El coste de lo gratis y la ilusión fiscal

“The avoidance of taxes is the only intellectual pursuit that still carries any reward”

JOHN MAYNARD KEYNES

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Como es bien sabido, los teóricos de la economía del comportamiento (behavioural economics) nos alertan de múltiples sesgos que pueden tener los individuos, de como diferimos del modelo de agente perfectamente racional. Uno de estos sesgos documentados es “el precio de lo gratis”. Cuando un producto o servicio se nos presenta aparentemente a un precio 0, hay costes implícitos (y claramente visibles, no tienen porqué ser difíciles de ver) como esperar en largas colas, presentamos una demanda superior a la que presentaríamos si ese bien o servicio se presenta con el coste de forma explícita (con un precio mayor que 0 y sin cola).

Cero es un número especial, una fuente de excitación irracional. ¿Nunca nos hemos parado a pensar en todas las cosas inútiles que acumulamos simplemente porque son gratis? Calendarios, camisetas, cupones, etc.

Ariely (2007) muestra este efecto en un experimento. Para el experimento, pusieron una mesa en un espacio público y ofrecieron dos tipos de chocolate, trufas Lindt y Hershey’s Kisses, con un cartel encima de la mesa que decía: “One chocolate per customer” (un chocolate por cliente). Una vez los potenciales clientes se acercaban a la mesa podían ver los dos chocolates y sus precios (de forma que el resultado no depende de su ignorancia del precio). Pusieron el precio de una trufa Lindt a 15 céntimos y un Kiss a un céntimos. Encontraron, sin mucha sorpresa, que los agentes, aparentemente, se comportan de forma racional. Compararon su calidad estimada y precio: un 73% escogió la trufa y un 27% escogió el Kiss. Entonces, decidieron ver como “GRATIS” afectaba a la situación. Ofrecieron la trufa Lind a 14 céntimos y los Kiss gratis, a 0 céntimos. Después de modificar el precio hubo un cambio radical, el 69% escogió Kiss, comparado con el 27% a un céntimo. A ambos chocolates se les descontó la misma cantidad en el precio, un céntimo. Según el análisis racional, esto no debería modificar el comportamiento de los agentes, la diferencia relativa entre el beneficio-coste de escoger uno u otro chocolate era el mismo en los 2 casos, en los dos casos el beneficio sólo aumenta en 1 para los 2 chocolates. Pongamos que consumir una trufa Lind nos da 50 de placer (nos inventamos una unidad métrica de placer para el ejemplo. Es ilustrativo aunque no exista la utilidad cardinal) y consumir un Kiss nos da 5 de placer. Asumamos también que cada céntimo equivale a una unidad de “desplacer”. En el primer caso, el placer neto de consumir una trufa Lindt es de 50-15=35 y el Kiss de 5-1=4. En el segundo caso, consumir una trufa Lindt nos daría un placer neto de 50-14=36 y un Kiss nos da un placer neto de 5-0=5. Deberíamos seguir escogiendo la trufa Lindt antes y después del cambio de precios. El experimento muestra todo lo contrario. También hay todo de otros experimentos que apuntan a resultados similares del efecto del precio 0. Otro ejemplo que podríamos pensar donde se da este efecto es en los sitios que reparten cosas gratis, donde se forman largas colas y hace falta esperar mucho tiempo. Seguramente saldría más a cuenta comprarlo (tomando el tiempo de espera al salario por hora que cobraríamos si trabajáramos ese tiempo) en vez de esperar y aún así, mucha más gente prefiere esperar que pagar. Este efecto también provee de una razón para el uso de copagos sanitarios, Puig-Junoy (2012).

Para los que respondan, que el agente racional escoge mirando el ratio de beneficio (placer)/precio, con lo cual siempre sale a cuenta coger el gratis ya que X/0 = ∞ pueden encontrar una respuesta en Shampanier, Mazar y Ariely (2007). De alguna forma, con el precio 0 nos olvidamos de las alternativas o sentimos una atracción casi irresistible por lo que vale cero.

Vamos ahora a la ilusión fiscal. La ilusión fiscal es una hipótesis bajo la cual, los ciudadanos sistemáticamente infraestiman la carga fiscal y sobreestiman los beneficios de reciben de los servicios públicos, forma parte de la teoría de la public choice, Buchanan y Wagner (1977). Esta hipótesis fue formulada inicialmente por Amilcare Puviani (1903). Esto es una forma en la cual los mayores beneficiarios, Stigler (1970), pueden pasar más desapercibidos a ojos de los perdedores de la redistribución. Un ejemplo de esto es el oscuro y opaco sistema impositivo, un grave problema en los EE.UU, (Burman et al 2012) que debería preocupar aquellos que favorecen un Estado limitado. El coste de conseguir toda la información de los diferentes impuestos es muy costosa, estos están distribuidos en diferentes horizontes temporales, el impuesto inflacionario y muchos otros mecanismos que forman la ilusión fiscal. Una de las implicaciones para estrategias políticas que podemos extraer de la ilusión fiscal es que la política starve the beast propuesta por Friedman (1978), que consiste en reducciones de impuestos para forzar al Estado a reducir sus gastos, no va a ser exitosa. Menos impuestos va a generar la ilusión de que los costes del Estado son menores y este pasa al gasto deficitario, esto es exactamente lo que se vió durante la era de Reagan que fue una era de keynesianismo militar. Young (2009) encuentra evidencia a favor de la ilusión fiscal en los EE.UU, Romer y Romer (2007) del NBER encuentran que “The results provide no support for the hypothesis that tax cuts restrain government spending; indeed, the point estimates suggest that tax cuts may increase spending. The results also indicate that the main effect of tax cuts on the government budget is to induce subsequent legislated tax increases.”. Ura y Socker (2011): “The notion of “starving the beast” has been an important justification for fiscal programs emphasizing revenue reductions since the mid-1970s. While the idea of restraining government spending by limiting government revenues has an intuitive appeal, there is convincing evidence the reducing federal tax rates without coordinated reductions in federal spending actually produces long-term growth in spending.” Niskanen (2006) también encuentra resultados similares. Estos estudios proveen de evidencia a favor de la ilusión fiscal. Ver Mourao (2008) para un índice de la ilusión fiscal de 68 países desde 1960. La ilusión fiscal también se ha usado para explicar el flypaper effect. La conclusión que podemos sacar de la ilusión fiscal, es que si se quiere reducir el tamaño del estado se tiene que atacar directamente el gasto y no de forma indirecta intentando reducir impuestos.

Amilcare Puviani

Amilcare Puviani

En la figura 1 podemos ver como opera la ilusión fiscal tradicional. Si los ciudadanos pagan P1 y saben que pagan P1, la cantidad demandada de servicios será X1. En cambio, si hay ilusión fiscal, creen, equivocadamente, que el coste de los servicios es P2, siendo P2 < P1. Bajo la ilusión fiscal la cantidad demandada de servicios públicos es X2. Los ciudadanos creen que se encuentran en el punto c, pero realmente se encuentran en el punto b. Este equilibrio es subóptimo e ineficiente.

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¿Pero, qué tiene que ver la ilusión fiscal con el coste del precio 0? Pues que se puede formular una versión behavioural de la ilusión fiscal. Sabemos que las personas, de repente, tienen una demanda superior para los mismos bienes si el precio es cero con los costes implícitos que si el precio es positivo sin costes implícitos. Esto es así aunque conozcan la existencia de todos los costes en ambos casos (por esto usamos un cambio en la demanda y no la oferta como la ilusión fiscal tradicional, también lo hacemos así para ayudar a distinguir el efecto behavioural del tradicional). La curva de demanda D1 refleja la demanda si el precio es positivo pero este es explícito (se paga cada vez que se usa el servicio) Vamos a asumir que esa es la demanda social para los servicios públicos y que el precio de estos para cada individuo difiere de forma que el efecto redistributivo es el mismo que pagar impuestos. La curva de demanda D2 refleja la demanda de servicios públicos cuando el precio es 0 pero el coste es a través de impuestos. A causa del sesgo mencionado anteriormente, los individuos van a demandar más servicios que en ausencia del sesgo, cuando son estrictamente racionales. El ciudadano racional se encontraría en el punto a con una cantidad de servicios públicos X1 y el ciudadano con sesgo se encuentra en b con una cantidad de servicios públicos X2. El equilibrio es ineficiente. Esta sería la versión puramente behavioural de la ilusión fiscal.

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Si combinamos los dos efectos, el de la ilusión fiscal tradicional y el behavioural, obtenemos que la ineficiencia de la ilusión fiscal se magnifica respecto a la ilusión fiscal tradicional. El agente racional y que no subestima costes (por problemas de información) se encuentra en a con una cantidad X1 y el agente con sesgo y que subestima los costes se encuentra en el punto e, con una cantidad X3, cuando cree que se encuentra en el punto d. La cantidad de servicios públicos por encima del óptimo con la ilusión fiscal tradicional es X2-X1>0 y con la ilusión fiscal tradicional + behavioural, es X3-X1 que crea una ineficiencia adicional de X3-X2 respecto el modelo tradicional de la ilusión fiscal.

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Y con esto ya tenemos una versión behavioural de la ilusión fiscal. Curiosamente, la economía del comportamiento ha sido usada para justificar múltiples intervenciones del Estado en muchos aspectos de nuestras vidas, pero se le ha prestado muy poca atención a los sesgos de los reguladores o gobernantes y sus aplicaciones en la política, aunque hay algunas excepciones que han investigado esta línea de la ilusión fiscal, Ura y Socker (2011) y la behavioural public choice, Schnellenbach y Schubert (2014).  Esto puede ayudar a explicar el éxito de las demandas sociales y el discurso político de la provisión de servicios “gratis”.

 

BIBLIOGRAFÍA

Ariely, Dan. Predictably irrational. New York: HarperCollins, 2008.

Buchanan, James MacGill, and Richard E. Wagner. Democracy in deficit. Acad. Press, 1977.

Burman, Leonard E., and Marvin Phaup. “Tax expenditures, the size and efficiency of government, and implications for budget reform.” Tax Policy and the Economy, Volume 26. University of Chicago Press, 2012. 93-124.

Friedman, Milton. “The limitations of tax limitation.” Quadrant 22.8 (1978): 22.

Mourao, Paulo Reis. “Towards a Puviani’s fiscal illusion index.” Hacienda pública española 187 (2008): 49-86.

Niskanen, William A. “Limiting government: the failure of starve the beast.”Cato J. 26 (2006): 553.

Puig-Junoy, Jaume. ¿ Quién teme al copago?: el papel de los precios en nuestras decisiones sanitarias. Los Libros del Lince, 2012.

Puviani, Amilcare, and Franco Volpi. Teoria della illusione finanziaria. ISEDI, Istituto Editoriale Internazionale, 1973.

Romer, Christina D., and David H. Romer. Do tax cuts starve the beast: The effect of tax changes on government spending. No. w13548. National Bureau of Economic Research, 2007. Schnellenbach, Jan, and Christian Schubert. “Behavioral public choice: A survey.” Available at SSRN 2390290 (2014).

Shampanier, Kristina, Nina Mazar, and Dan Ariely. “Zero as a special price: The true value of free products.” Marketing science 26.6 (2007): 742-757.

Stigler, George J. “Director’s law of public income redistribution.” Journal of Law and Economics (1970): 1-10.

Ura, Joseph Daniel, and Erica M. Socker. “The Behavioral Political Economy of Budget Deficits: How Starve the Beast Policies Feed the Machine.” The Forum. Vol. 9. No. 2. 2011.

Young, Andrew T. “Tax-spend or fiscal illusion.” Cato J. 29 (2009): 469.

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