgo de daño) para ellas mismas: fumar tabaco, beber alcohol, comer demasiado, conducir motocicletas, tener sexo sin protección o promiscuo, mantener relaciones con novios y novias desconsiderados o abusivos, llegar al tope de sus tarjetas de crédito, trabajar en puesto sin futuro, dejar la universidad, mudarse a Nueva Jersey, y ser maleducados con sus jefes. ¿Debería el gobierno prohibir todas estas cosas?[1] La mayor parte de nosotros estaría de acuerdo en que el gobierno no debería prohibir ninguna de estas cosas, por no hablar de todas ellas. Y esto no es meramente por razones logísticas o prácticas; más bien, pensamos que controlar estas actividades no es tarea del gobierno.

Puede que el prohibicionista argumentarse, no que el gobierno debería prohibir  todas las actividades que son perjudiciales para uno mismo, pero que debería prohibir las actividades que son perjudiciales para uno mismo de cierta forma, o hasta cierto grado, o que también tengan alguna otra característica. Entonces corresponderá al prohibicionista explicar cómo el daño del consumo de drogas (a los consumidores) difiere de otros daños (para quienes incurran en ellos) de las otras actividades mencionadas más arriba. Vamos a considerar tres posibilidades.

(1) Una sugerencia sería que el consumo de drogas también perjudica a otras personas aparte del consumidor. Si, como voy a mantener, ni el daño a los consumidores de drogas ni el daño a otros justifica la prohibición, entonces, será poco plausible la sugerencia de que las combinaciones de daños justifican la prohibición. Por supuesto, uno podría mantener que se debe alcanzar cierto nivel de daño total antes de que la prohibición de una actividad esté justificada, y que la combinación del daño de las drogas a sus consumidores y su daño a otros sobrepasa este nivel, aún cuando ningún tipo de daño lo haga por sí mismo. Pero, si como voy a mantener, los argumentos del ‘daño a los consumidores’ y ‘el daño a otros’ fracasan por la razón de que no es tarea del gobierno aplicar sanciones criminales para prevenir los tipos de daños en cuestión, entonces la combinación de los dos daños no va a generar un caso convincente a favor de la prohibición.

(2) Una segunda sugerencia es que el consumo de drogas es generalmente más perjudicial que las otras actividades enumeradas anteriormente. Pero no parece haber razones para creer esto. Como una (ciertamente limitada) medida de daño, considere las estadísticas de mortalidad. La Office of National Drug Control Policy afirma que las drogas matan a 18.000 Americanos por año[2]. Por otro lado, se estima que el tabaco causa 440.000 muertes por año[3]. Por supuesto, hay más personas que consumen tabaco que personas que usen drogas ilegales[4], de forma que dividamos por el número de consumidores: el tabaco mata 15 personas por cada 1000 consumidores por año; las drogas ilegales matan 2,6 personas por cada 1000 consumidores por año[5]. Aún así casi nadie está a favor de ilegalizar el tabaco y encarcelar a los fumadores. De forma similar, la obesidad puede causar 420.000 muertes por año (a causa de un aumento de la incidencia de enfermedades cardíacas, ictus y demás), poniendo 11 personas en riesgo por cada 1000[6]. Los profesionales de la salud han advertido de una pandemia de obesidad, pero nadie, aún, ha pedido encarcelar a los gordos.

Hay otras formas menos tangibles del daño del consumo de drogas – merma de la calidad general de vida de uno. Estos son difíciles de cuantificar. Pero comparar la magnitud de la merma a la propia calidad de vida que uno puede causara través de, por ejemplo, dejar el instituto, trabajar en un trabajo sin futuro por diversos años, o casándose con un idiota –todas estas cosas pueden causar extremo y duradero detrimento del bienestar de uno. Aún así nadie propone encarcelar aquellos que dejan el instituto, trabajan en malos puestos de trabajo, o toman pobres decisiones matrimoniales. La idea de hacerlo parecería ridícula, claramente más allá de las prerrogativas del Estado.

(3) Otra sugerencia es que el consumo de drogas perjudica a los consumidores de forma diferente a las resto actividades enumeradas. Bien, ¿que tipo de daños causan las drogas? Primero, las drogas ilícitas pueden empeorar la salud de sus consumidores y, en algunos casos, implicar riesgo de muerte. Pero muchas otras actividades –incluyendo el consumo de alcohol, tabaco y de alimentos grasos; sexo; y (en una ámplia conceptualización de “salud”) automóviles– acarrean riesgos para la salud, y aun así casi nadie cree que estas actividades deberían ser criminalizadas.

Segundo, las drogas pueden dañar las relaciones del consumidor con otros– en particular su familia, amigos, y pareja – y dificultar que uno desarrolle relaciones personales más satisfactorias[7]. Ser maleducado con otros también puede tener este efecto; aún así nadie cree que deberías ser encarcelado por ser maleducado. Es más, es muy implausible suponer que las personas deberían estar sujetas a sanciones criminales por arruinar sus propias relaciones personales. No tengo una teoría general de qué acciones deben ser castigadas, pero considere el siguiente ejemplo: Suponga que decido romper con mi novia, dejar de llamar a mi familia, y alejarme de mis amigos. Hago esto sin ninguna buena razón –simplemente me apetece. Esto perjudicaría mis relaciones personales más que nada. ¿Ahora debería venir la policía y arrestarme, y meterme en la cárcel? Si no, ¿entonces por qué deberían arrestarme por hacer algo que sólo tiene una probabilidad de indirectamente llevar a un resultado similar? El siguiente parece un principio político razonable: Si estuviera mal (ya que no forma parte de las funciones legítimas del gobierno) castigas a las personas por ocasionar directamente algún resultado, entonces también estaría mal castigar a las personas en base a que la acción tiene la posibilidad de ocasionar este resultado indirectamente. Si el Estado no debe prohibirme que directamente rompa mis relaciones con otros, entonces el hecho de que mi consumo de drogas pueda tener el resultado de dañar estas relaciones no proporciona una buena razón para prohibirme consumir drogas.

Tercero, las drogas pueden dañar las finanzas de sus consumidores, costándoles dinero, causandoles la pérdida de sus trabajos o no encontrar trabajo, y previniendo que obtengan ascensos. El mismo principio aplica aquí: si fuera un abuso del poder del gobierno prohibirme que directamente me ocasione este tipo de consecuencias financieras negativas, entonces, sin duda, el hecho que el consumo de drogas puede indirectamente ocasionarlas no es una buena razón para prohibir el consumo de drogas. Suponga que decido dejar mi trabajo y lanzar mi dinero por la ventana, por ninguna razón. ¿Debería venir la policía y arrestarme, y ponerme en prisión?

Cuarto y último, las drogas puede dañar al carácter moral de sus consumidores, como James Q. Wilson cree:

[S]i creemos –como creo yo — que la dependencia de ciertas drogas que alteran la psique es una cuestión moral y que su ilegalidad se basa en parte en su inmoralidad, entonces legalizarlas socava, o elimina completamente, el mensaje moral. Este mensaje está en la raíz de la distinción entre la nicotina y la cocaína. Ambas son altamente adictivas; ambas tienen efectos físicos perjudiciales. Pero tratamos las dos drogas de forma diferente no sólo porque la nicotina es ya tan ampliamente usada que es difícil su prohibición, sino que su uso no destruye la humanidad esencial del consumidor. El tabaco acorta la vida de uno, la cocaína la degrada. La nicotina altera los hábitos de uno, la cocaína altera el alma de uno. El consumo abusivo de crack, no como el uso abusivo del tabaco, corroe aquellos sentimientos naturales de simpatía y deber que constituyen nuestra naturaleza humana y hacen posible nuestra vida social [8]

En este parágrafo, Wilson afirma que el uso de cocaína: (a) es inmoral, (b) destruye la humanidad de uno, (c) altera el alma de uno, y (d) corroe la simpatía y el sentido del deber de uno. Un problema con el argumento de Wilson es la falta de evidencia que apoye las afirmaciones (a)-(d). Antes de poner a gente en la cárcel por corromper sus almas, deberíamos requerir de alguna evidencia objetiva que sus almas de hecho se corrompen. Antes de poner a gente en prisión por ser inmoral, deberíamos requerir algún argumento que muestre que sus acciones son de hecho inmorales. Puede que todas las acusaciones de Wilson de inmoralidad y corrupción terminan con la acusación de que los consumidores de drogas pierden su sentido de la simpatía y deber – eso es, las afirmaciones (a)-(c) se basan en la afirmación (d). Y es plausible que los consumidores  frecuentes de drogas muestren un menor sentido de simpatía con otros y un menor sentido del deber y responsabilidad. ¿Esto provee de una buena razón para prohibir el consumo de drogas?

Otra vez, parece que uno no debería prohibir una actividad en base a que puede ocasionar indirectamente un resultado, a menos que fuera apropiado prohibir ocasionar directamente ese resultado. ¿Sería apropiado, y dentro de las funciones legítimas del Estado, castigar a las personas por no ser simpáticas y desobedientes, o por comportarse de forma no simpática o de manera desobediente? Suponga que Howard –aunque no es un consumidor de drogas–no simpatiza con otros. Cuando la gente intenta explicar a Howard sus problemas, él simplemente les dice que paren de quejarse. Cuando sus amigos y compañeros de trabajo le piden favores, son groseramente rechazados. Es más –aunque él no perjudica a otros de formas que fuesen contra  la ley en vigor– Howard tiene un pobre sentido del deber. No se molesta en llegar a la hora a su trabajo, ni se enorgullece de su trabajo; no da a caridad; no intenta mejorar su comunidad. En general, Howard es un individuo innoble y desagradable. ¿Se le debería meter en la cárcel?

Si no, entonces por qué se debería encarcelar a alguien meramente por hacer algo que tiene una probabilidad de convertirle en alguien como Howard? Si castigar a la gente por ser unos capullos es un abuso del poder estatal, entonces, el hecho de que las drogas puedan hacer que uno se convierta en un capullo no es una buena razón para prohibir el uso de las drogas.

II. Las drogas y el daño a terceros

Algunos argumentan que el consumo de drogas debe ser ilegalizado ya que el consumo de drogas perjudica a las familias, amigos y compañeros de trabajo del consumidor y/o la sociedad en general. Un informe por la Office of National Drug Control Policy dice:

Las democracias sólo puede florecer allí donde sus ciudadanos valoran su libertad y abrazan la responsabilidad personal. El consumo de drogas erosiona la capacidad del individuo de perseguir ambos ideales. Disminuye la capacidad del individuo de operar efectivamente en muchas esferas de la vida – como estudiante, padre, esposo, y empleador – incluso como compañero de trabajo o motorista. Y, mientras algunos afirman que representa una expresión de autonomía individual, el consumo de drogas es de hecho inímico a la libertad personal, produciendo una capacidad reducida de participar en la vida de la comunidad y la promesa de América[9].

Como mínimo uno de estos supuestos daños – conducción peligrosa – es claramente tarea del Estado. Por esta razón, estoy completamente de acuerdo que se debería prohibir que la gente conduzca bajo la influencia de drogas. ¿Pero y el resto de supuestos daños?

Retomemos al ciudadano hipotético Howard. Imagina que Howard – otra vez, por razones que no tienen nada que ver con las drogas – no valora la libertad, y no abraza la responsabilidad personal. No está claro lo que significa esto, pero, en buena medida, supongamos que Howard abraza una ideología política totalitaria y niega la existencia del libre albedrío. Culpa constantemente a otros por sus problemas e intenta evitar tomar decisiones. Howard es un estudiante universitario con un trabajo a tiempo parcial. Ahora bien, es un nefasto estudiante y trabajador. Casi nunca estudia y frecuentemente no entrega trabajos, como resultado de esto obtiene bajas notas. Como hemos mencionado anteriormente, Howard no se enorgullece de su trabajo Aunque no hace nada contrario a las leyes vigentes, es un padre y marido inatento y desconsiderado. Tampoco hace ningún esfuerzo para participar en la vida de su comunidad, o en la promesa de América. Preferiría quedarse en casa, viendo la televisión y maldiciendo el resto del mundo por sus problemas. Resumiendo, Howard hace todo tipo de cosas malas a su familia, compañeros de trabajo y la sociedad que la ONDCP dice que podrían ser consecuencia del consumo de drogas. Y gran parte de ello es voluntario.

¿Debería el Congreso aprobar leyes en contra de lo que Howard hace? ¿Debería la policía arrestarlo, y el fiscal perseguirlo, por ser un perdedor?

Otra vez, parece absurdo suponer que deberíamos arrestar y encarcelar a alguien por comportarse de estas formas, por indeseables que sean. Ya que el consumo de drogas sólo tiene la posibilidad de causar que uno se comporte de esas formas, es aún más absurdo suponer que deberíamos arrestar y encarcelar a la gente por consumo de drogas en base a que el consumo de drogas tenga esos potenciales efectos.

III. La injusticia de la prohibición de las drogas

El filósofo Douglas Hausak ha calificado la prohibición de las drogas como la mayor injusticia perpetrada en los Estados Unidos desde la esclavitud[10]. Esto no es una exageración. Si las leyes en contra de las drogas son injustas, tenemos a 450.000 personas injustamente encarceladas en cualquier momento dado[11].

¿Por qué pensar que las leyes en contra de las drogas son injustas? El argumento de Husaks invoca un principio con el que pocos podrían estar en desacuerdo: es injusto que el Estado castigue a las personas sin tener buenas razones para hacerlo[12].  Hemos visto al fracaso de las racionalizaciones comúnmente propuestas para la prohibición de las drogas. Si no hay nada mejor, entonces debemos concluir que los prohibicionistas no tiene una justificación racional para castigar a los consumidores de drogas. Hemos privado a cientos de miles de personas de sus libertades básicas y las hemos sujeto a severas y duras condiciones, sin ninguna buena razón.

Esto ya está muy mal. Pero quiero afirmar algo más potente: no es justo que estemos castigando a gente sin una buena razón para ello. Estamos castigando a personas por ejercitar sus derechos naturales. Los individuos tienen derecho a consumir drogas. Este derecho no es ni absoluto ni sin excepciones; suponga, por ejemplo, que existiera una droga que, una vez ingerida, causará que una proporción de usuarios, sin más capacidad de decisión, ataquen a otras personas sin provocación alguna. Creo que evitar que la personas consuman esta droga sería tarea del gobierno. Pero no existe ninguna droga que satisfaga esta descripción[13]. De hecho, aunque no tengo tiempo de entrar en la materia aquí, creo que esta claro que las leyes en contra de las drogas causan mucho más crimen que el que las drogas causan por ellas mismas.

La idea del derecho a consumir drogas deriva de la idea que los individuos son propietarios de sus propios cuerpos. Eso es, una personas tiene el derecho de ejercer control sobre su propio cuerpo –incluyendo el derecho a decidir como debe ser usado, y excluir a otros de usarlo– de forma similar a la que uno puede ejercer control sobre la (otra) propiedad de uno. Esta afirmación es algo vaga; aún así, podemos ver la idea general encarnada en la moralidad de sentido común. Esto explica porqué pensamos que otros no deberían dañarte físicamente o secuestrarte. Esto explica  por qué no aceptamos el uso de sujetos humanos que no consienten para experimentos médicos, incluso si los experimentos son beneficiosos para la sociedad –el resto de la sociedad no debe decidir usar tu propio cuerpo para sus propósitos sin tu permiso. Explica por qué algunos creen que las mujeres tiene un derecho a abortar –y porqué otros no. Los primeros creen que una mujer tiene el derecho a hacer lo que quiera con su propio cuerpo; los últimos creen que el feto es una persona distinta, y una mujer no tiene el derecho a dañar su cuerpo (el del feto). Virtualmente nadie disputa que, si el feto es meramente una parte del cuerpo de la mujer, entonces la mujer tiene el derecho a escoger si aborta o no; igual que virtualmente nadie disputa que, si el feto es una persona distinta, entonces la mujer carece el derecho a destruirlo. Casi nadie disputa que las personas tienen derechos sobre sus cuerpos, pero no sobre los cuerpos de los demás.

El derecho a controlar el propio cuerpo no puede ser interpretado como que implica un derecho a usar el cuerpo de uno de cualquier forma imaginable, al igual que no tenemos el derecho a usar nuestra (otra) propiedad de cualquier forma imaginable. Más importante, no debemos usar nuestros cuerpos para dañar a otros de ciertas formas. Pero el consumo de drogas parece ser un caso paradigmático del ejercicio legítimo del derecho a controlar el propio cuerpo. El consumo de drogas toma efecto en e inmediatamente alrededor del consumidor; los efectos más notables ocurren dentro del cuerpo del consumidor. Si consideramos el consumo de drogas como meramente alterar el cuerpo y mente de su consumidor, es difícil ver como alguien que cree en los derechos puede negar que está protegido por un derecho, por: (a) es difícil ver como nadie que cree en los derechos puede negar que los individuos tienen derechos sobre sus propios cuerpos y mentes, y (b) es difícil ver como nadie que cree en estos derechos podría negar que el consumo de drogas, considerado como meramente altera el cuerpo y mente del consumidor, es un ejemplo del ejercicio de los derechos de uno sobre su propio cuerpo y mente.

Considere dos formas en las que el prohibicionista podría objetar a este argumento. Primero, un prohibicionista podría argumentar que el consumo de drogas no altera meramente el  cuerpo y mente del propio usuario, pero también perjudica a la familia del consumidor, amigos, compañeros de trabajo, y sociedad. He respondido a este tipo de argumento en la sección II.  No toda forma en la que una acción puede decirse que ‘daña’ a otras personas hace a la acción merecedora de sanciones criminales. Aquí no necesitamos especificar un criterio general de qué tipos de daños hacen a una acción merecedora de criminalización; es suficiente  mencionar que hay algunos tipos de ‘daños’ que virtualmente nadie cree que justifiquen sanciones criminales, y estos incluyen los ‘daños’ que causo a otras personas por ser un mal estudiante, un trabajador incompetente, o un ciudadano apático[14]. Dicho esto, estoy de acuerdo con los prohibicionistas como mínimo hasta aquí: no se debería permitir a nadie conducir u operar maquinaria pesada bajo la influencia de drogas que menoscaben su habilidad para hacer esas cosas; ni se debería permitir ingerir drogas a las madres embarazadas, si se puede demostrar que esas drogas causan riesgos sustanciales a sus bebés (dejo de lado la cuestión de cuál debería ser el umbral de riesgo, al igual que las preguntas empíricas que conciernen el nivel de riesgo creado por las drogas ilegales – no conozco estas cosas). Pero, en la gran mayoría de casos, el consumo de drogas no daña a nadie de forma relevante –esto es, formas que normalmente tomaríamos como que perecen sanciones criminales– y no debería ilegalizarse.

Segundo, un prohibicionista podría argumentar que el consumo de drogas fracasa en cualificarse como un ejercicio de los derechos del consumidor sobre su propio cuerpo, ya que el individuo no está actuando de forma realmente libre a la hora de decidir si consume drogas. Puede que los individuos solo consuman drogas ya que han caído presos de algún tipo de coacción psicológica, ya que las drogas ejercen una atracción cual canto de sirena que distorsiona las percepciones de sus usuarios, por lo que los consumidores no se dan cuenta  de lo malas que son las drogas, o algo por el estilo. La forma de exacta de esta objeción no importa; en cualquier caso, el prohibicionista se enfrenta a un dilema. Si los consumidores no escogen libremente usar drogas, es injusto castigarles por usar drogas. Ya que si los usuarios no escogen libremente, entonces no son moralmente responsables de su decisión y es injusto castigar a una persona por hacer algo de lo que no es responsable. Pero si los usuarios escogen libremente  consumir drogas, entonces esta decisión es un ejercicio de sus derechos sobre sus propios cuerpos.

He intentado pensar en los mejores argumentos que podrían dar los prohibicionistas, pero de hecho los prohibicionistas se han mantenido misteriosamente silenciosos en esta cuestión. Cuando un país va a la guerra, se tiende a centrar en cómo ganar, dedicando escasa consideración por los derechos de las víctimas en el país enemigo. Similarmente, un efecto de que América declarara la “guerra” a los consumidores de drogas parece haber sido que los prohibicionistas casi no han reflexionado sobre los derechos de los consumidores de drogas. La gran mayoría ignoran la cuestión o la mencionan brevemente solo para descartarla sin argumento alguno[15]. En un intento de desacreditar a los legalizadores, la Office of National Drug Control Policy produjo la siguiente caricatura–

El fácil cinismo que ha crecido alrededor de la cuestión de las drogas no es un accidente. Sembrarlo ha sido el objetivo deliberado de una campaña durante décadas por los defensores de la legalización, críticos cuyo mantra es ‘nada funciona’ y cuya perspicacia parece ser que pueden evitar proponer lo inmencionable –un mundo donde las drogas sean omnipresentes y donde la adicción se dispararía– si se pueden esconder bajo la débil crítica de que los esfuerzos para controlar las drogas son ‘impracticables’.

— aparentemente negando la existencia de las cuestiones centrales que he analizado en este escrito. Parece razonable asumir que estos prohibicionistas no presentan una justificación para el derecho del Estado a intervenir por la fuerza con las decisiones de los individuos respecto a sus propios cuerpos.

IV. Conclusión

Sin dudas, la guerra en contra de las drogas ha sido desastrosa en muchos aspectos que otros pueden describir más detalladamente –en términos de sus efectos sobre el crimen, sobre la corrupción policial, y otras libertades civiles, por nombrar unos pocos. Pero más que esto, la guerra contra las drogas en esencia es moralmente indignante. Si tuviéramos que conservar algún tipo de respeto para los derechos humanos, no podemos hacer uso de la fuerza para privar a las personas de su libertad y propiedad por razones caprichosas. El ejercicio de esa coacción requiere una potente y clara razón. Muchas de las razones que se han propuesto en el caso de la prohibición de las drogas serían consideradas débiles si se presentaran en otros contextos. Pocos se tomarían seriamente la sugerencia que las personas deberían ser encarceladas por dañar su propia salud, ser malos estudiantes, o no compartir el sueño Americano. Es aún menos creíble que deberíamos encarcelar a las personas por una actividad que solo puede que lleve a esas consecuencias. Aun así, estos y similares débiles argumentos forman el núcleo de la defensa de la prohibición.

Los prohibicionistas, de forma similar, no son capaces de responder el argumento que los individuos tienen derecho a consumir drogas. Cualquier respuesta tendría que negar o que las personas tienen derecho a controlar sus propios cuerpos, o que consumir drogas constituye un ejercicio de esos derechos. Hemos visto que algunos tipos de daños que el consumo de drogas supuestamente causa a la sociedad no pueden construir el caso en contra de que sea un legítimo ejercicio de los derechos del consumidor sobre su propio cuerpo. Y la afirmación de que los consumidores de drogas no pueden controlar su comportamiento o no saben lo que hacen aún hace más misterioso el por qué uno debería creer que los consumidores de drogas merecen ser castigados por aquello que hacen.

Voy a terminar respondiendo a una cuestión planteada por el defensor de la prohibición James Inciardi:

El gobierno de los Estados Unidos no va a legalizar las drogas en un futuro próximo, si es que alguna vez lo hace, y ciertamente no en este siglo [XX]. De forma que, ¿para qué dedicar tanto tiempo, gastos, y esfuerzo intelectual y emocional en una misión quijotesca? — [Nosotros] deberíamos saber que por ahora ni los políticos ni la comunidad política responden positivamente a alteraciones abruptas y drásticas de su estratégia[16].

Los Estados Unidos actualmente tienen a 450.000 personas injustamente encarceladas. Inicardi puede que, por trágico que sea, esté en lo correcto de que nuestro gobierno no tiene la intención de dejar de cometer esas violaciones masivas de los derechos de las personas en el corto plazo. Aún así, permanece el deber de los ciudadanos y los teóricos políticos y sociales de identificar la injusticia, y no consentir tácitamente a esta. Imagine un defensor de la esclavitud, décadas antes de la Guerra Civil, argumentando que los abolicionistas estaban desperdiciando su tiempo y deberían pasar a hacer actividades más productivas –como argumentar a favor de cambios incrementales en la forma en la que  se trataban los esclavos– ya que los Estados sureños no tenían ninguna intención de acabar con el esclavismo en un futuro próximo. La institución de la esclavitud es una mancha en la historia de nuestra nación, pero sería aún más vergonzoso si nadie en su tiempo se hubiera posicionado abiertamente en contra de ello.

¿Es esta comparación exagerada? Creo que no. El daño de ser injustamente encarcelado es cualitativamente comparable (aunque normalmente termina antes) al daño de ser esclavizado. La creciente popular estereotipación y uso de los consumidores y vendedores de drogas como chivo expiatorio por parte de los líderes de nuestra nación, es comparable a los prejuicios raciales de previas generaciones. Aún así muy pocos parecen dispuestos a hablar de parte de los consumidores de drogas. Puede que la reticencia de aquellos en la vida pública a defender los derechos de los consumidores de drogas proviene de la imagen negativa que tenemos de los consumidores de drogas y el miedo a ser asociados con ellos. Aún así estas actitudes permanecen siendo descorcentantes. Yo mismo he consumido drogas ilegales. Conozco muchos individuos decentes y exitosos, tanto dentro como fuera de mi profesión, que han consumido drogas ilegales. Un Presidente de los Estados Unidos, un Vicepresidente, un Presidente de la Cámara y un juez de la Corte Suprema han admitido haber consumido drogas ilegales[17]. Más de un tercio de todos los Americanos de más de 11 años han consumido drogas ilegales[18]. Pero dejemos de lado el disparate de recomendar sanciones criminales para todas estas personas. Mi punto es: si estamos convencidos de la injusticia de la prohibición de las drogas, entonces –incluso si nuestras protestas terminan cayendo en saco roto– no podemos permanecer callados delante de esta injusticia a gran escala en nuestro propio país. Y, afortunadamente, han ocurrido reformas sociales radicales, más de una vez en nuestra historia, en respuesta a argumentos morales.


Notas

[1] Husak ([b], pp. 7, 101-3) hace este mismo tipo de argumento (he añadido mis propios ejemplos de actividades perjudiciales a su lista).

[2] ONDCP [b]. La estadística incluye ambas drogas legales (de prescripción) y ilegales.

[3] CDC [a], p. 300.

[4] Iniciardi (1993, pp. 161, 165) hace esta observación, acusando a los legalizadores de ‘sofismo’. Aún así, no entra en calcular el número de muertes por consumidor.

[5] Basado en asumir 29,9 millones de fumadores en 1999 y 7 millones de consumidores de drogas ilícitas (U.S. Census Bureay [a], p. 122. Aún así, estas cifras pueden estar; CDC ([a], p. 303) informa de 46,5 millones de fumadores en el mismo año, basado en otra encuesta diferente.

[6] Basado en la premisa de 240.000 muertes prematuras causadas por la obesidad en 1991 (Allison, et al.) un incremento del 61% en la prevalencia de la obesidad entre 1991 y 2000 (CDC [b]), y un incremento del 9% en la población entre 1991 y 2000 (U.S: Census Bureau [b], p-8), y 38,8 millones de Americanos obesos en 2000 (CDC [c]). Estas cifras también pueden estar ligeramente desviada –diferentes fuentes dan diferentes estimaciones por cada una de esas cantidades.

[7] Ver Inciardi, pp. 167, 172.

[8] Wilson, p.26.

[9] ONDCP [A], PP. 1-2.

[10] Hunsak [b], p.2.

[11] Basado en 73.389 presos por drogas en prisiones federales en 2000 (U.S. DOJ [b], p-14), 251.000 presos por drogas en prisiones estatales en 2000 (U.S. DOJ [b], p.13), y 137.000 presos por drogas en cárceles locales. La última estadística está basada en la población de presos del 2000, 621.149 (U.S. DOJ [b], p.2) y la tasa de 1996 de un 22% de delincuentes por drogas en cárceles locales (U.S. DOJ [a], p.1). Los números probablemente hayan incrementado en los últimos 3 años.

[12] Husak [b], p. 15. Ver su capítulo 2 por un extenso análisis de diversas racionalizaciones para la prohibición de las drogas, incluyendo muchas otras cuestiones de las que no dispongo el espacio para tratar aquí.

[13] No, la droga ‘canibal’ no es un caso así: http://vozpopuli.com/actualidad/46353-desmontando-el-mito-de-la-droga-canibal-vuelve-locos-a-los-periodistas-no-a-los-consumidores

[14] Husak ([a], pp- 166-8), de forma similar, argumenta que nadie tiene el derecho que sea un buen vecino, un estudiante excelente, y demás, y que solo los ‘daños’ que violan derechos pueden justificar sanciones criminales.

[15] Ver Inicardi para una instancia de ignorar la cuestión y Lungren (p-180) como instancia de descargar la cuestión sin argumento. Wilson (p.24) aborda esta cuestión, como mucho, a través de argumentar que el consumo de drogas nos hace peores padres, esposos, empleadores y compañeros de trabajo. Esto fracasa en refutar la afirmación de que los individuos tienen derecho a consumir drogas.

[16] Iniciardi, p. 205

[17] Bill Clinton, al Gore, Newt Gingrich y Clarence Thomas (informado por Phinney). George W. Bush ha rechazado afirmar si alguna vez ha consumido drogas ilegales.

[18] U.S. Census Bureau [a], p. 122.


Referencias

Allison, David B., et al. “Annual Deaths Attributable to Obesity in the United States.”Journal of the American Medical Associationvol. 282 no. 16 (1999): 1530-38.

Centers for Disease Control (CDC) [a]. “Annual Smoking-Attributable Mortality, Years of Potential Life Lost, and Economic Costs—United States, 1995-1999.”Morbidity and Mortality Weekly Report51 (2002): 300-303. http://www.cdc.gov/mmwr/PDF/wk/mm5114.pdf

CDC [b]. “Prevalence of Obesity Among U.S. Adults, by Characteristics.” http://www.cdc.gov/nccdphp/dnpa/obesity/trend/prev_char.htm

CDC [c]. “Overweight and Obesity: Frequently Asked Questions.” http://www.cdc.gov/nccdphp/dnpa/obesity/faq.htm

Husak, Douglas [a].Drugs and Rights(Cambridge University Press, 1992).

Husak, Douglas [b].Legalize This! The Case for Decriminalizing Drugs(London: Verso, 2002).

Inciardi, James A. “Against Legalization of Drugs” in Arnold Trebach and James Inciardi,Legalize It? Debating American Drug Policy (Washington, D.C.: American University Press, 1993).

Lungren, Daniel. “Legalization Would Be a Mistake” in Timothy Lynch, ed., After Prohibition (Washington, D.C.: Cato Institute, 2000).

Office of National Drug Control Policy (ONDCP) [a]. National Drug Control Strategy 2002(Washington, D.C.: Government Printing Office). http://www.whitehousedrugpolicy.gov/publications/policy/03ndcs/

ONDCP [b]. “Drug Use Consequences.” http://www.whitehousedrugpolicy.gov/publications/policy/03ndcs/table19.html

Phinney, David. “Dodging the Drug Question.” ABCNews.com, Aug. 19, 1999.

Trebach, Arnold S. “For Legalization of Drugs” in Arnold Trebach and James Inciardi, Legalize It? Debating American Drug Policy(Washington, D.C.: American University Press, 1993).

U.S. Census Bureau [a].Statistical Abstract of the United States 2001 (Washington, D.C.: Government Printing Office).

U.S. Census Bureau [b]. “Resident Population Estimates of the United States by Sex, Race, and Hispanic Origin.” (2001) http://www.census.gov/population/estimates/nation/intfile3-1.txt

Wilson, James Q. “Against the Legalization of Drugs.”Commentary89 (1990): 21-8.

U.S. Department of Justice (DOJ) [a]. “Profile of Jail Inmates 1996.” (Washington, D.C.: Government Printing Office, 1998). http://www.ojp.usdoj.gov/bjs/pub/pdf/pji96.pdf

U.S. DOJ [b]. “Prisoners in 2001.” (Washington, D.C.: Government Printing Office, 2002). http://www.ojp.usdoj.gov/bjs/pub/pdf/p01.pdf

Brace yourselves, Huemer is coming (II)

Tenemos la gran suerte de que Juan Ramón Rallo, economista y liberal, decidiò empezar una série de videos resumiendo la primera parte del libro «El problema de la autoridad política«, del filósofo Michael Huemer. Hoy ha sacado el segundo vídeo.

Aquellos que sigan este blog, sabrán que uno de los proyectos abiertos que tenemos es la traducción de este mismo libro que Rallo resume en sus vídeos, así que estos videos resultan un material complementario excelente. La traducción de la parte de libro que corresponde al primer vídeo de Rallo puede encontrarse aquí.

Para este vídeo, recomendaría con creces que el lector se lea primero el texto original, ya que en algunas partes del vídeo encuentro carencias o falta de mayor exposición de ciertas ideas, pero también encuentro formas novedosas de presentar otras de ideas del libro. Pondría énfasis en leer la crítica de que el Estado respete a la primera condición para el consentimiento explícito, que se puede encontrar en la Sección 2.5.1. ya que la «circularidad» del argumento que menciona Rallo, es realmente la de un argumento usado como respuesta a la crítica a la legitimidad del derecho de propiedad del territorio nacional por parte del Estado (el Estado es propietario del territorio ya que ha hecho una ley que así lo dice) y no algo que aplique en general al ‘si no te gusta vete‘. Lo bueno del vídeo es que podemos encontrar ideas interesantes sobre la cuarta condición de los acuerdos válidos que presenta Huemer, la de la ausencia de obligación mútua. Rallo se pregunta si el Estado realmente puede tener alguna obligación hacia el ciudadano. Si el Estado reclama autoridad (suprema), cosa que le permite decidir si cumple o no sus obligaciones a su antojo, entonces, ¿qué obligación realmente tiene? De esta forma, Rallo intenta generalizar una crítica (no esencial en la tesis) que Huemer solo aplica a EE.UU,  basándose en ciertos casos judiciales que podrían tomarse como que el Estado anuncia que reniega de sus «obligaciones».

El Problema de la Autoridad Política: Capítulo 5

Esta entrada forma parte de una serie de entradas en las que se hace una traducción amateur de la Parte I del libro The Problem of Political Authority: An Examination of the Right to Coerce and the Duty to Obey del filósofo Michael Humer. Todo el material traducido hasta la fecha se puede encontrar en la parte correspondiente de Proyectos. Cualquier corrección es bienvenida. Si están interesados en el libro, no duden en comprarlo y así apoyar al autor.

IMPORTANTE: En la literatura hay algunos argumentos (de Sunstein, Holmes, Nagel, etc) que puede que intenten esquivar parte de los argumentos de Huemer haciendo énfasis en la interrelación de la existencia de la propiedad privada y el marco legal actual, el cual el Estado parcialmente ‘crea’ y vela por su cumplimiento. Huemer ya comenta más adelante en su obra que sus argumentos no dependen de una teoría de la propiedad pero también responde a estos argumentos en ‘Is Wealth Reditribution a Rights Violation?


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Consecuencialismo y Equidad

5.1 Argumentos consecuencialistas a favor de la obligación política

5.1.1 La estructura de los argumentos consecuencialistas a favor de la obligación política

Los argumentos más simples a favor de la autoridad política son los consecuencialistas. Por ‘argumentos consecuencialistas a favor de la autoridad’, me refiero a argumentos que adscriben peso moral a la bondad o maldad de las consecuencias de una acción y que apelan directamente a ese factor en intentar derivar la obligación y legitimidad política.1 En esta sección me centro en los argumentos a favor de la obligación política.

Estos argumentos proceden en dos etapas. Primero, uno argumenta que hay valores muy importantes garantizados por el gobierno y que no podrían ser garantizados sin el gobierno. Segundo, uno argumenta que este hecho impone en los individuos una obligación a obedecer el Estado, en base a que (a) tenemos un deber de promover esos valores abordados en la primera etapa del argumento o como mínimo no debemos socavarlos, y (b) la obediencia de la ley es la mejor forma de promover esos valores y la desobediencia es una forma de socavarlos.

5.1.2 Los beneficios del gobierno

Se han atribuido muchos beneficios al gobierno, pero hay tres que son particularmente importantes. El primer gran bien atribuido al gobierno es el de la protección de crímenes cometidos por individuos contra otros individuos, especialmente crímenes violentos y delitos contra la propiedad. El gobierno provee de este beneficio al asignar castigos a actos injustos – asesinato, robo, violación y demás – que los individuos cometen unos contra otros. Sin el gobierno, mucha gente cree que este tipo de acciones injustas y dañinas serían mucho más comunes de lo que son. Aquellos que son más pesimistas sobre la naturaleza humana temen que la sociedad sería reducida a un estado barbárico de constante guerra de todos contra todos.2 Hay dos cuestiones estrechamente relacionadas. Uno es que el gobierno incrementa el bienestar social general a través de prevenir que pasen ciertas cosas malas. La otra es que el gobierno promueve la justicia a través de reducir el número de actos injustos que ocurren.3

El segundo mayor beneficio atribuido al gobierno es la provisión de una serie de normas de conducta social detalladas, precisas y públicas que aplican uniformemente a través de la sociedad. ¿Porque necesitamos el gobierno para proveer estas normas? Hay principios naturales de justicia que preceden el Estado y que los individuos pueden apreciar intuitivamente. Aún así, estos principios naturales son vagos y generales, y no proveen suficiente guía para la vida social moderna. Por ejemplo, ¿es éticamente permisible emitir contaminantes en el aire, digamos que desde el propio automóvil, o esto viola los derechos de aquellos que inhalan los contaminantes? Es plausible que uno pueda liberar ciertos niveles y tipos de contaminación pero no niveles excesivos o de contaminantes excesivamente tóxicos. ¿Pero exactamente cuánta contaminación puede uno emitir y de qué tipos? No es creíble que los principios naturales de justicia determinen respuestas únicas a todo este tipo de preguntas ni, si lo hacen, los individuos las aprecien de forma fiable a través de la reflexión. A pesar de esto, necesitamos respuestas aceptadas a estas cuestiones para que las personas puedan coordinarse y para tener relaciones predecibles y pacíficas unos con otros. Un gobierno, algunos argumentan, es la única fuente fiable de este conjunto de normas generalmente aceptadas.4

Un tercer destacado beneficio proveído por el gobierno es el de la defensa militar. Sin un medio de defensa militar, parece, seríamos presa fácil para países extranjeros que buscan esclavizarlos o robar nuestros recursos. Dado el poder militar de los gobiernos alrededor del mundo, una defensa efectiva de un territorio parece requerir de un ejército organizado con tecnología militar moderna. La única forma de contar con tal ejército parece ser la de tener nuestro propio gobierno.

En la Parte II de este libro, desafio la extendida asunción que el gobierno es necesario para proveer estos beneficios. Aún así, en este capítulo voy a conceder la premisa como hipótesis. Mantengo que, incluso con esta concesión, uno no puede derivar autoridad política tal y como es comúnmente entendida.

5.1.3. El deber de hacer bien

Los argumentos consecuencialistas a favor de la obligación política afirman que las personas tiene un deber de promover cierto valor o valores; por ejemplo, un deber de promover la justicia, de promover la utilidad, o de ayudar en rescatar a otros del peligro.5 El deber no necesita entenderse como absoluto o incondicional; bien puede ser que el deber prevalece sólo cuando hay la amenaza de un gran daño o gran injusticia, y bien puede ser que incluso en esas condiciones, el deber pueda ser anulado por razones contrarias suficientemente fuertes. Esto es consistente con la noción de que el deber a obedecer la ley solo necesita ser un deber prima facie.

Tome el caso en el que te encuentras un niño ahogándose en un estanque poco profundo: fácilmente podrías entrar en el estanque y salvar el niño, aunque entrar implicaría ensuciar tu ropa y perderte una clase.6 Casi todo el mundo está de acuerdo que en esta situación, estás moralmente obligado a ayudar al niño. Podríamos poner reparos en circunstancias más demandantes – si el niño se estuviera ahogando en el océano y tu tuvieras que poner tu vida en riesgo para salvar al niño, entonces no estarías obligado a hacerlo. En estas situaciones es apropiado poner la vida de uno mismo por encima de la de un desconocido. Pero cuando algún gran mal amenaza otra persona y puedes prevenirlo a un mínimo coste, estaría mal no hacerlo.

Hay algunos que desafiarían esta modesta afirmación ética, apelando a una forma extrema de individualismo.7 No tomo esa vía. Busco basarme en posturas morales ampliamente compartidas de sentido común, las cuales tomo que incluyen el modesto principio de un deber de hacer bien descrito en el parágrafo anterior.

Los que plantean argumentos consecuencialistas a favor de la obligación política, argumentan que una obediencia general hacia la ley es necesaria para el funcionamiento del Estado. Si demasiados ciudadanos desobedecen, el Estado colapsará, y sus enormes beneficios desaparecerían.8 Es más, argumentan, que los costes de la obediencia, aunque significativos, son razonables a la vista de los beneficios, ya que la mayoría de las personas reciben sustancialmente mayores beneficios que costes del Estado.9 En consecuencia, un principio moderado de un deber de hacer bien lleva a la conclusión de que estamos generalmente atados a obedecer la ley . O esto argumentan algunos.

5.1.4. El problema de la redundancia individual

Puede ser cierto que a obediencia general de la ley es un requisito para que el gobierno provea los beneficios que provee. Pero no es cierto que cada ley debe ser generalmente obedecida; hay muchas leyes que son rutinariamente evadidas sin que el gobierno colapse como consecuencia de ello. Tampoco es cierto para ningún individuo que la obediencia de ese individuo sea necesaria para que el gobierno provea de los beneficios que provee. Es plausible que haya cierto nivel de desobediencia que causaría un colapso gubernamental. Pero mientras estemos lejos de ese nivel,  cualquier individuo puede desobedecer sin consecuencias para la supervivencia del gobierno.

Por supuesto, hay algunas leyes que deberías obedecer por razones morales independientes. Por ejemplo, no deberías robar a otras personas. Esto no es porque al hacerlo puede que derrumbes el gobierno. Es porque robar a otras personas sería una injusticia hacia a las personas específicamente robadas. Esto no es un ejemplo de obligación política; es simplemente un ejemplo de una obligación moral general hacia otras personas. Muchas leyes corresponden de forma similar a convincentes principios morales independientes. Para defender la obligación política, uno debe argumentar de que hay una obligación con independencia del contenido de obedecer la ley por el hecho de ser la ley (Sección 1.5) – eso es, que uno incluso debe obedecer leyes que no corresponden a principios morales independientes.

Retomemos el caso del niño ahogándose en un estanque poco profundo (Sección 5.1.3) . Pero esta vez, suponga que hay otras tres personas cerca preparadas para salvar el niño. Ellos no necesitan ayuda: no hay peligro de que el niño se ahogue o sufra severos daños si no le asistes. Es más, los otros van a entrar al estanque y ensuciar sus prendas tanto si entras o no en el charco. ¿En este caso debes entrar a salvar el niño? Hacerlo simplemente implicaría asumir costes sin ningún beneficio añadido a nadie. Tu deseo de evitar ensuciar tus prendas o perderte una clase ciertamente no justificarían dejar que un niño se ahogara. ¿Pero no justificaría dejar que el niño sea salvado por otros en vez de parcialmente por ti?

En el caso del ciudadano decidiendo si obedecer la ley es más análogo a la última versión del niño que se ahoga que a la versión original: mientras que el funcionamiento del gobierno requiere obediencia, ya hay suficientes personas obedeciendo la ley de forma que el gobierno no está en riesgo de colapsar si desobedeces. Estas otras personas van a continuar a obedecer tanto si obedeces como si no. En esta situación, tu propia obediencia es tan redundante como la del extra salvador entrando en el pozo cuando ya hay tres salvadores en vías de rescatar el niño.

5.2 Consecuencialismo de la regla

Afirmo que uno puede violar la ley cuando la ley cuando lo que la ley manda no es requerido por razones morales independientes y no va a resultar en serias consecuencias negativas. Este tipo de sugerencia es comúnmente respuesta con el desafío: ‘Y si todo el mundo hiciera esto?’ Esta pregunta intenta sugerir un argumento moral en contra de este tipo de comportamiento, pero el contenido preciso del argumento no es obvio. No parece ser una simple apelación consecuencialista – la sugerencia no es que, en violar la ley, es probable que uno induzca a todos a hacer lo mismo (cualquiera que exactamente cuente por ‘lo mismo’). Más bien, parece sugerir que el hecho que estaría mal si todo el mundo lo hiciera, es por sí mismo una fuerte razón para no hacer esa cosa. Esta idea está estrechamente relacionada con la del consecuencialismo de la regla en ética. El consecuencialismo de la regla mantiene que, en vez de siempre escoger aquella acción particular que va a producir las mayores consecuencias dadas las presentes circunstancias, uno debería actuar de acorde a reglas generales y uno debería escoger esas reglas que, si fueran generalmente adoptadas, tendrán las mejores consecuencias.10

En algunos casos, esta idea es plausible. Considere el caso del césped recién plantado en el campus de una universidad. Los estudiantes y profesores están tentados a tomar atajos a través del césped mientras se desplazan de edificio a edificio. Una persona tomando un atajo por el césped no va a tener ningún efecto visible. Pero si todo el mundo lo hace, el inmaculado césped va a ser estropeado por un sendero de pisadas a través de este. Asuma que la pérdida de valor estético a causa del sendero supera el beneficio total que provee en términos del tiempo ahorrado. En esta situación, muchos encontrarán plausible que uno no debería ir a través del césped. Esto parece ser una ilustración del principio ‘¿Y si todo el mundo hiciera esto?’, el principio que uno no debe hacer aquello que estaría mal si fuera generalmente adoptado.

Pero en otros casos, el principio parece absurdo. Suponga que decido ser un filósofo profesional. Esto parece permisible. ¿Pero y si todos hicieran esto? Todo el mundo filosofaría todo el día, y todos moriríamos de inanición. Es de suponer que esto no muestra que de hecho está moralmente mal ser un filósofo profesional. De hecho, no todos moriríamos de inanición, porque todos los granjeros no van a ser filósofos por el hecho de que yo decida serlo. En este caso, ‘¿Qué pasaría si todo el mundo hiciera lo que yo hago?’ parece irrelevante.

Uno puede intentar salvar el consecuencialismo de la regla de esta crítica a través de tomar una interpretación más laxa de la ‘regla’ bajo la que actúo. Puede que, cuando decido ser un filósofo, no estoy actuando de acorde con la regla ‘Sé un filósofo’ sino bajo otra regla más compleja, como ‘Sé un filósofo, provisto de que haya suficientes personas en otras profesiones para que tu decisión no tenga serias consecuencias negativas’. Si todo el mundo actuara en base a esas reglas, entonces no todos moriríamos de inanición.

Pero tal y como afirmo seguir la regla ‘Sé un filósofo, provisto de que haya suficientes personas en otras profesiones para que tu decisión no tenga serias consecuencias negativas’, los individuos que deciden violar la ley podrían afirmar seguir alguna norma como ‘Viola la ley cuando lo que la ley manda no es requerido por principios morales independientes, provisto que no hay demasiadas personas violando la ley’ o ‘… provisto que el hecho de que lo haga no tiene serias consecuencias negativas.’ El provisto añadido al final de la regla es perfectamente paralelo al provisto añadido a la regla ‘Sé un filósofo’, de forma que cualquier razonamiento que nos permita incluir este último provisto ciertamente da licencia a la inclusión del anterior. Parece que, entonces, el consecuencialismo de la regla sólo es defendible si no da soporte a una defensa general de la obligación política.

5.3 Equidad

NOTA DEL TRADUCTOR: Una de las obras de Rawls tiene por nombre ‘Justice as Fairness’ que ha sido traducido al castellano como ‘Justicia como equidad’ y la traducción común al castellano de fairness es justicia, cuando realmente hacen referencia a conceptos diferentes, por lo que se usará en esta traducción, según lo que se crea más apropiado, ‘justicia’ o ‘equidad’ a discreción del traductor. Esto aplica a toda la traducción, pero en este apartado esto es especialmente problemático.

5.3.1 La teoría de la equidad de la obligación política

Otra explicación mantiene que uno debe obedecer la ley ya que desobedecer es injusto hacia el resto de los miembros de la sociedad, que por lo general obedecen.11 Me voy a referir a este tipo de obligación como la obligación de ‘jugar limpio’.

El argumento no es consecuencialista –  la afirmación no es que la desobediencia va a causar consecuencias dañinas. Aún así, es fácil pasar de las teorías consecuencialistas a la teoría de la equidad. Una vez nos damos cuenta que la desobediencia individual no tiene consecuencias adversas, es natural pasar al consecuencialismo de la regla, apelando a las consecuencias de la desobediencia general. Pero nos encontramos muchos casos, como el de una persona decidiendo si ser un filósofo académico, en el que no hay nada de malo con hacer algo que sería extremadamente desastroso si todo el mundo lo hiciera. Debemos explicar qué diferencia los casos en los que parece mal realizar una acción que estaría mal si todo el mundo la hiciera de lo que los casos en los que parece perfectamente correcto realizar esta acción. La teoría de la equidad ofrece una respuesta atractiva a esta cuestión: es una cuestión de si la acción trata a los otros injustamente.

No hay nada injusto en ser un filósofo, a pesar de que estaría mal si todo el mundo lo hiciera. Al ser un filósofo, yo no, por ejemplo, incremento la carga sobre los miembros de otras profesiones. Al contrario, los miembros de otras profesiones prefieren menor competencia y por lo tanto prefieren que solo unos pocos ingresen en su profesión.

Contraste el siguiente escenario. Estás en un bote salvavidas con otras personas. Os alcanza una tormenta, y está entrando agua en el bote, que necesita ser sacada fuera del bote. El resto de pasajeros cogen cubos y empiezan a sacar el agua. Los esfuerzos del resto de pasajeros son claramente suficientes para mantener el bote a flote; en consecuencia, no hay graves consecuencias negativas si rehúsas a sacar agua. Aún así parece obvio que deberías ayudar a sacar agua del bote. Intuitivamente, parecería injusto dejar que el resto haga todo el trabajo.

¿Por qué es esto injusto? Las características importantes de la situación parecen ser las siguientes:

i) Hay un gran bien siendo producido por las acciones de otros – en este caso, el bote se mantiene a flote. En contraste, si el resto estuvieran haciendo algo dañino (digamos que echan agua dentro del bote), inútil (digamos que, rezan a Poseidón), o de valor meramente trivial (digamos que, se entretienen unos a otros contando historias), entonces no estarías obligado a ayudar.

ii) El resto asume el coste causalmente necesario para la producción del bien. En este caso, el coste del esfuerzo involucrado en sacar agua del bote.

iii) Recibes una porción equitativa del beneficio producido. En este caso, evitas ahogarte.12

iv) Tu participación al arreglo cooperativo causalmente contribuiría a la producción del bien.

v) Los costes de tu participación son razonables y no son significativamente mayores que los costes llevados a cabo por el resto.

vi) Tu participación no interferiría con algo más importante que tuvieras que hacer. Por ejemplo, suponga que en vez de sacar agua del bote, decides atar los víveres al bote para prevenir que caigan por la borda. Asuma que esto es más importante que ayudar a sacar agua del bote. En este caso, no es injusto abstenerse de ayudar a sacar agua.

Cuando se satisfacen estas seis condiciones, es injusto negarse a contribuir a la producción del bien.

Los que abogan por la Justificación por Juego Limpio argumentan que desobedecer la ley es tratar a los miembros de la sociedad de uno injustamente. El gobierno produce beneficios significativos. El resto de miembros de la sociedad, a través de pagar impuestos y obedecer la ley, han cargado con los costes requeridos para proveer estos beneficios.  Todos nosotros compartimos como mínimo algunos de los beneficios del gobierno y la mayoría recibe una parte equitativa de estos beneficios. Cada uno de nosotros contribuye causalmente a proveer estos beneficios a través de pagar impuestos y obedecer las leyes. El coste es significativo, pero típicamente es comparable a los costes con los que cargan otros, y es razonable en vista de los beneficios. Es por esto, que sería injusto no hacer nuestra parte en dar soporte al gobierno a través de pagar impuestos y por lo general obedecer la ley.

5.3.2 La obediencia como el coste de los bienes políticos

En situaciones en las que una obligación al juego limpio existe, uno no está típicamente obligado a hacer cualquier cosa que el resto de participantes al arreglo cooperativo le ordenen que tiene que hacer simplemente por el hecho de que se lo ordenen. En el caso de sacar agua del bote, suponga que uno del resto de cooperantes le ordena que le haga un sandwich. No estás moralmente obligado a hacer esto. Lo que estás obligado a hacer es a sólo contribuir causalmente a proveer los beneficios, no prestar obediencia general o lealtad hacia alguien.

¿Cómo es, entonces, que la noción de equidad se supone que genera obligaciones políticas? El argumento es que, en este caso en particular, la obediencia hacia la ley constituye cargar con parte del coste de proveer los beneficios del arreglo cooperativo. Como hemos comentado anteriormente (Sección 5.1.2), los beneficios centrales del gobierno incluyen la protección de injusticias cometidas por criminales privados o gobiernos extranjeros y la provisión de normas predecibles para la cooperación social. Así que el argumento debe ser que la obediencia a la ley contribuye a proveer estos beneficios.

En el caso de algunas leyes, es muy plausible que la obediencia contribuya a la provisión de estos beneficios y en consecuencia cuenta como cargar con parte de los costes de su provisión. Considere las leyes en contra del asesinato y robo.  Al obedecer estas leyes, directamente contribuyo al bien de la seguridad de otros miembros de mi sociedad. Pero esto obviamente no ejemplifica la obligación política, ya que tengo una obligación independiente de la ley de respetar los derechos de otros. No está claro que la existencia de una ley en contra del asesinato incrementa mi obligación moral a no cometer asesinato ni incrementa la injusticia involucrada en asesinar a alguien.

Las leyes tributarias proveen de un ejemplo más creíble. Aquí está muy claro como la obediencia contribuye a la provisión de los beneficios gubernamentales: la recaudación impositiva de uno va a ser usada para contratar a jueces, policías, soldados y demás. Así que al pagar impuestos, uno carga con su parte en proveer los beneficios del gobierno. Esto es una instancia de obligación política, ya que uno no estaría obligado a pagar este dinero si las leyes tributarias no existieran.

Otras leyes son más problemáticas. Para tomar un ejemplo, en los Estados Unidos y muchos otros países, es ilegal fumar marihuana. ¿De qué forma la obediencia a esta ley constituye cargar con parte de los costes de proveer protección de gobiernos extranjeros o criminales domésticos? ¿Cómo puede uno, a través de abstenerse de fumar marihuana, causalmente contribuir a la seguridad de la sociedad de uno? Este no es un caso trivial o periférico. El cumplimiento de la leyes sobre las drogas constituye una gran porción del trabajo las fuerzas policiales en los Estados Unidos, donde los delincuentes por temas relacionados con las drogas explican alrededor del 25% de presos en cárceles locales, 20% de presos en cárceles estatales y 52% de presos en cárceles federales.13 En fecha de escribir este texto, más de medio millón de Americanos están presos por cargos relacionados con drogas.14

Este no es un ejemplo aislado. Muchas otras leyes generan cuestiones similares. En los Estados Unidos, es ilegal dar asesoría legal sin admisión al Colegio de Abogados (incluso si explícitamente informas a quien das consejo que no has sido admitido y de todos modos quieren tu consejo). Es ilegal comprar una hora de trabajo por menos de 7,25$. O comprar sexo por cualquier cantidad de dinero. O vender alimentos envasados sin enumerar el número de calorías que contiene en el envase. O montar una empresa privada que entrega correo a los buzones individuales. Es ilegal  vender stevia como aditivo alimenticio, aunque es legal venderlo como ‘suplemento dietético’. Y mucho más. Estas son unas de las pocas cientos de miles de restricciones legales que se encuentran en vigor en los EE.UU.

En todos estos casos, es difícil ver la conexión entre el comportamiento legalmente requerido y el reparto de los costes para proveer servicios gubernamentales esenciales. Parece que el Estado podría proveer los bienes descritos en la Sección 5.1.2 sin todas estas leyes descritas en los dos parágrafos anteriores.15

La obediencia a la ley, de acorde con los defensores de la Justificación por Juego Limpio, es análoga a ayudar a sacar agua del bote salvavidas. Pero vistas las leyes anteriormente mencionadas, una analogía más apropiada sería la siguiente. Está entrando agua al bote salvavidas. Los pasajeros se juntan y deliberan sobre qué hacer con el problema. La mayoría (sin incluirle a usted) quiere que Bob idee una solución. Bob piensa por unos minutos, entonces anuncia en siguiente plan:

i) Todos los pasajeros deben empezar a sacar agua del bote;
ii) deben pregar a Poseidón y pedirle merced;
iii) deben flagelarse con sus cinturones para demostrar su seriedad y
iv) cada uno de ellos debe darle 50$ a Sally, que ayudó a Bob a ser elegido.

Sabes que (i) va a ser útil, (ii) es inútil, y (iii) & (iv) son perjudiciales para la gran mayoría de pasajeros. Aún así, la mayoría del resto de pasajeros participan en los cuatro puntos del plan de Bob. Si rehúsas rezar, autoflagelarte, o pagar a Sally, ¿has actuado mal? ¿Has tratado al resto de pasajeros injustamente?

No rezar a Poseidón, autoflagelarte, y pagar a Sally no es injusto, ya que esas acciones no contribuyen causalmente al bien de mantener el bote a flote. Si el resto de pasajeros se sienten agraviados al sufrir el latigazo pero tu no, el remedio es simple: deberían parar de autoflagelarse.

Recuerde que las obligaciones políticas se supone que son independientes de su contenido – eso es, que uno debe obedecer la ley independientemente de su contenido (con ciertas restricciones generales) y independientemente de si la ley es justa. El anterior análisis sugiere que este no es el caso. Uno debe examinar el contenido de una ley en particular para determinar si el comportamiento que impone contribuye a la provisión de bienes políticos antes de afirmar si uno tiene alguna razón basada en ‘juega limpio’ para obedecer la ley.

Algunos argumentarían que, incluso si una ley dada no es necesaria para las funciones centrales del gobierno, la obediencia a la ley sigue siendo parte del coste de proveer servicios gubernamentales esenciales ya que la desobediencia conlleva el riesgo de derrocar al gobierno y todo orden social. Hemos criticado este tipo de afirmación anteriormente (Sección 5.1.4). Pero si fuera cierto, solo socavaría la legitimidad política tanto como justificaría la obligación política con independencia del contenido.

Presuntamente, si los individuos están obligados ayudar a mantener el orden social, el Estado está análogamente obligado. Si la desobediencia de cualquier ley arriesga causar un colapso del orden social, entonces, el Estado, en hacer leyes que no son necesarias para mantener el orden social y que probablemente sean ampliamente desobedecidas, él mismo está poniendo en peligro el orden social más que cualquier particular que desobedezca una de estas leyes. Es más, pedir al Estado que renuncie su deseo de hacer estas leyes innecesarias es más razonable y menos oneroso que pedirle a un individuo que renuncie a sus libertades personales. Es por esto que, si uno mantiene que los individuos a pesar de esto deben obedecer estas leyes cuando estén vigentes, está mucho más claro que el Estado no debe crear estas leyes. En consecuencia, uno no puede defender simultáneamente la obligación política y la legitimidad política desde esta postura.

5.3.3 La obligación política para los disidentes

Un segundo problema para la Justificación por Juego Limpio concierne aquellos que no aprueban de las actividades del Estado. Esto incluye algunos individuos que sienten que no necesitan el Estado; por ejemplo, los ermitaños viviendo en hábitats inhóspitos o indígenas que preferirían que los colonialistas europeos nunca hubieran llegado a su continente. Incluye a aquellos que están moralmente o ideológicamente opuestos al gobierno en general (anarquistas). Incluye aquellos que aunque, mientras dan soporte a la idea general del gobierno, creen que la forma adecuada de gobierno es radicalmente diferente del gobierno que tienen. Y incluye aquellos que se oponen a políticas gubernamentales concretas pero aún así están forzados a contribuir a ellas.

Por ejemplo, los pacifistas no quieren ninguno de los supuestos beneficios de un ejército y aún así deben pagar por él al igual que el resto.

Hemos visto que es difícil de justificar una obligación de asistir en proyectos inútiles o dañinos. Aquí, vemos que es difícil de justificar una obligación a proyectos a los que uno está sinceramente opuesto, aunque esta oposición esté o no bien fundamentada. Retomemos el ejemplo del bote salvavidas. Esta vez, suponga que el resto de pasajeros del bote creen que rezar a Jehovah va a ayudarles en mantenerse a flote. Suponga, incluso, que están en lo cierto: Jehovah existe y es receptivo a las plegarias. Provisto que la gran mayoría rece, Jehovah va a asistirlos. Pero Sally no cree esto. Sally cree que rezar a Jehovah es perjudicial, ya que va a ofender a Cthulhu. Es por esto que se opone al plan del resto de pasajeros. En esta situación, ¿sería injusto que Sally rehusara pregar a Jehovah?

Si la existencia de Jehovah y la efectividad de la pregaria fueran hechos fácilmente verificables, con lo que se podría culpar a Sally por no conocerlos, puede que sí. Sally tendría una obligación moral de rezar a Jehovah. Pero asuma que este no es el caso. Asuma que estas son cuestiones en las que hay desacuerdos razonables y el punto de vista de Sally es racional o como mínimo no marcadamente menos racional que el punto de vista de la mayoría de pasajeros. En este caso, no estaría mal que Sally se abstuviera de rezar a Jehovah. Ella no busca ningún tipo de ventaja injusta sobre los demás ni beneficiarse del trabajo del resto. Si el resto intentara forzar a Sally en sus plegarias, ellos y no ella estarían actuando injustamente.

En el caso político, hay un número de individuos que se oponen a diversos programas gubernamentales. Estas no son personas que buscan beneficiarse de los esfuerzos de los demás – ellos no desean simplemente que otros carguen con los costes del programa. Ellos no quieren que estos programas existan en absoluto. En muchos casos, ellos toman los proyectos gubernamentales como seriamente injustos o por otra parte, moralmente impermisibles. Y en muchos casos, su postura, sea correcta o incorrecta, es perfectamente razonable. Creo que este es el caso con respecto a aquellos que se oponen a la presencia de los Estados Unidos en Afganistán, la prohibición de las drogas, restricciones migratorias y varias otras leyes o proyectos gubernamentales controvertidos. Incluso hay aquellos que razonablemente consideran la institución del gobierno como injusta en sí misma. Si uno razonablemente considera estos proyectos como injustos o inmorales, uno difícilmente está aprovechándose de los demás, o tratando al resto injustamente al rechazar dar soporte a este proyecto. En consecuencia, los individuos no actúan injustamente cuando rechazan cooperar con las leyes que razonablemente consideran injustas.16 De nuevo, no se encuentra base alguna para obligaciones políticas con independencia del contenido.

5.3.4 La particularidad y la cuestión de bienes alternativos

Una de las condiciones para que la obligación al juego limpio entre en juego en un arreglo cooperativo es que la participación de uno no debería interferir con hacer algo más importante [condición (6), Sección 5.3.1)]. Pero obedecer la ley frecuentemente interfiere con hacer cosas más importantes.

Por ejemplo, suponga que tiene la oportunidad de evadir sin riesgo alguno 1.000$ en impuestos. Puede que esté mal evadir impuestos para gastar ese dinero en un nuevo televisor. Pero, en cambio, sería permisible evadir impuestos para usar estos impuestos de forma más socialmente valiosa que darlo al gobierno. Esta opción está claramente disponible – el beneficio social marginal de cada dólar dado al gobierno es mucho menor que el beneficio social marginal de un dólar dado a una variedad de caridades privadas extremadamente efectivas.17 En este caso, no está mal evadir impuestos para mandar dinero a caridad; de hecho, hacer esto es loable.

Por supuesto, la mayoría de ciudadanos pagan impuestos bajo coacción del Estado. Esta coacción excusa el pago de impuestos, pero no lo hace loable ni obligatorio.

 

5.4 El problema de la legitimidad

5.4.1 Una justificación consecuencialista de la legitimidad

Normalmente, está mal amenazar a otra persona con violencia para forzarla a cooperar con algún plan tuyo. Esto es generalmente cierto incluso si tu plan es mutuamente beneficioso o de alguna otra forma moralmente aceptable. Suponga que se encuentra en una reunión de junta directiva a la que usted y otros miembros están debatiendo cómo incrementar las ventas de tu empresa. Sabes que la mejor forma de hacer esto es contratar la Empresa de Publicidad Sneaku. Tu plan es moralmente irreprochable y altamente beneficioso para la empresa. Es por esto que te sacas una pistola y ordenas al resto que voten a favor de tu propuesta. Este tipo de comportamiento sería inaceptable, incluso si estás actuando en beneficio de todos e incluso si tu plan es el correcto.

Pero un comportamiento similar puede ser justificado en casos de emergencia. Retomemos el caso del bote salvavidas. El bote está en riesgo de hundirse si la mayoría de pasajeros no empiezan a sacar agua rápidamente. Esta vez, suponga que ninguno del resto de pasajeros está dispuesto a sacar agua del bote. Tu no puedes llevar a cabo esta tarea tu solo, y ningún razonamiento o prego va a persuadir al resto de miópicos pasajeros de coger sus cubos. Finalmente, te sacas tu confiable Glock [una pistola] de tu chaqueta y les ordenas al resto de pasajeros que empiecen a sacar agua del bote. En esta situación, por mucho que sea sea lamentable recurrir a la fuerza, tus acción parece justificada.

Christopher Wellman ofrece un ejemplo con una lección similar.18 Amy tiene una emergencia médica y necesita ser llevada al hospital inmediatamente. Beth sabe esto pero no tiene un vehículo con el que transportar a Amy. Es por esto que temporalmente le roba el coche a Cathy para llevar a Amy al hospital. Esta acción viola los derechos de propiedad de Cathy. Aún así, el acto es permisible, provisto que no haya otras formas de rescatar a Amy sin por lo menos cometer violaciones de derechos de igual seriedad.

Estos ejemplos sugieren el siguiente principio: es permisible coaccionar una persona o violar sus derechos de propiedad, provisto que hacerlo es necesario para prevenir que ocurra algo mucho peor.

Es por esto que puede que el Estado esté justificado a coaccionar a personas y confiscar su propiedad a través de impuestos, ya que hacerlo es necesario para prevenir el colapso de la sociedad. Si el Estado no impusiera coercitivamente la ley, demasiadas personas violarían la ley, y si el Estado no recaudase impuestos coercitivamente, el Estado no podría proveer beneficios cruciales descritos anteriormente en la Sección 5.1.2.

5.4.2 Amplitud y independencia del contenido

En la versión del bote salvavidas analizado en la Sección 5.4.1, estás en el derecho de usar coacción para salvar a todos los del bote. Pero este derecho no es ni amplio ni independiente de su finalidad. Tu derecho a coaccionar es altamente específico y dependiente de su finalidad: depende de que tengas un plan correcto (o como mínimo bien fundamentado) para salvar el bote, y que solo debes coaccionar a otros para asegurar su cooperación con el plan. Más precisamente, debes como mínimo estar justificado en creer que los beneficios esperados de coercitivamente imponer tu plan a los demás son muy grandes y muy superiores a los daños esperados. No debes coaccionar al resto para inducir comportamientos dañinos o inútiles diseñados para servir a motivos ulteriores no relacionados con la emergencia. Por ejemplo, si muestras tu arma y ordenas a todo el mundo que empiecen a meter agua dentro del bote, estás actuando mal – y del mismo modo si usas el arma para forzar a otros a rezar a Poseidón, que se autoflagelen con sus cinturones, o que den 50$ a tu amiga Sally.

La cuestión es similar en el caso del robo de coche de Wellman. Amy está éticamente legitimada para violar los derechos de propiedad de Cathy sobre el coche. Pero este derecho depende altamente de la finalidad: Amy no debe violar los derechos de propiedad de Cathy por cualquier razón que le plazca. Ella no debe tomar el coche y transportar a Bethy lejos del hospital. Ella no debe transportar a Beth al hospital y después ir a dar una vuelta por la montaña. Ella no debe escudriñar la guantera el busca de objetos valiosos. Amy solo debe usar el coche de forma muy específica: ella puede transportar a Beth al hospital, nada más.

Si, por ejemplo, nos basamos en casos como este para justificar el derecho del Estado a coaccionar o violar los derechos de propiedad de sus ciudadanos, la conclusión es que los poderes legítimos del Estado son altamente específicos y dependen de su finalidad: el Estado puede coaccionar a los individuos sólo lo mínimo necesario para implementar un plan correcto (o como mínimo bien fundamentado) para proteger la sociedad del tipo de desastres que supuestamente resultarían de la anarquía. El estado no debe coaccionar a las personas a cooperar con medidas perjudiciales o inútiles o medidas las cuales no hay buenas razones para considerar efectivas. El Estado tampoco puede extender su ejercicio de la coacción para perseguir cualquier fin que le parezca deseable. El Estado solo puede tomar de sus ciudadanos la cantidad de dinero mínima para proveer los ‘bienes indispensables’ que justifican su existencia.19 No debe tomar un poco más para comprarse algo bonito.

¿Cuantas actividades gubernamentales pueden ser consideradas legítimas bajo este criterio? Las leyes y políticas domésticas pueden ser divididas en nueve categorías, dependiendo de las motivaciones tras estas (estas categorías no son mutuamente exclusivas):

  1. Leyes diseñadas para proteger los derechos de los ciudadanos, por ejemplo, las leyes en contra del asesinato, robo y fraude.
  2. Políticas diseñadas para proveer bienes públicos, en el sentido económico del término: por ejemplo, defensa militar y protección medioambiental.20
  3. Leyes paternalistas, diseñadas para para prevenir a la gente dañarse a si misma, por ejemplo, leyes que obligan conducir con cinturón o leyes en contra de las drogas.
  4. Leyes moralistas, diseñadas para prevenir el comportamiento que se considera ‘inmoral’ por alguna razón otra que el daño a uno mismo o la violación de los derechos de otros; por ejemplo, leyes en contra de la prostitución, juego y drogas.
  5. Políticas diseñadas para ayudar a los pobres, por ejemplo, programas de asistencia social, subsidios a la educación o salario mínimo.21
  6. Políticas de extracción de rentas, esto es, políticas que no se encuentran en (5), designadas a conferir ventajas económicas a algunas personas a costa de otras; por ejemplo, subsidios que se dan a industrias políticamente bien conectadas, lucrativos contratos militares dados a empresas con lazos a cargos gubernamentales, y requerimientos de licencias que protegen los trabajadores actuales de una profesión de la competencia.
  7. Leyes diseñadas para asegurar el monopolio del Estado y promover su poder y riqueza; por ejemplo, leyes sobre impuestos, leyes de curso legal y leyes previniendo la competencia privada con agencias gubernamentales como correos o la policía.
  8. Políticas diseñadas a promover ciertas cosas que se consideran un bien en general, a parte de los bienes enumerados anteriormente, por ejemplo, la provisión gubernamental de escuelas, la promoción de las artes y programas espaciales del gobierno.
  9. Leyes y políticas que parecen estar motivadas simplemente por la emoción, a parte de las anteriores consideraciones; por ejemplo, restricciones migratorias y las prohibiciones del matrimonio homosexual.22

Cuando pensamos en abstracto sobre la necesidad de una ley y la importancia de obedecer la ley, muchos de nosotros tenemos en mente leyes como las del tipo (1), (2) o puede que (7). Las leyes de este tipo podrían llegar a estar justificadas por los argumentos consecuencialistas analizados en la Sección 5.4.1. Pero como la lista sugiere, hay muchos más a las actividades de un Estado moderno. Y todas esas actividades extra, por lo general, no pueden ser justificadas por argumentos consecuencialistas.

Vayamos a extender la historia del bote salvavidas un poco más. Has forzado al resto de pasajeros a sacar agua del bote, evitando su hundimiento. Mientras tienes tu pistola desenfundada, decides que de paso va a llevar a cabo otros objetivos deseables. Ves un pasajero comiendo patatas fritas, le ordenas que te dé las patatas. Entonces te das cuenta que una pareja de pasajeros están a la otra punta del barco jugando a cartas. Cuando te das cuenta que juegan por dinero, les amenazas con causarles daño si siguen jugando por dinero. Otro pasajero tiene joyería cara, de forma que se la arrebatas y la distribuyes entre los pasajeros más pobres. También recaudas 50$ de todos y se lo das a tu amiga Sally. Amenazas con disparar a todo pasajero que intente hacer lo mismo que tu haces. Después, decides que estaría bien tener alguna forma de arte, de forma que fuerzas a otros pasajeros a dar algunas de sus posesiones de forma que puedas hacer una escultura con ellas. Finalmente, hay un pasajero que te incomoda – de forma que ordenas al resto de pasajeros que lo arrojen por la borda.

Todas estas acciones son indefendibles. Aunque tu uso inicial de la coacción para prevenir que se hundiera el bote estaba justificada, es absurdo sugerir que la coacción está justificada por los motivos expuestos en cualquiera de tus acciones posteriores en esta historia. Estos motivos son análogos a los que motivan la políticas del tipo (3)-(9) listadas anteriormente.23

Los ejemplos específicos que he dado del tipo de políticas (3)-(9) no son importantes, mientras uno esté de acuerdo que hay (un número no trivial) de políticas de este tipo. No es demasiado importante que, por ejemplo, uno esté de acuerdo con que las leyes que establecen licencias están motivadas por la extracción de rentas, mientras uno esté de acuerdo en que hay un número significativo de leyes motivadas por la extracción de rentas. El caso es que el Estado tiene muchas políticas y leyes cuyas motivaciones no justifican la coacción requerida para implementarlas. Esto es un problema ya que la autoridad del Estado se toma como amplia  y con independencia del contenido. Bajo una lectura muy estricta de las condiciones de ‘amplitud’ y ‘independencia del contenido’, la mera existencia de unas pocas leyes que el Estado no tiene derecho a imponer, imposibilitarían que el Estado tenga autoridad genuina. Una lectura más modesta de la ‘amplitud’ y ‘independencia del contenido’ mantiene que el Estado no tiene autoridad genuina si como mínimo la mayoría de las cosas que típicamente hace y que generalmente se considera que tiene derecho a hacer son, efectivamente, moralmente permisibles. Si el rango de acciones coercitivas que el Estado tiene derecho a llevar a cabo, solo es una fracción de lo que generalmente se piensa que tiene derecho a llevar a cabo y de lo que de hecho el Estado hace, entonces pienso que el Estado realmente no tiene autoridad legítima. También pienso que debemos admitir que de hecho, este es el caso.

5.4.3 Supremacía

La autoridad del Estado se supone que es suprema, en el sentido que nadie más tiene el derecho a coaccionar individuos de la forma en la que lo hace el Estado. Esto, también, es difícil de justificar.

Modificando el escenario del bote salvavidas una vez más, suponga que en el bote hay dos pasajeros armados, Gumby y Pokey, cada uno de ellos reconoce que se debe sacar agua del bote, y cualquiera de ellos estaría justificado en tomar las medidas necesarias para que así sea. Pero Gumby es más rápido en actuar: desenfunda su pistola y fuerza al resto de pasajeros a sacar agua del bote. Llegados a este punto, ¿adquiere Gumby algún tipo de supremacía?

No, no lo hace. Si Pokey se diera cuenta de algún otro desastre inminente que solo puede ser evitado mediante la coacción, él estaría justificado en utilizar coacción para evitarlo. Esto sería verdad si Gumbly nunca se hubiera encontrado en el bote, y sigue siendo cierto después que Gumby haya usado coacción para evitar que el bote se hundiera. El acto inicial de Gumbly no impide la coacción justificada por los demás, ni reduce el rango de circunstancias en las que otros puedan usar coacción, de forma que en un futuro le sea más fácil a Gumby que a cualquier otro en el bote estar justificado en usar coacción. Pokey tampoco estaría barrado en tomar acciones coercitivas para imponer el arreglo de sacar agua del bote si la imposición de Gumby fuera inadecuada.

Antes del acto coercitivo de Gumby, sería cierto que Pokey podría de forma permisible usar fuerza en contra de Gumby, si fuera necesario para prevenir que Gumly cometa serias violaciones de los derechos de otros o para prevenir que ocurra algo muy malo. Después del acto coercitivo de Gumby esto sigue siendo cierto. El mero hecho que Gumby fuera el primero a usar coacción para salvar el bote no lo hace inmune de ser coaccionado en circunstancias en las que normalmente sería permisible coaccionar a alguien. Por ejemplo, si, después de salvar el bote salvavidas, Gumby trata de robar a los pasajeros, Pokey estaría justificado en hacer uso de la fuerza para defender el resto de pasajeros.

Parece, entonces, que el Estado no tiene, por razones consecuencialistas, autoridad suprema. Otros agentes pueden usar fuerza para lograr los objetivos que el Estado estaría justificado en usar fuerza para lograr, en el caso de que los esfuerzos del Estado sean inadecuados. Por ejemplo, si el Estado fracasa en proveer de protección adecuada contra el crimen, no hay ninguna razón obvia por la cual agentes privados no deberían poder proveer de seguridad usando los mismos métodos que el Estado debería poder usar (de nuevo, en las mismas circunstancias en las que el Estado debería hacer uso de la fuerza). Y los agentes privados deberían poder hacer uso de la fuerza en contra del Estado cuando es necesario para prevenir que el Estado cometa serias violaciones de derechos o prevenir que pase algo muy malo.

¿Cuando puede uno hacer uso de la fuerza en contra de otros? Es plausible mantener que individuos y organizaciones privadas están justificados en hacer uso de la fuerza sólo cuando

i) tienen una fuerte justificación para creer que el plan que van a intentar implementar es correcto (por ejemplo, que produciría los beneficios previstos y que estos beneficios serían enormes en comparación con la seriedad de las violaciones de derechos necesarias para implementar el plan);
ii) tiene una fuerte justificación para creer que su uso de la fuerza sería exitoso en causar que su plan sea implementado; y
iii) no hay alternativas disponibles para conseguir los beneficios sin, como mínimo, violaciones de derechos igual de serias.

En realidad, estas condiciones son muy estrictas y raramente se dan. Es plausible pensar que la mayoría de vigilantes clandestinos violan la condición (i) y que la gran mayoría de rebeldes o terroristas tanto (i) como (ii). Así que no deberíamos aprobar de la gran mayoría de actos actuales de justicia vigilante o terrorismo.

Aún así, la conclusión es un rechazo de la supremacía de la autoridad gubernamental, ya que las razones mencionadas en el anterior parágrafo aplican por igual a los agentes gubernamentales. El Estado también debe tener una fuerte justificación para creer que cada una de sus planes implementados coercitivamente es correcto, que su uso de la coacción será exitoso, y que no hay mejores alternativas. Si uno se basa en la justificación consecuencialista de la legitimidad del tipo que ha sido analizada, aparentemente no hay forma de escapar esta conclusión. Así que no está claro en qué sentido el Estado tiene autoridad suprema; puede coaccionar a individuos en las mismas circunstancias, por el mismo tipo de razones, bajo las cuales los agentes privados pueden coaccionar a individuos. Y al igual que la mayoría de actos de justicia clandestina y actos terroristas no están justificados, creo que es plausible pensar que la gran mayoría de acciones estatales violan una o más condiciones para la coacción justificada.

5.5 Conclusión

Los argumentos desde el juego limpio y consecuencialistas son los que más se acercan a justificar la autoridad política. Aún así, no pueden fundamentar la autoridad independiente del contenido, amplia y suprema para el Estado. El Estado tiene el derecho, como mucho, de coactivamente imponer políticas correctas y justas para prevenir daños muy serios.24 Nadie tiene el derecho a coercitivamente imponer políticas contraproducentes o inútiles ni de imponer políticas cuyo propósito son objetivos de menor importancia. El Estado puede estar justificado en recaudar impuestos, en administrar un sistema de policía y justicia, y proveer de defensa militar. En hacerlo, el Estado y sus agentes sólo deben tomar los mínimos recursos  y emplear la mínima coacción. El Estado no debe proseguir a imponer coercitivamente leyes paternalistas o moralistas, políticas motivadas para la extracción de rentas, o políticas dirigidas a promover bienes innecesarios, como el soporte al arte o a un programa espacial.

 


Notas

1. Estos argumentos no asumen el consecuencialismo, en el sentido de la justícia de una acción es solamente determinada por sus buenas o malas consecuencias.

2. Hobbes 1996, capítulo 13. Locke (1980, capítulos  y 9) ofrece una evaluación menos horrenda pero aún encuentra ‘grandes inconvenientes’ al estado de naturaleza.

3. Buchanan 2002, 703-5.

4. Christiano 2008, 53-5, 237-8; Wellman 2005, 6-7. Christiano afirma que el estado ‘establece justicia’ al proveer de estas normas uniformes.

5. Ver Rawls (1999, 295) sobre del deber de justicia y Wellman (2005, 30-2) sobre el deber de socorro. Ninguno de estos pensadores tiene una postura generalmente consecuencialista. Rawls apela a lo que las partes en la posición original aceptarían, y Wellman (2005, 33) termina apelando a un principio de equidad no consecuencialista.

6. El ejemplo es de Singer (1993, 229).

7. Rand 1964, 49; Narveson 1993, capítulo 7.

8. Hume 1987, 480.

9. Wellman 2005, 17-19.

10. Brandt 1992, capítulo 7.

11. Hart 1995, 185-6, Rawls 1964, Klosko 2005.

12. Algunos filósofos sostienen que uno solo tiene una obligación de justicia a asistir en un arreglo cooperativo solo si uno libremente acepta los beneficios del arreglo (Rawls 1964, 10; Simmons 1979, 108-7, 2001, 30-1). El ejemplo de sacar agua del bote sugiere que la libre aceptación no es necesaria.

13. Estadísticas recientes sobre el encarcelamiento de delincuentes por temas de drogas en prisiones estatales y federales son del Departamento de Justicia de EE.UU 2010b, 37-8. Las estadísticas más recientes sobre los delincuentes por temas relacionados con las drogas en cárceles locales es del Departamento de Justícia de los EE.UU 2004, 1, que informa que un 24,7% de los presos  en 2002 eran delincuentes por temas relacionados con las drogas. Las clasificaciones están basadas en el delito o crimen más serio por el que el preso fue encarcelado.

14.  Esta estimación está basada sobre la premisa que el 24,7% de los presos en cárceles locales son delincuentes por cuestiones relacionadas con las drogas (Departamento de Justicia de los EE.UU 2004, 1), junto con la población carcelaria de 2008 según el Departamento de Justicia de los EE.UU 2009. Las estadísticas para las prisiones estatales y locales son del Departamento de Justicia de los EE.UU (2010a, 37-8). El número total de presos de en todo tipo de cargos, incluyendo instituciones estatales, locales y federales, es alrededor de 2.3 millones.

15. Alguien podría argumentar que para proveer seguridad de forma efectiva, el Estado debe tener cierto grado de deferencia de sus ciudadanos – los ciudadanos deberían estar de acuerdo con no juzgar cada ley individualmente por ellos mismos – y esto es parte del coste de la seguridad. Analizo esta idea en la Sección 7.5.

16. En contraste a la postura de los defensores de la autoridad política, como Rawls (1964, 5): ‘Es, por supuesto, una situación familiar en una democracia constitucional que una persona se encuentra moralmente obligado a obedecer una ley injusta’

17. Ver http://www.givewell.org/ para una evaluación de caridades, incluyendo una lista de las caridades más efectivas.

18. Wellman 2005, 21.

19. Sobre bienes indispensables, ver Klosko 2005, 7-8.

20. En el sentido económico del término, un bien público es un bien con dos características: (1) es no rival, significando que el consumo de otra persona del bien no detrae del bien a otros; (2) no es excluible, significando de que si es proveído, es imposible o muy costoso controlar quien lo recibe.

21. Estas políticas en parte son paternalistas en su motivación cuando hacen algo que no sea transferencias de efectivo. Por ejemplo, cuando el Estado hace ciertos recursos disponibles para ciudadanos indigentes con la restricción de que sólo sean destinados a la formación, esto es en parte redistributivo y en parte paternalista.

22. Ver Huemer 2010b sobre política migratoria, especialmente 460-1, sobre las motivaciones de las políticas migratorias.

23.  Para ser explícito, hay una lista de políticas gubernamentales análogas a tus acciones en la historia: Evitar que un pasajero coma patatas fritas: leyes en contra de las drogas y otras leyes paternalistas. Evitar el juego de cartas: leyes en contra del juego y otras leyes moralistas. Confiscar joyería: programas de asistencia sociales y otros programas de redistribución de riqueza. Recaudar dinero para Sally: subsidios, contratos sin licitación y otras políticas motivadas por la extracción de rentas. Amenazar con disparar a otros pasajeros que hagan lo mismo: prohibición de los justicieros y la prohibición de crear un gobierno que compita con este. Confiscar propiedad para hacer una escultura: el soporte del Estado a las artes. Lanzar a un pasajero por la borda: restricciones migratorias y deportación de inmigrantes ilegales.

24. El Estado incluso no va a tener este derecho si, como se argumenta en la Parte II, el Estado no es necesario para la provisión de ningún bien vital

Brace yourselves, Huemer is coming (I)

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Tenemos la gran suerte de que Juan Ramón Rallo, economista y liberal, ha decidido empezar una série de videos resumiendo la primera parte del libro «El problema de la autoridad política«, del filósofo Michael Huemer.

Aquellos que sigan este blog, sabrán que uno de los proyectos abiertos que tenemos es la traducción de este mismo libro que Rallo resume en sus vídeos, así que estos videos resultan un material complementario excelente. La traducción de la parte de libro que corresponde al primer vídeo de Rallo puede encontrarse aquí.

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