Funcionó el ‘Bloqueo Invisible’ contra el Chile de Allende?

[Este artículo es una traducción de este post del blog  Pseudoerasmus ]

Por Pseudoerasmus

Publicación original: 21 de Mayo de 2015

Logró un ‘bloqueo invisible’ de los Estados Unidos desestabilizar la economía Chilena bajo la presidencia de Salvador Allende (1970-73) ? Funcionó? En pocas palabras: No.

Nota: este post no trata sobre otras acciones de EEUU relativas al golpe de Septiembre del 73, o sobre el régimen del General Pinochet. Trata sobre las dimensiones económicas y financieras de las relaciones entre EEUU y Chile durante los años de Allende.

Sigue leyendo

Recomendaciones XI

 

  • Vídeo donde se explican y critican las principales ideas del libro ‘The Entepreneurial State’ de Mariana Mazzucato
  • Paper sobre la sociología de las microagresiones junto con una respuesta a críticas y comentarios de los autores. Haidt también hizo un breve resumen y comentario sobre el paper original aquí. En líneas generales el paper comenta de una nueva transición a otra cultura moral. La primera transición es la transición de la cultura del honor (que aún existe en países en vías de desarrollo, barrios marginales, bandas y demás) a una cultura de dignidad, donde se presupone que cada persona tiene un ‘valor intrínseco’ por el mero hecho de serlo, no tiene que ir a “ganarse el respeto”. El resultado es una mayor delegación de la resolución de disputas a terceros (principalmente el sistema judicial), menor violencia física y mayor indiferencia hacia comentarios ajenos. “Sticks and stones may break my bones, but words will never hurt me”. La nueva y segunda transición que comentan los autores es hacia una cultura de la victimización, donde cualquier indicio por pequeño que sea, de ofensa, se toma en cuenta. Esta última característica es la que comparte con la cultura del honor, pero al contrario de esta, la víctima no se toma la ‘justicia’ por sus manos, sino que recurre a terceros, ya sea exponiendo el perpetrador al público en general o recurriendo a algún tipo de administración (que posiblemente esté relacionado con la dificultad del ‘vive y deja vivir’) .  Los autores ven las micro-agresiones como el inicio hacia la transición esa cultura moral.
  • How would investing in equities have affected the Social Security trust fund?: Un paper de la Brookings estimando la evolución del fondo de reserva de la SS de EE.UU si este hubiera invertido diferentes fracciones el equity. Por lo general encuentran una mejora sustancial al incorporar este tipo de inversión y proponen diversos mecanismos para evitar la posible influencia política en la empresa y cuestiones de rescates que surgen alrededor de este tipo de propuestas.

  • Monetary Policy and Rational Asset Price Bubbles por Jordi Galí. En este artículo se trata la interacción entre burbujas de activos racionales y la política monetaria. Muchos son los que comentan que los tipos bajos están relacionados con el crecimiento de burbujas y, como política macro-prudencial, proponen aumentar los tipos de interés delante de una burbuja. Es este razonamiento sólido? Galí argumenta que no. Para ver esto, tomemos una activo que es claramente una brubuja, una activo que no paga dividendos, que la única forma de hacer beneficios es a través de incrementos del precio del activo. El precio del activo ‘burbuja’ hoy es de Qt mientras que el precio del activo burbuja mañana es Qt+1 . También vamos a asumir que hay un bono seguro con un periodo de maduración. El precio del bono hoy es Pt y mañana paga Rt * Pt ; donde Rt es el tipo de interés bruto real, 1+rt. Pongamos también que los agentes son neutrales al riesgo. Bajo la condición de no arbitraje, que básicamente es asumir que no hay pozos de dinero gratis inagotables, la valoración del activo burbuja tiene que ir dado por: Qt * Rt = Et{Qt+1}.  Esto se puede ver al intentar construir una estrategia de trading que implique ponerse en corto en un bono y comprar el activo burbuja, cosa que con la premisa de neutralidad al riesgo debería dar cero beneficios. Para asumir esto pongamos que uno emite un bono, con lo que hoy recibe un ingreso de Pt y todos estos ingresos los gasta comprando una cantidad del activo burbuja, puede llegar a comprar una cantidad Pt /Qt del activo burbuja. En este caso, la posición hoy es de 0, todo lo ingresado emitiendo el bono se gasta comprando el activo burbuja. Y mañana? Pues al haber emitido un bono, tenemos que pagar Rt*Pt, pero como tenemos Pt /Qt cantidad del activo burbuja, su pago mañana es Pt /Qt * Et{Qt+1}; la cantidad que tenemos del activo por su precio esperado mañana. Nuestra posición mañana es –Rt*Pt+ Pt /Qt * Et{Qt+1} ; que debe ser igual a 0, ya que sino, una cartera que tiene un coste cero y que paga una cantidad positiva (o negativa) es un pozo infinito de dinero, cosa que no es razonable asumir que existe. Si trabajamos un poco la anterior condición terminamos obteniendo Rt = Et{Qt+1}/Qt (la misma relación que antes, sólo que pasa Qt dividiendo al lazo izquierdo). Aquí es donde entra el Banco Central. Si el banco central puede manipular Rt , un aumento de este, necesariamente lleva a un incremento de la tasa de crecimiento del activo burbuja, Et{Qt+1}/Qt, si es que existe una burbuja (para casos donde Qt > 0 ya que si fuera igual a 0 sería una indeterminación y si fuera < 0 el agente nunca mantendría el activo). El truco aquí es que un aumento de los tipos de interés, no puede disminuir a burbuja descontando dividendos, ya que la burbuja o cualquier componente burbuja por definición no los paga, mientras que para seguir existiendo, tiene que crecer tanto como el tipo de interés bruto, sino a ningún agente le saldría a cuenta tener el activo en cartera. Galí (2014), que explora esto en un contexto de equilibrio general mucho más rico para analizar otros efectos no obvios que pudieran afectar estos resultados concluye de forma similar.
  • Macro-Finance por Cochrane. Versa sobre los principales mecanismos (aversión al riego, formación de hábitos, etc) usados en la literatura los modelos macro-finanzas para explicar el equity premium puzzle, el porqué el equity da un retorno tan alto comparado con bonos del gobierno, haciendo énfasis en potenciales vías de investigación. “Macro-finance addresses the link between asset prices and economic fluctuations. Many models reflect the same rough idea: the market’s ability to bear risk varies over time, larger in good times, and less in bad times. Models achieve this similar result by quite different mechanisms, and I contrast their strengths and weaknesses. I outline how macro-finance models may illuminate macroeconomics, by putting time-varying risk aversion, risk-bearing capacity, and precautionary savings at the center of recessions rather than variation in “the” interest rate and intertemporal substitution. I emphasize unsolved questions and profitable avenues for research.” El texto no es matemáticamente muy demandante, aunque si el lector tiene dificultades, recomiendo todo lo que sea de tiempo discreto del capítulo 1 de Asset Pricing, un manual de finanzas de Cochrane.

El Problema de la Autoridad Política: Capítulo 6

Hey gente! No, el blog no estaba muerto, simplemente tomando una siesta muy larga.


Esta entrada forma parte de una serie de entradas en las que se hace una traducción amateur de la Parte I del libro The Problem of Political Authority: An Examination of the Right to Coerce and the Duty to Obey del filósofo Michael Humer. Todo el material traducido hasta la fecha se puede encontrar en la parte correspondiente de Proyectos. Cualquier corrección es bienvenida. Si están interesados en el libro, no duden en comprarlo y así apoyar al autor.

IMPORTANTE: En la literatura hay algunos argumentos (de Sunstein, Holmes, Nagel, etc) que puede que intenten esquivar parte de los argumentos de Huemer haciendo énfasis en la interrelación de la existencia de la propiedad privada y el marco legal actual, el cual el Estado parcialmente ‘crea’ y vela por su cumplimiento. Huemer ya comenta más adelante en su obra que sus argumentos no dependen de una teoría de la propiedad pero también responde a estos argumentos en ‘Is Wealth Reditribution a Rights Violation?


 

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La psicología de la autoridad

6.1 La relevancia de la psicología

En este capítulo, hago una revisión de alguna evidencia de psicología y historia, ambas sobre nuestras actitudes y comportamientos de aquellos sujetos a la (supuestamente) autoridad de otros y sobre las actitudes y comportamientos de aquellos en posiciones de autoridad. Estos hallazgos son fascinantes en sí mismos. También atañen, en como mínimo dos importantes maneras, al escepticismo sobre la autoridad política defendido en este libro. Por otro lado, los datos psicológicos atañen la cuestión de cuán deseable o perjudicial puede ser alentar escepticismo sobre la autoridad. En este capítulo cuando me refiero a ‘autoridades’ y ‘figuras de autoridad’, me refiero a gente y instituciones que están socialmente reconocidas como que poseen autoridad, tengan o no genuinamente autoridad en un sentido normativo. Deberíamos entender ‘posiciones de autoridad’ y ‘instituciones de autoridad’ similarmente.

6.1.1 ¿Es este libro peligroso?

Algunos defensores de la autoridad se han preocupado abiertamente sobre las consecuencias que pueden resultar de ideas anarquistas. Si ideas como las que presento en este libro tomasen arraigo en nuestra sociedad, alertan, habría mucha más desobediencia hacia el gobierno.1 Esta desobediencia, a su vez, podría llevar a que el Estado devenga más violento y opresor.2 O, como Platón y Hume alertaron, podría llevar a un colapso general del orden social.3 Libros como este, si no son vigorosamente criticados por otros filósofos, podrían llegar a contribuir a estos resultados. Esto no atañe directamente sobre si los argumentos centrales son correctos (puede ser no deseable presentar una tesis correcta), pero atañe directamente sobre la interesante cuestión sobre si este libro es malo y no debería haberse escrito. Voy a responder a estas preocupaciones en las últimas secciones de este capítulo, tras revisar algunos hallazgos psicológicos importantes.

6.1.2 La apelación a la opinión popular

Algunos defensores de la autoridad política sugieren que el anarquismo debería ser rechazado ya que simplemente está demasiado apartado de la opinión política convencional. La creencia en obligaciones políticas, escribe George Klosko, ‘es una característica básica de nuestra conciencia política’.4 Él cree que deberíamos aceptar las opiniones comunes como evidencia prima facie en cuestiones normativas, particularmente cuando la opinión filosófica se encuentra dividida. David Hume va más allá: “La opinión general de la humanidad tiene alguna autoridad en todos los casos; pero en los de morales es perfectamente infalible’.5 Si no hay autoridad política, es natural preguntarse, ¿entonces cómo puede ser que tantas personas hayan llegado a tener una firme creencia en ello? No es probable que yo y el puñado de anarquistas hayan cometido algún error en vez de que el resto del mundo lo ha cometido?

En última instancia, estoy en desacuerdo con este argumento. A fin de cuentas, creo que es más probable que el resto están equivocados que yo esté equivocado. (Obviamente no mantendría esta creencia si no me considerara más cierto que falso). Aún así, el argumento no debería ser rechazado precipitadamente o por otras razones erróneas. Para dar al argumento un trato justo, hago una pausa para defender el apelar a la opinión popular en contra de críticas excesivamente simplistas.

Hay algunos que rechazan apelar a la opinión popular, en principio, como falaz (supuestamente la falacia argumentum ad populum). ¿Pero que hay de falaz en apelar a la opinión popular? Los ejemplos más comúnmente citados como este supuesto error es el caso de Cristóbal Colón; cuando Colón quería navegar alrededor del mundo, se dice, que sus contemporáneos se rieron de él ya que estaban convencidos que la Tierra era plana. Pero resultó que Colón estaba en lo cierto. Y esto, como puedes ver, muestra el porqué es imprudente confiar en las opiniones de la mayoría.

Como nota histórica, el anterior relato es completamente erróneo. Fue Colón quien estaba equivocado y aquellos que ‘se reían de él’ estaban en lo cierto en la cuestión central de la disputa. La idea que los contemporáneos de Colón pensaban que la Tierra era plana es un mito moderno. Los antiguos griegos descubrieron que la Tierra era redonda, y este conocimiento nunca se perdió.6 La cuestión de la disputa concernía la distancia hacia el oeste entre Europa y Asia. Colón pensaba que la distancia era suficientemente pequeña que podría ser navegada en el tipo de barcos que existían entonces; sus contemporáneos pensaron lo opuesto. Ellos estaban en lo cierto y él equivocado: la distancia es alrededor de cuatro veces mayor de lo que Colón pensaba que era. Si no fuera por el descubrimiento inesperado de las islas del Caribe, Colón y su tripulación se hubieran muerto de inanición en el mar antes de ni siquiera llegar cerca de Asia.

Pero esto es solo una nota adicional de interés histórico. Ciertamente, hay casos en los que la gran mayoría de personas mantenían creencias equivocadas. En efecto, las creencias falsas que la mayoría de personas mantienen sobre Colón y sus contemporáneos son un caso de ello. ¿Pero qué conclusión interesante sigue de esta observación? Consideremos tres conclusiones que uno podría sonsacar.

Primero, puede que el ejemplo de Colón (o algún otro, más genuino ejemplo de error popular) muestre que la existencia de una creencia ampliamente compartida no provea de prueba definitiva de aquello que la mayoría cree, ya que hay algunos casos en los que estas creencias son falsas. Esto es obviamente correcto. Esto también es increíblemente poco interesante. Un mecanismo de formación de creencias no tiene que ser infalible para ser útil o racional. Todos o casi todos los métodos de formación de creencias son falibles, incluyendo la observación sensorial o razonamiento científico. Esto no muestra que debamos tachar la observación, ciencia, y casi todo como ‘falaz’.

Segundo, puede que propósito del argumento de Colón sea mostrar que la existencia de una creencia ampliamente compartida no provee ninguna evidencia en absoluto a favor de aquello que la mayoría cree. Esta conclusión es mucho más interesante. También es obviamente injustificado. La existencia de un solo error o incluso muchos errores producidos por cierta fuente de información no muestra que la fuente es completamente inútil. Para argumentar que la opinión popular es completamente inútil, uno debería argumentar que la opinión popular no es mejor que el azar -es decir, que las creencias ampliamente compartidas no son más certeras que afirmaciones sacadas al azar de un sombrero. Pero esta última afirmación es obviamente falsa.

Considere ahora un rango de casos en los que una pequeña minoría de personas están en desacuerdo con la mayoría. Una pequeña minoría de personas hoy en día piensan que la Tierra es plana, que los aterrizajes de la luna son falsos, o que las máquinas de moción perpetua son posibles; la mayoría están en desacuerdo. Unas pocas personas se creen Jesús, Napoleón o un superhéroe, mientras que aquellos a su alrededor no le creen. En todos estos casos, la mayoría está en lo cierto, y una minoría está equivocada. A veces, en una clase de ciencias o matemáticas, todos los estudiantes menos uno obtienen la misma respuesta a un problema en particular. A veces, hay un grupo de personas, que presenciaron un suceso, una persona recuerda el suceso diferente del resto. En casi todos los casos, otra vez, la mayoría está en lo cierto – el único que disiente ha cometido un error o se ha olvidado. La explicación es un mero hecho de probabilidad: para que la mayoría esté equivocada, el mismo error cognitivo o los mismos errores cognitivos produciendo el mismo resultado deben haber ocurrido muchas veces en diferentes cerebros. Para que una persona esté equivocada, sólo tiene que darse un error cognitivo. Esto último es generalmente más probable.

Tercero y final, puede que el propósito del argumento de Colón sea mostrar que apelar a la opinión popular no provee fuerte evidencia a favor de lo que la mayoría cree. Podría argumentarse que la opinión popular, mientras que es más fiable que el azar es, a pesar de esto, considerablemente poco fiable.

¿Pero qué podemos inferir de esto? Una posibilidad es que supuestamente deberíamos ver el ejemplo de Cristóbal Colón, y puede que otros casos similares, como que constituyen una gran muestra aleatoria de creencias populares, en las que un gran porcentaje (100%) resultan ser falsas. Esto mostraría seria evidencia de poca fiabilidad. Otra posibilidad es que supuestamente deberíamos reconocer, en base al previo conocimiento y experiencia, que el ejemplo de Colón es un caso típico de alguien en desacuerdo con la mayoría. La ‘muestra’ de creencias populares que se ofrecen en este tipo de argumento es comúnmente pequeña, y el método de muestreo es algo cercano a ‘selección deliberada de casos con la característica deseada’ en vez de ‘selección aleatoria’. Respecto a su prevalencia, ¿no es más común el solitario tarado conspiranoico en la oficina que insisten en que ‘el 9 de Septiembre fue una operación de bandera falsa’ y que el gobierno de EE.UU creó las ETS un ejemplo más común del que está en desacuerdo con la opinión de la gran mayoría que Cristóbal Colón? Basándonos en la experiencia del día a día, cuantos ‘conspiranoicos del 9 de Septiembre’ hay por cada Cristóbal Colón?7

Una vez nos damos cuenta que la opinión popular es en cierto grado relevante a la evidencia, es difícil no concluir que a menudo es altamente relevante. De nuevo, normalmente es menos probable que algún error cognitivo ocurra múltiples veces en vez de una. Si este es el caso, entonces es normalmente mucho menos probable que el error ocurra muchas más veces que ocurra un pequeño número de veces. (El principio es formalizado en el Teorema del Juzgado de Condorcet).8 Voy a analizar las posibles excepciones a esta regla a continuación.

6.2 Los experimentos de Milgram

6.2.1 El marco

Puede que el estudio psicológico sobre la obediencia y la autoridad más famoso sea el llevado a cabo por Stanley Milgram, en la Universidad de Yale, años 60.9 Milgram juntó voluntarios para participar, supuestamente, en un estudio de la memoria. Cuando cada sujeto llegaba al laboratorio se le pagaba 4,50$ (un pago razonable entonces), y se le decía que se lo podía quedar solo por presentarse. Otro ‘voluntario’ (de hecho un cómplice del experimentador) se encontraba presente. El experimentador (de hecho un profesor de instituto quién Milgram había contratado para que desempeñara el papel) informaba a ambos que participarían en un estudio de los efectos del castigo en el aprendizaje. Uno de ellos sería designado como el ‘profesor’ y el otro como el ‘alumno’. A través de una tirada amañada el sujeto ingenuo era seleccionado como el profesor, y el cómplice como el alumno.

El experimentador explicó que el profesor leería parejas de palabras al alumno, quien trataría de recordar cuál palabra estaba asociada con qué otra palabra. Entonces, el profesor preguntaría al alumno. Cada vez que el alumno diera una respuesta incorrecta el profesor debía administrar una descarga eléctrica, a través de un imponente generador de descargas eléctricas. Con cada respuesta incorrecta, las descargas incrementaban  en intensidad, empezando con una descarga de 15 voltios y incrementando en 15 voltios cada vez. El experimentador dio al profesor una descarga de 45 voltios como muestra (y para convencer a los sujetos de la autenticidad de generador de descargas eléctricas). Entonces el alumno mencionaba que tenía ciertos problemas cardíacos y preguntaba si el experimento era seguro. El experimentador le aseguraba que mientras que las descargas eléctricas podían ser dolorosas no eran peligrosas. El alumno era atado a una silla en otra habitación con un electrodo  a su muñeca, supuestamente conectado a generador de descargas eléctricas.

De forma preestablecida, el alumno cometería errores, llevando a descargas cada vez más potentes. Los interruptores en el generador de descargas eléctricas estaban etiquetados desde 15 voltios hasta 450 voltios, junto con etiquetas cualitativas desde ‘Ligera Descarga’ hasta ‘Peligro: Grave Descarga’, seguido por un siniestro ‘XXX’ bajo los dos últimos interruptores. Cada vez que el alumno hiciera un error, se suponía que el profesor debía utilizar el siguiente interruptor del generador de descargas eléctricas. A los 75 voltios, el alumno empezaba a gruñir de dolor. A los 150 voltios, el alumno se quejaba de que su corazón le estaba molestando y pedía ser liberado. Ruegos de este tipo continuaban hasta un grito agonizante a los 270 voltios. A los 300 voltios, la víctima no provee de más respuestas al test de memoria. El experimentador instruyó al profesor para tratar la falta de respuesta como una respuesta incorrecta y continuar administrando descargas eléctricas. La víctima seguía gritando y insistiendo que ya no quería participar en el experimento, quejándose otra vez de su corazón a los 330 voltios. Después de los 330 voltios, sin embargo, no se escucha nada más. Cuando el profesor llega al final, al interruptor de 450 voltios, el experimentador instruía al profesor que siguiera usando el interruptor de 450 voltios. Después de que el profesor administrase tres veces descargas de 450 voltios, el experimento finaliza.

Si en algún momento en este proceso el profesor expresaba reticencia a continuar, el experimentador empujaría al profesor con ‘Por favor, continúe’. Si el sujeto expresaba reticencia repetidamente, el experimentador le interrumpía con ‘El experimento requiere que continúe’, entonces ‘Es absolutamente esencial que continúe’. Si el sujeto aún resistía después de la cuarta respuesta, el experimento se interrumpía.

6.2.2 Predicciones

El alumno, por supuesto, realmente no recibió las descargas eléctricas. El verdadero propósito era determinar cuán lejos estaban los sujetos dispuestos a obedecer al experimentador. Si aún no estás familiarizado con el experimento, vale la pena tomar un momento para reflexionar, primero, sobre lo que piensas que sería la forma correcta de comportarse para el profesor, y segundo, lo que crees que la mayoría de gente de hecho haría.

En entrevistas postexperimentales se estableció que los sujetos estaban convencidos que la situación era la que aparentaba y que el alumno estaba recibiendo descargas eléctricas extremadamente dolorosas. Dado esto, el profesor claramente no debería continuar administrando descargas después de que el alumno demanda ser liberado. No hacerlo sería una seria violación de los derechos humanos de la víctima. En algún punto, el experimento para a ser tortura y posteriormente asesinato. Mientras que el experimentador tiene algún derecho a dirigir la realización del experimento, nadie diría que tiene el derecho a ordenar torturas y asesinato.

¿Qué habrías hecho si hubieras sido un sujeto en el experimento? Milgram describió el experimento a estudiantes, psiquiatras y a adultos corrientes y les preguntó tanto como se hubieran comportado si se encontraran en el experimento y como muchos otros se hubieran comportado.10 De 110 encuestados, cada uno dijo que ellos desafiarían en experimentado en algún momento, explicando sus razones en términos de compasión, empatía, y principios de justicia. La mayoría pensó que ellos se negarían a continuar más allá de la descarga de 150 voltios (cuando el alumno demanda por primera vez ser liberado), y nadie se vio a sí mismo yendo más allá de los 300 voltios (cuando el alumno rechaza contestar). Sus predicciones del comportamiento del resto solo eran ligeramente menos optimistas: los encuestado esperaban que sólo un extremo patológico de un 1-2 por ciento de la población procedería hasta los 450 voltios. Los psiquiatras que Mingram encuestó pensaron que solo uno de cada mil de los sujetos del experimento continuaría hasta el final del panel de descargas.

6.2.3 Resultados

El experimento de Milgram muestra algo sorprendente, no solo sobre nuestra disposición hacia la obediencia pero también sobre nuestra autocomprensión. Las predicciones de los psiquiatras, estudiantes y gente corriente sorprendentemente se encontraron muy lejos de la realidad. En el experimento, el 65 por ciento de los sujetos cooperaron plenamente, llegando a administrar la descarga de 450 voltios tres veces a una víctima aparentemente sin vida. Muchos sujetos protestaron y mostraron obvios signos de ansiedad y reticencia – pero en última instancia, hicieron tal y como se les dijo.

Milgram prosiguió el experimento enviando encuestas a los participantes. A pesar del estrés involucrado en el experimento, virtualmente nadie se arrepintió de haber participado. Aquellos que escuchan el diseño del experimento, sin haber participado, normalmente piensan, ‘Las personas no lo harán’ , y entonces, ‘Si lo hicieran no serían capaces de vivir con ello posteriormente’. Pero de hecho, Milgram informa que, los sujetos obedientes no tienen problemas en vivir con ello posteriormente, ya que estos sujetos en general racionalizan su comportamiento, después del hecho, de la misma forma que lo racionalizaron a lo largo del experimento: ellos sólo seguían ordenes.11

6.2.4. Los peligros de la obediencia

¿Qué lecciones podemos sacar de los resultados de Milgram? Una importante lección, la más destacada que presentó el mismo Milgram, es la del peligro inherente en las instituciones de autoridad. Ya que muchos individuos están dispuestos a ir aterradoramente lejos en satisfacer las demandas de las figuras de autoridad, las instituciones que crean figuras de autoridad reconocidas tienen el potencial de convertirse en maquinaria del mal. Milgram hace un paralelismo con la Alemania Nazi. Adolf Hitler, trabajando solo, puede que hubiera asesinado una docena o incluso unos pocos centenares de personas. Lo que le permitió ser uno de los mayores asesinos de la historia fue su posición de autoridad socialmente reconocida en la que consiguió posicionarse y la obediencia ciega que le fue rendida por millones de sujetos Alemanes. Al igual que ninguno de los sujetos de Milgram hubiera decidido por sí mismo ir a electrocutar a alguien, muy pocos Alemanes hubieran decidido, por sí mismos, ir a asesinar judíos. El respeto hacia la autoridad fue el arma de Hitler. Lo mismo es cierto para todos los grandes males perpetrados por la humanidad. Nadie ha sido capaz, por sí mismo, de matar más de un millón de personas, ni nadie ha conseguido organizar tal mal apelando al afán de lucro, puro interés, o persuasión moral para conseguir la cooperación de otros – excepto a través de apoyarse en instituciones de autoridad política. Con la ayuda de estas instituciones, se han llevado a cabo muchos de estos crímenes, contabilizando decenas de millones de muertes, junto con muchas más vidas arruinadas.

Es posible que estas instituciones también sirvan funciones sociales esenciales y prevengan otros enormes males. Incluso así, a la luz de los hechos empíricos, debemos preguntarnos si los humanos tienen una disposición demasiado fuerte a obedecer figuras de autoridad. Esto nos acerca a una lección relacionada que sugieren los resultados de Milgram: la mayoría de la disposición de la obediencia a la autoridad de las personas es más fuerte de lo que uno habría pensado a primera vista – y mucho más fuerte de la que uno posiblemente crea justificado.

6.2.5 La falta de fiabilidad de las opiniones sobre la autoridad

Otra lección interesante es esta: la experiencia de estar sujeto a una autoridad tiene una influencia distorsionadora en las percepciones morales de uno. Cualquiera que escuche del experimento correctamente percibe el imperativo moral, en algún momento, de rechazar las demandas del experimentador de continuar electrocutando a la víctima. Ninguna persona racional pensaría que la obediencia completa al experimentador era apropiada. Pero una vez la persona se encuentra en la situación, empieza a sentir la fuerza de las demandas del experimentador. Cuando Milgram pregunto a un sujeto obediente por qué no interrumpió el experimento, el sujeto replicó, ‘Lo intenté, pero él [señalando al experimentador] no me dejaba.’ El experimentador, de hecho, no usó fuerza alguna para obligar a los sujetos a continuar – aún así los sujetos se sintieron obligados. ¿Por qué? Por la mera autoridad del experimentador. Una vez una persona ha sido sujeta a esta autoridad y ha obedecido, la distorsión de la percepción ética continúa. El sujeto sigue encontrando sus acciones justificables o excusables en base a que él solo estaba siguiendo órdenes – incluso cuando nadie externo del experimento estaría de acuerdo.

El paralelismo con la Alemania Nazi se reafirma. Mientras que casi todos los observadores externos condenan las acciones de los Nazis (y no solo aquellas de Adolf Hitler, quién dió las órdenes finales), los oficiales Nazis famosamente se defendieron apelando a órdenes superiores. ¿Era esto simplemente una trama para escapar el castigo? Probablemente no; al igual que los sujetos de Milgram, los oficiales probablemente sintieron que tenían que obedecer las órdenes. En la memorable descripción por Hannah Arendt del caso, Adolf Eichmann pensaba que estaba cumpliendo con su deber en obedecer la ley de Alemania, que estaba intrínsecamente ligada a la voluntad del Führer; él se hubiera sentido culpable si no hubiera seguido la letra y espíritu de las órdenes de Hitler.12 Incluso más claramente, no se puede suponer que los soldados medios de Alemania eran mucho más malvados que los no alemanes, tal que independientemente querrían participar en el genocidio. Mientras el antisemitismo era rampante en Alemania, no llevó al asesinato en masa hasta que el gobierno ordenó los asesinatos. Sólo entonces, los soldados corrientes sintieron que los asesinatos estaban justificados o eran requeridos.

La historia recoge muchos casos similares. durante la guerra del Vietnam, una unidad del Ejército de los Estados Unidos llevó a cabo una masacre de centenares de civiles en My Lai. En uno de los crímenes de guerra más notorios de la historia de la nación, se reunieron a mujeres, niños y a ancianos indefensos y se les disparó en masa. De nuevo, los soldados involucrados alegaron que ellos solo seguían ordenes.13 Según se informa, un soldado lloró durante la masacre y a pesar de esto continuó disparando.14

La amplia aceptación de la autoridad política ha sido citada como evidencia de la existencia de autoridad política (legítima). La evidencia psicológica y histórica socava esta apelación. Los Nazis, los soldados estadounidenses en My Lai, y los sujetos de Milgram no se encontraban bajo la obligación de obedecer – justo lo contrario – y las órdenes que se les dieron eran claramente ilegítimas. Desde fuera de estas situaciones, podemos ver esto. Aún así, cuando se les confronta con las demandas de figuras de autoridad, los individuos en estas situaciones sienten la necesidad de obedecer. Esta tendencia está muy extendida entre los seres humanos. Ahora suponga, hipotéticamente, que todos los gobiernos fueran ilegítimos y que nadie estuviera obligado a obedecer sus órdenes (excepto cuando la orden coincide con requerimientos morales preexistentes). La evidencia psicológica y histórica no puede mostrar si esta radical hipótesis ética es cierta. Pero lo que la evidencia sugiere es que si esta hipótesis fuera cierta, es muy probable que, por lo general, nos sintiéramos obligados a obedecer a nuestros gobiernos. Esto es probable, ya que incluso personas sujetas a claros ejemplos de uso ilegítimo de poder aún se sienten obligados a obedecer. Y si sintiéramos este requerimiento a obedecer, es probable que esto nos llevara a pensar y decir que estamos obligados, y entonces –  en el caso de aquellos de mentalidad más filosófica entre nosotros – a diseñar teorías para explicar el por qué tenemos esta obligación. Es por esto, que la amplia creencia en la autoridad política no provee de fuerte evidencia a favor de que la autoridad política sea real, ya que al creencia puede ser explicada como producto de un sesgo sistemático.

6.3 Disonancia cognitiva

De acorde con la ampliamente aceptada teoría de la disonancia cognitiva, experimentamos una sensación incómoda cuando tenemos una o más cogniciones que están en conflicto o en tensión una con otra – y en particular cuando nuestro comportamiento o otras reacciones parecen entrar en conflicto con nuestra propia imagen.15 Tendemos a alterar nuestras creencias o reacciones para reducir la disonancia. Por ejemplo, una persona que se ve a sí misma como compasiva pero se encuentra que inflige dolor a otros va a experimentar disonancia cognitiva. Podría intentar reducir esta disonancia dejando de infligir dolor, cambiando su imagen de sí mismo, o adoptando creencias auxiliares para explicar porqué una persona compasiva podría infligir dolor en esta situación.

Festinger y Carlsmith proporcionaron una de las clásicas ilustraciones de la teoría de la disonancia cognitiva en un experimento llevado a cabo en los 50.16 Los sujetos debían hacer una tarea aburrida y repetitiva durante una hora, que pensaban que era el núcleo del experimento al que se habían prestado voluntarios. Al final de la hora, una de tres cosas ocurrían. Los sujetos en la condición de ‘Un Dólar’ se les pagaba un dólar para decirle a alguien (supuestamente a otro sujeto voluntario entrando) que la tarea había sido divertida y interesante. Los sujetos en la condición ‘Veinte Dólares’ se les pagaba veinte dólares para decir lo mismo. Finalmente, los sujetos en la condición de Control no se les pedía hacer nada y no dijeron nada de lo anterior. Después, se entrevistaba a los tres grupos respecto a lo que realmente pensaban de la tarea repetitiva que habían llevado a cabo por una hora. Los sujetos en la condición de Veinte Dólares tenían una opinión de la tarea ligeramente más favorable que aquellos en el grupo Control – tanto como de divertida era la tarea como su disposición de participar en un experimento similar en el futuro. Los sujetos en la condición de Un Dólar, sin embargo, tenían una opinión mucho más favorable de estas cosas que el grupo Control o el grupo Veinte Dólares. Por lo tanto, pagar a los sujetos más resultó en un menor cambio de sus actitudes hacia la tarea.17

Festiner y Carlsmith explican los resultados de la siguiente forma. La mayoría de personas generalmente no piensa de sí misma que son unos mentirosos. En consecuencia, si descubren que la tarea que llevan a cabo era divertida, van a experimentar disonancia cognitiva. Si la tarea no era divertida, porque dijeron que lo era? Los sujetos en la condición de Veinte Dólares podían explicar esto a ellos mismos: habían mentido para obtener el dinero. Pero para los sujetos en la condición de Un Dólar, esta explicación era menos satisfactoria. Ya que un dólar era una pequeña cantidad de dinero, parecía una motivación menos adecuada  para mentir.18 Es por esto que los sujetos en la condición de Un Dólar se encontraban bajo mayor presión en creer que la tarea era divertida.

En otro experimento, los voluntarios eran llamados a participar en una discusión de grupo sobre la psicología sexual.19 Cada voluntario era sujeto a una de tres condiciones: los sujetos en la condición Leve se sometieron a un leve rito de iniciación embarazoso para pasar a formar parte del grupo (tenían que leer algunas palabras sexuales, aunque no obscenas, en voz alta). Los sujetos en la condición Dura se sometieron a un rito de iniciación altamente embarazoso (tenían que leer palabras obscenas en voz alta, seguidas por pasajes pornográficos). Los sujetos en la condición de Control no tenían ningún rito de iniciación. Todos los sujetos escucharon una grabación, supuestamente de un grupo de debate en progreso. El debate fue intencionalmente diseñado para ser tan aburrido y inútil como fuera posible. Se les pidió a los sujetos que evaluaran el grupo de debate. Intuitivamente, uno podría esperar que la embarazosa iniciación habría dejado a aquellos en la condición Severa con sentimientos negativos, llevando a evaluaciones más duras del grupo de debate. De hecho, los sujetos de la condición Dura tenían significativamente mejores opiniones del grupo de debate que aquellos en la condición de Control o Leve.20

Este y otros estudios muestran que las personas tienden a ajustar sus creencias y valores para que ellos mismos y sus decisiones parezcan mejores.21 Lo mismo era cierto de los sujetos de Milgram. Antes de participar en el experimento, casi nadie consideraría la obediencia en este escenario como moralmente aceptable. Pero después, muchos de los sujetos obedientes encontraron su comportamiento aceptable.

Este principio psicológico genera un sesgo a favor de reconocer la autoridad política. Casi todos los miembros de sociedades modernas se han sometido frecuentemente a las demandas de sus gobiernos, incluso cuando estas demandas requerían acciones que de otro modo estarían fuertemente poco dispuestos a realizar. Por ejemplo, la mayoría ha pagado grandes cantidades de dinero al Estado para satisfacer sus demandas impositivas. ¿Cómo podemos explicar a nosotros mismos por qué obedecemos? Podríamos explicar nuestro comportamiento citando el miedo al castigo, hábito, el impulso hacia la conformidad social, o un general impulso emocional hacia obedecer a quien sea que tenga el poder. Es mucho más placentera la explicación de que obedecemos porque somos ciudadanos concienciados y preocupados, y hacemos grandes sacrificios para cumplir con nuestro deber y servir a nuestra sociedad.22 Las justificaciones filosóficas de la autoridad política parecen estar diseñadas para reforzar justamente esta imagen.

Una razón para dudar de este punto de vista sobre nuestras razones para la obediencia, es que se podría esperar que, aquellos individuos altamente concienciados y preocupados, donen grandes cantidades de dinero a organizaciones que buscan aliviar la hambruna y otros grupos (no gubernamentales) caritativos. Estos argumentos para una obligación de donar a estas organizaciones caritativas son mucho más convincentes que los argumentos para la obligación política.23 Aún así, para la mayoría de personas, los ‘sacrificios’ extremadamente grandes se hacen habitualmente sólo cuando son ordenados por una figura de autoridad y sus órdenes están respaldadas por una seria amenaza de castigo. Muy pocas personas dan voluntariamente a caridad nada parecido a la cantidad de dinero que le dan al Estado.

Pero tanto tanto si nuestro comportamiento es motivado por la compasión y un sentido del deber como si no, es probable que generalmente deseamos creer que lo es. Para creer esto, debemos aceptar una doctrina básica de la obligación política, y debemos aceptar la legitimidad de nuestro gobierno.

6.4 La prueba social y el sesgo del status quo

La ‘carga social’ es una expresión irónica con la intención de describir el efecto persuasivo en un individuo de la opiniones expresadas de un grupo.24 En un experimento clásico, Solomon Asch reunió a sujetos para lo que ellos pensaban que era un test de agudeza visual.25 Cada sujeto era sentado en una habitación con otras personas, supuestamente con otros sujetos como él. Se mostraba una serie de cartas al grupo, cada una de ellas tenía una única línea vertical (la ‘línea por defecto’) y tres líneas de comparación en la derecha. La tarea del sujeto era identificar cuál línea de comparación era de la misma medida que la por defecto. Las personas en la habitación debían reportar sus juicios visuales en serie, en voz alta, mientras el experimentador los gravaba.

De hecho, el experimentador de antemano había hablado con todas las personas menos una, instruyéndolos para dar la misma, incorrecta, respuesta por 12 de las 18 preguntas de comparación de la línea. El sujeto ingenuo no sabía esto y tomó las respuestas reportadas como si expresaran las creencias reales de los otros miembros del grupo. El propósito era observar cómo los sujetos ingenuos reaccionarían al conflicto entre la evidencia de sus sentidos y la opinión unánime del grupo.

Las comparaciones de línea fueron escogidas de forma que, bajo circunstancias normales, las personas serían más que un 99 por ciento fiables en la tarea de comparación. Bajo la engañosa influencia del grupo, sin embargo, la fiabilidad de los sujetos ingenuos cayó a un 63 por ciento. Tres cuartos de los sujetos ingenuos cedió a la presión de grupo en una de las doce preguntas como mínimo. En entrevistas post-experimentales, Asch identificó tres razones para esto. Algunos sujetos creyeron que el grupo estaba equivocado pero fueron con el grupo por miedo a sobresalir o quedar mal enfrente del resto. Estos sujetos estaban simplemente mintiendo. Un grupo muy reducido de sujetos ingenuos aparentaban no ser conscientes que nada fue mal – por lo que los experimentadores podían ver, incluso después de que se informara a los sujetos de la naturaleza de experimento, estos sujetos pensaron que las respuestas del grupo parecían visualmente correctas.

Aún así, entre el resto de sujetos que cooperaron con los errores de la mayoría en al menos algún instante, la respuesta más común era que pensaban que el grupo tenía que tener razón y que su percepción visual era, de alguna forma, deficiente. No es irrazonable pensar esto. Es más probable, a primera vista, que la visión de uno es de alguna forma más deficiente que las otras siete personas están todas mintiendo o percibiendo mal.

Nuestra preocupación, sin embargo, no es la cuestión de lo que uno debería pensar si se encuentra en esta estrafalaria situación. Mi objetivo en relatar este experimento es hacer saliente la fuerte influencia que las creencias y actitudes de otros tienen sobre nuestras propias creencias y actitudes. El experimento de Asch provee de una ilustración particularmente llamativa de esta influencia. Pero esta influencia ya es sin duda familiar para el lector.

Estrechamente relacionada con la prueba social es el fenómeno del sesgo del status quo. La prueba social nos convence que lo que los otros creen debe ser verdad. El sesgo del status quo nos convence que lo que nuestra sociedad práctica debe ser correcto. La demostración más obvia y potente de ambas fuerzas la provee el fenómeno de la cultura. Muchas de las culturas del mundo incluyen creencias y prácticas que nos parecen estrafalarias, absurdas, o horribles, como la creencia que el aire y la humedad yacieron para crear la Tierra26 o la práctica del canibalismo o el sacrifico humano. Aún así los miembros de esas sociedades generalmente adoptan sus creencias culturales y mantienen sus prácticas culturales como obviamente correctas. Sería eludir la cuestión decir, ‘Bien, las personas en el resto de sociedades deben ser terriblemente ignorantes.’ Los forasteros considerarían muchas de las creencias de nuestra cultura y prácticas como estrafalarias, absurdas, o inmorales (en algunos casos, con razón). La conclusión a sacar es que los seres humanos tienen una poderosa tendencia a ver las creencias de su propia sociedad como obviamente ciertas y las prácticas de su propia sociedad como correctas y buenas – independientemente de lo que estas creencias o prácticas sean.27

¿Que nos dice esto sobre la creencia en la autoridad política? El gobierno es una característica extremadamente prominente y fundamental en la estructura de nuestra sociedad. Sabemos que las personas tienden a tener un fuerte sesgo a favor de los los arreglos existentes en sus propias sociedades. Por lo tanto, es razonable que, tanto sea o no cualquier gobierno legítimo, muchos de nosotros tendríamos a tener una fuerte tendencia a creer que algunos gobiernos son legítimos, especialmente el nuestro y otros similares.

6.5 El poder de la estética política

Los gobiernos modernos se apoyan en una rica colección de herramientas no racionales, incluyendo símbolos, rituales, historias y retórica, para inducir a los ciudadano un sentido del poder y autoridad del gobierno.28 Este sentido de la autoridad es emocional y estético en vez de intelectual, pero se puede esperar que influencie nuestras creencias conscientes a través de nuestras intuiciones.

6.5.1 Símbolos

Cada gobierno nacional en el mundo tiene una bandera. Muchos tienen símbolos nacionales. Los gobiernos adornan sus divisas con símbolos varios; en los Estados Unidos, por ejemplo, los billetes de un dólar llevan un retrato de George Washington, el sello del departamento del Tesoro y el Gran Sello de los Estados Unidos. Las estatuas y monumentos conmemoran gente importante y eventos en la historia de la nación.

¿Qué función sirven todos estos símbolos? ¿Por qué no transmitir la información de forma puramente intelectual, estéticamente neutral? En vez del Gran sello de los Estados Unidos, el billete de un dólar podría simplemente contener las palabras, ‘Esto es dinero Americano.’ En vez de ondear la bandera Americana, los edificios gubernamentales podrían mostrar un signo que leyera, ‘Esto es un edificio del gobierno de los EE.UU.’ En lugar de monumentos, se podría hacer accesibles libros, que describieran desapasionadamente los hechos históricos relevantes. ¿Por qué serían estas alternativas menos satisfactorias que los símbolos actualmente usados? La respuesta es que los símbolos son usados para crear un sentido de identidad nacional a través de apelar a las emociones de la audiencia.

Los uniformes son otro tipo de símbolo, usado para adornar los cuerpos de los agentes del gobierno. Los agentes de policía llevan uniformes con insignias de rangos. Todos estos son  símbolos del particular tipo y rango de autoridad que el agente del gobierno se supone que tiene. No sería suficiente para el agente simplemente llevar un signo como una etiqueta, que lea ‘juez’ o ‘agente de policía’ o ‘capitán’. Estos signos comunicarían el mismo contenido cognitivo pero no el contenido emocional o estético que el atuendo especial que actualmente se usa. La túnica del juez hace que el espectador se sienta de cierta forma – engendran un sentimiento de respeto y un sentido de autoridad de quien lo lleva. Los psicólogos han encontrado que el mero hecho de llevar un uniforme, incluso un uniforme inventado sin ningún significado real, incrementa la obediencia de otros a las órdenes del portador.29

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La arquitectura también puede ser usada para simbolizar poder y autoridad. La Figura 6.1. muestra el  edificio del capitolio de Colorado, que es común de los edificios de capitolio de los Estados Unidos. La arquitectura es mayoritariamente de estilo tradicional, con anchas columnas delante. Estas columnas no necesitan aguantar nada; existen para el efecto estético y emocional, muy probablemente para dar al edificio una apariencia sólida y tradicional. En frente del edificio hay una estatua de un soldado, recordando a los visitantes de aquellos que han luchado por el Estado. A la derecha y izquierda hay cañones (no funcionales), simbolizando el poderío militar del Estado. El edificio se encuentra en una colina de forma que los visitantes miran arriba hacia el edificio mientras se aproximan a este y deben subir una serie de peldaños para llegar a su puerta. Las puertas son de un tamaño mucho mayor que un ser humano, y una vez dentro, el visitante se encuentra con techos abovedados tres o cuatro veces más altos que el típico ser humano. En Denver hay edificios mucho más grandes que el capitolio pero puede que ninguno sea tan exitoso en hacer sentir pequeño al visitante. Todo esto enfatiza el poder del Estado y crea cierta disposición hacia la sumisión respetuosa por parte del visitante.

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La Figura 6.2. muestra el interior de otro interesante edificio gubernamental, la corte. El juez se sitúa al centro y a la derecha, en una plataforma, permitiendo que literalmente mire por encima al resto de ocupantes de la sala. Esta no es la única manera concebible de organizar una corte – por ejemplo, el estrado de los testigos podría situarse al centro, de forma que toda la atención se centrara en los testigos. O, el juez, fiscal y la defensa podrían estar sentados en un círculo. Pero estos arreglos alternativos no crearían el deseado sentido de poder y autoridad del juez.

6.5.2 Rituales

En muchas sociedades, parece que sea necesario un ritual especial cuando un nuevo líder accede al poder. Cuando se traspasa el poder a un nuevo presidente de los Estados Unidos de América, se lleva a cabo una ceremonia pública de juramento. La ceremonia involucra una serie de palabras y posturas específicas y estilizadas. El nuevo presidente posa su mano izquierda en la Biblia, sugiriendo una vigilancia divina del acto, y levanta su mano derecha con el brazo doblado por el codo. Entonces, repite exactamente las palabras del juez, normalmente el Presidente del Tribunal Supremo, formulando el juramento: ‘Yo, [nombre completo del presidente electo] juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos, y hasta el límite de mi capacidad, preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos.’ Inmediatamente después del juramento, el Presidente del Tribunal Supremo se dirige al nuevo presidente como ‘Sr. Presidente’. El juramento es seguido por un discurso y un desfile.

¿Qué función sirve este ritual? A primera vista, la función es asegurarse que el nuevo presidente va a servir fielmente y preservar la Constitución. Pero este es un método muy débil de procurar ese resultado. Si un presidente tiene en mente servir de forma no fiel o violar la Constitución, es improbable que su memoria de prometer no hacerlo sea la fuerza que le haga detenerse. La ceremonia de toma de posesión es principalmente para impresionar emocionalmente. Es como un conjuro mágico que confiere poder y autoridad a un nuevo presidente de forma que, justo cuando termina las palabras del juramento, la persona se convierte en presidente.

Si el gobierno quiere garantizar la apariencia de autoridad, sus miembros deben estar a parte y por encima de la curso ordinario de las personas. No deben verse simplemente con gente con pistolas que fuerzan al resto de personas a obedecerlos. El tipo particular de estos rituales no importa; lo que importa es que haya algún ritual reconocible y conectado con el ejercicio de poder. En las sociedades primitivas, esos rituales se pensaba que de hecho involucraban poder mágico. Entre los espectadores modernos, los rituales tienen efecto a un nivel emocional, semiconsciente.

Otro contexto repleto con simbología y ritual es la sala de justicia. Se requiere que los ocupantes se levanten cuando el juez entra en la sala, simbólicamente reconociendo el autoridad superior del juez. Los juramentos de solemnidad son administrados a los miembros del jurado y testigos, comúnmente incluyendo las palabras ‘con la ayuda de Dios’, invocando la supervisión divina del procedimiento judicial. Los testigos se sientan en un compartimiento especial al lado del juez, llamado ‘estrado de los testigos’. En vez de ser llamado por su nombre, al juez se le refiere como ‘su señoría’ o ‘la corte’, los abogados como ‘letrado’, y el acusado como ‘el encausado’.

Una gran cantidad de lenguaje especializado se usa en preferencia al simple inglés. Una serie de reglas complejas deben seguirse con respecto a quién se le permita hablar en un momento dado y de lo que se les permite hablar. Todo procede en un orden específico, ordenado de antemano. Ninguna de estas cosas son requeridas por cuestiones utilitarias de un procedimiento dedicado a decidir si y cómo castigar a alguien. Su función es ritualizar todo el procedimiento. Más rituales siguen cuando el jurado retorna, se lee el veredicto, y el juez sentencia el encausado. La ceremonia finaliza con el golpe del mazo del juez.

¿Porqué las cortes son tan ritualistas? Puede que porque es aquí donde el Estado está más preocupado en presentar su coacción como justicia. Es aquí donde los agentes del estado mayoritariamente confrontan a aquellos que han desobedecido el Estado y es aquí donde esos agentes directamente ordenan que se infligen serios daños a individuos específicos como castigo de su desobediencia. El proceso no debe ser visto sólo como un grupo de personas que han decidido lastimar a otras persona ya que no les gustaba algo que esta hizo. Los rituales crean una sensación de autoridad del juez y de todo el proceso como algo profundo, sofisticado y digno de respeto – y algo gobernado por normas que van más allá de los meros deseos de las personas llevando a cabo el proceso.

6.5.3 Lengua de autoridad

Un aspecto poco apreciado de la estética política es el uso peculiar de lenguaje por figuras de autoridad. Considere el siguiente parágrafo del Código de los Estados Unidos:

Si dos o más miembros de la misma familia adquieren intereses en cualquier propiedad descrita en el paràgrafo (1) en la misma transacción (o una serie de transacciones relacionadas), la persona (o personas) adquiriendo intereses a largo plazo en tal propiedad debe ser tratada como habiendo adquirido toda la propiedad y entonces transfiriendo toda a otras personas los intereses adquiridos por tales otras personas en la transacción (o serie de transacciones). Tal transferencia debe ser llevada a cabo en contraprestación de la consideración (si hay alguna) provista por tales otras personas para la adquisición de sus intereses el tal propiedad.30

Cierto es que, este parágrafo ha sido tomada de una parte de la ley con una particular reputación de incompresibilidad, el Código Tributario. Aquí tenemos una ley más comprensible:

Ninguna persona deberá situar, usar, dejar, almacenar o mantener ningún mobiliario tapizado no fabricado para uso de exteriores, incluyendo, sin limitación, sillas tapizadas, sofás tapizados, y colchones, en cualquier de las áreas situadas el los siguientes lugares:

  1. En cualquier patio delantero;
  2. En cualquier patio lateral;
  3. En cualquier patio trasero o cualquier patio adyacente a una vía pública. Sin embargo, un callejón no debe ser considerado ‘vía pública’ para el objeto de esta subsección; o en cualquier porche, cubierto o descubierto, situado en o adyacente a cualquier de los patios descritos en los parágrafos (1) a (3) de arriba.31

Los escritos de abogados, jueces y legisladores son tan distintivos que comúnmente se les refiere como ‘jerga legal’, como si fuera un lenguaje propio. Este lenguaje tiene un tono distintivo que es altamente formal, desapasionado y técnico. Las frases son largas y abstractas, con múltiples cláusulas. En el anterior ejemplo del Código Tributario, la frase tiene 69 palabras (como comparación, la frase media de un libro contiene 21 palabras). Hay frecuentes referencias cruzadas a otras leyes. Comúnmente hay disyunciones y conjunciones largas y aparentemente redundantes, como ‘cualquier porche, cubierto o descubierto’, ‘debido proceso’, y ‘intereses a largo plazo’. Palabras corrientes son usadas de forma técnica, como con ‘consideración’ o ‘descubrimiento’. Se preservan usos arcaicos, como en el uso de ‘tal’ en ‘tal transferencia’, o términos como ‘consabido’ y ‘adjunto’. El vocabulario técnico frecuentemente se basa en el Latín y otras lenguas extranjeras, como con los términos mens rea, certiorari, y en banc.

¿Cual es el efecto de esta forma peculiar de hablar y escribir? Primero y ante todo, las leyes y documentos legales son frecuentemente incomprensibles para las gentes comunes. Nuestra inhabilidad para comprender la ley nos hace reticentes a cuestionarla, mientras que su misma incomprensión confiere una aire de sofisticación  y superioridad tanto a la ley como a los legisladores. Las personas tienden a sentir respeto para aquellas cosas que no pueden comprender, al igual que las personas que tratan con tales cosas. Este tipo de respeto es importante si uno está intentando convencer a otros que accedan a su dominio.

Otro efecto del lenguaje legal es distanciar emocionalmente el autor, tanto del sujeto en cuestión como de su audiencia. El autor puede desear distanciarse de la audiencia para mantener una sensación de superioridad. El autor también puede desear distanciarse emocionalmente del sujeto en cuestión, ya que la cuestión entre manos, en lenguaje legal, involucra órdenes de agentes del Estado hacia otros seres humanos, respaldadas por amenazas de violencia contra aquellos que desobedezcan. Normalmente, ordenar que se haga daño, por la fuerza, a otras personas sería un trabajo estresante (independientemente de si las víctimas se merecen ser lastimadas). El lenguaje técnico y abstracto ayuda a la audiencia y al autor olvidar que esto es lo que está ocurriendo, y filtra el impacto emocional de emitir amenazas coercitivas contra otras personas.

Un uso del lenguaje similar es comúnmente usado por terroristas dedicados a diseñar recomendaciones y justificación para el ejercicio de poder. Los filósofos políticos contemporáneos más respetados comúnmente utilizan lenguaje que recuerda a la jerga legal. Considere un parágrafo representativo del pensador político más célebre de nuestros tiempos, John Rawls:

Deseo comentar ahora la segunda parte del segundo principio, que de ahora en adelante llamaremos el principio liberal de la justa igualdad de oportunidades. No se le debe confundir con la noción de los puestos abiertos a las capacidades; tampoco ha de olvidarse que puesto que está vinculado al principio de diferencia, sus consecuencias serán muy distintas de las de la interpretación liberal de los dos principios tomados en conjunto. En particular, trataré de mostrar más adelante (§ 17) que este principio no está sujeto a la objeción que conduce a una sociedad meritocrática. Deseo considerar aquí algunas otras cuestiones, en especial su relación con la idea de la justicia puramente procesal.32

El tono de este tipo de obras filosóficas es formal y carente de emociones. La prosa se encuentra repleta con términos técnicos que suenan solemnes, como ‘justicia puramente procesal’, ‘el principio liberal de la justa igualdad de oportunidades’ y demás. Se pone gran atención a los procesos abstractos descritos y a las conecciones y distinciones entre principios abstractos. En el caso de Rawls, hay frecuentes referencias cruzadas, como en la anterior referencia a la sección 17. Algún vocabulario es ligeramente arcaico, como en el previo uso de ‘de ahora en adelante’ [en la versión inglesa se usa ‘henceforth’]. Se hace uso de palabras extra de forma que se pueda formular una afirmación de forma más débil o de forma más indirecta, como con el anterior uso de ‘Deseo comentar ahora…’ La anterior cita, en su totalidad, sirve literalmente como aclaramiento de garganta, una preparación para comentar lo que el autor realmente quiere comentar. Todo esto tiene el efecto de drenar la discusión de influencias emocionales – o más precisamente, de redirigir la mente del lector hacia sentimientos más ordenados y tratables.

No afirmo que Rawls u otros filósofos conscientemente hayan buscado lograr estos efectos con sus escritos Lo que afirmo es que ciertos estilos de redacción, ejemplificado tanto por documentos legales como por algunas obras filosóficas, tienen el efecto de debilitar objeciones emocionales a la aceptación de la autoridad Estatal y fomentar actitudes de respeto y sumisión a instituciones convencionales de poder. Sirven para vestir el debate sobre quién debería ser sujeto de violencia con sombrías y civilizadas prendas.

6.6 El síndrome de Estocolmo y el carisma del poder

6.6.1 El fenómeno de síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo lleva su nombre por un  suceso que ocurrió en Estocolmo, Suecia, en 1973. Un par de ladrones de bancos retuvieron de rehenes cuatro trabajadores del banco por seis días. Durante la pesadilla, los rehenes establecieron vínculos afectivos con sus captores, se pusieron de lado de los secuestradores contra la policía y aparentemente no querían ser rescatados. En un momento dado, un rehén dijo que los ladrones los estaban protegiendo de la policía. El último día, la policía usó gas lacrimógeno para forzar a todo el mundo fuera del banco, los rehenes rehusaron abandonar el edificio sin los secuestradores, temiendo que si lo hacían, los policías dispararían a los secuestradores. Una vez terminó todo, las víctimas continuaban simpatizando con y defendiendo a los criminales.33 Desde entonces, el término ‘síndrome de Estocolmo’ ha sido usado para describir los vínculos emocionales que las víctimas a veces forman con los secuestradores.34 El término comúnmente es extendido a una clase más amplia de casos en los que una persona o grupo es sujeto a la voluntad de otra.

Un caso más extremo fue el de Patricia Hearst, quien fue secuestrada en 1974 por un grupo terrorista de izquierdas en California que se hacía llamar Ejército Simbionés de Liberación (SLA). Durante dos meses, Hearst fue mantenida prisionera en un armario y abusada física y sexualmente. Entonces ella se unió al grupo y voluntariamente les ayudó a llevar a cabo crímenes, incluyendo el robo de un banco. No hizo ningún intento para escapar cuando se le presentó la oportunidad. Después de su eventual captura por parte de la policía, Hearst afirmó que la SLA le había lavado el cerebro.35

Un caso más reciente es el de Jaycee Lee Dugard, quien fue secuestrada a la edad de 11 por el ex-convicto Phillip Garrido. Garrido la violó y la mantuvo cautiva en una choza de su patio trasero. La policía finalmente encontró a Jaycee en 2009, dieciocho años después del secuestro. Ella vivió con Garrido todo esos años y ahora tenía dos hijas cuyo padre era Garrido. Durante ese tiempo, Dugard ayudaba a Garrido con sus tareas domésticas, atendiendo a pedidos por teléfono y correo electrónico. Ella se encontró con clientes, a solas, en la puerta. Ella incluso había salido fuera en público. En resumen, Jaycee Dugard tuvo numerosas oportunidades a lo largo de los años de escapar o pedir ayuda externa, pero nunca lo hizo.36 Tan seguro se encontraba Garrido en su relación con Dugard que la llevó a ella y a sus hijas a un encuentro con su agente de libertad condicional. En esa reunión, Dugard le dijo al agente que Garrido era una gran persona, y intentó protegerlo ocultando su propia identidad.37

Un número de casos similares han ocurrido a lo largo de los años. Se dice comúnmente que estos son los cuatro precursores para el desarrollo del síndrome de Estocolmo: primero, el captor presenta una increíble amenaza para la vida de la víctima cautiva. Segundo, la víctima perciba alguna forma de aprecio por parte de su captor. No obstante, su ‘aprecio’ puede consistir solo en una relativa ausencia de abuso o reticencia de matar la víctima. En algún punto durante la crisis de rehenes de Estocolmo, uno de los ladrones de banco estaba planeando disparar a una rehén en la pierna para que la policía tomara sus demandas más seriamente (el tiro nunca ocurrió). En el momento, el rehén que iba a ser disparado pensó que el ladrón era amable por solo planear dispararlo en la pierna y no matarlo.38 Tercero, la víctima es aislada del mundo exterior y sujeta sólo a la perspectiva de su captor. Cuarto, la víctima se va a si misma incapaz de escapar.

Bajo esas condiciones, los rehenes son propensos a una serie de reacciones que a las personas ajenas les parecen paradójicas, incluyendo:

  • Cercanía emocional con los secuestradores;
  • Sentimientos de lealtad hacia los secuestradores, que pueden continuar incluso después que las víctimas son liberadas;
  • Adopción de las actitudes y creencias del captor;
  • Percepción de los captores como protectores y de las fuerzas tratando de liberar al rehén como una amenaza;
  • Fracaso de tomar ventaja de oportunidades de escapar;
  • Gratitud hacia los captores por pequeñas muestras de afecto y ausencia de abuso. Los rehenes frecuentemente sienten que les deben su vida a los captores;
  • Una tendencia de negar o racionalizar los actos de violencia de los captores.39

Algunos han sugerido que las víctimas regresan a un estado infantil, con el captor sirviendo de figura paterna.40

6.6.2 ¿Por qué ocurre el síndrome de Estocolmo?

Hay pocos estudios académicos de fenómeno, en parte porqué los psicólogos no pueden crearlo en el laboratorio, y las explicaciones teóricas son especulativas. Pero una plausible explicación adscribe al síndrome a un mecanismo de defensa inconsciente. Cuando uno se encuentra completamente bajo control de una persona peligrosa, la supervivencia de uno puede depender en desarrollar características agradables para el captor. Esto incluye la dependencia sumisa, tanto como sentimientos de simpatía y cariño hacia el captor. Las víctimas no escogen conscientemente adoptar esas características, ni pretenden adoptarlas. Simplemente se encuentran teniendo esas emociones y actitudes.41 Si este es un mecanismo de supervivencia, hay evidencia de que es efectivo: después de su arresto, uno de los ladrones de Estocolmo relató que no pudo matar ninguno de los rehenes a causa del vínculo emocional que había formado con ellos.42 Para esta razón, el FBI anima el desarrollo del síndrome de Estocolmo en tomas de rehenes.43

La existencia de este mecanismo de defensa puede ser explicado en términos evolutivos: durante la historia de las especies, ha sido común por una persona o grupo concentrar una gran cantidad de poder sobre los demás. Aquellos que enojaban al grupo o persona poderosa era más probable que les mataran o sinó lastimaran. Aquellos que complacían a los poderosos tenían más posibilidades de sobrevivir y prosperar bajo el favor de los poderosos. Es plausible suponer que características del tipo de las del síndromes de Estocolmo serían complacientes para los poderosos. Entonces, la evolución podría haber seleccionado para una tendencia a desarrollar esas características en las circunstancias apropiadas.

6.6.3 ¿Cuando ocurre el síndrome de Estocolmo?

Podemos explicar en términos de la anterior teoría las condiciones bajo las cuales es más probable desarrollar el síndrome de Estocolmo. Estas condiciones incluyen las siguientes.44:

  1. El agresor posa una amenaza creíble y seria para la víctima. Es esta situación que hace algún mecanismo de defensa necesario. El síndrome de Estocolmo involucra cambios extremos en las actitudes de la víctima, que tienen serios potenciales costes (por ejemplo, uno puede terminar uniéndose a los planes terroristas del agresor). Por lo tanto, deberíamos esperar que esos cambios sólo ocurren cuando hay una seria amenaza.45
  2. La víctima se percibe a sí misma como incapaz de huir. Las víctimas que pudieran escapar preferirían esa opción por encima de establecer lazos afectivos con el agresor.
  3. La víctima no es capaz de imponerse al agresor o defenderse efectivamente del agresor. Si uno tiene la opción de neutralizar el poder del agresor, esto sería claramente preferible a establecer lazos afectivos con el agresor.
  4. La víctima perciba alguna muestra de aprecio por parte del agresor, incluso si sólo se manifiesta en una ausencia de abuso. Esta es la circunstancia que hace que la estrategia de establecer lazos afectivos con el agresor podría ser exitosa. Los agresores que son puramente abusivos no es probable que sean ‘conquistados’ si la víctima desarrolla afecto por ellos.
  5. La víctima está aislada del mundo exterior. Cuando una persona o grupo de personas son mantenidas cautivas por un agresor, los forasteros típicamente tendrán una imagen muy negativa del agresor. En cualquier comunicación con las víctimas, los forasteros es probable que expresen pensamientos y sentimientos negativos sobre el agresor. El síndrome de Estocolmo es, por lo tanto, más probable que se desarrolle en ausencia cuando ese tipo de influencia contraria.

Aunque el término ‘síndrome de Estocolmo’ apareciera en el contexto de situaciones involucrando la toma de rehenes o el secuestro, las condiciones listadas más arriba pueden darse en una variedad de casos. En cualquier situación en la que esas condiciones se den, podemos esperar encontrar fenómenos similares involucrando la identificación con el agresor por parte de la víctima. En consecuencia, los síntomas del tipo del síndrome de Estocolmo han sido observado en una variedad de grupos, incluyendo campos de concentración, miembros de sectas, civiles el prisiones comunistas Chinas, prostitutas atadas a proxenetas, víctimas de incesto, mujeres maltratadas, prisioneros de guerra y víctimas de abuso infantil.46

6.6.4 ¿Los ciudadanos corrientes son propensos al síndrome de Estocolmo?

¿Son los ciudadanos de gobiernos bien establecidos susceptibles al síndrome de Estocolmo? Considere las siguientes cinco condiciones:

  1. El agresor posa una amenaza creíble y seria para la víctima. Todos los gobiernos modernos controlan sus poblaciones a través de amenazas de violencia. En algunos casos, su capacidad para la violencia es asombrosa. El gobierno de EE.UU, por ejemplo, posee suficientes armas para matar a todas las personas en el mundo. A menor escala, los gobiernos tienen un aparato de encarcelamiento de individuos para largos periodos de tiempo, y hacen uso de este aparato de forma regular. Para aquellos que resisten su captura, los gobiernos tienen herramientas de uso de la fuerza física impresionantes y hasta incluir la fuerza letal.
  2. La víctima se percibe a sí misma como incapaz de huir. Escapar del gobierno bajo el que uno se encuentra tiende a ser difícil y costoso, comúnmente requiere abandonar la familia y amigos de uno, el trabajo, y la sociedad entera en la que se encuentra. Incluso para aquellos dispuestos a tolerar tales costes, sólo pasarán a ser sujetos a otro gobierno. Escapar del gobierno en general, es virtualmente imposible.
  3. La víctima no es capaz de imponerse al agresor o defenderse efectivamente del agresor. Es virtualmente imposible que ningún individuo se defienda efectivamente contra la mayoría de gobiernos modernos, para no hablar de vencerlos.
  4. La víctima perciba alguna muestra de aprecio por parte del agresor, incluso si sólo se manifiesta en una ausencia de abuso. La mayoría de ciudadanos perciben sus gobiernos como beneficiosos dados los servicios sociales que provee. Algunos sienten que su gobierno es bueno ya que no abusa de su poder tanto como otros gobiernos lo han hecho a lo largo de la historia.
  5. La víctima está aislada del mundo exterior. En el caso de ciudadanos de la nación-estado moderno, puede que el ‘mundo exterior’ consista de países extranjeros. La gran mayoría de personas, en particular democracias liberales avanzadas, tienen acceso a perspectivas del mundo exterior en este sentido, si deciden consultarlas. Aún así, hay dos razones por las cuales este hecho puede fracasar en prevenir el desarrollo del síndrome de Estocolmo. Primero, nuestro uso actual de esas perspectivas externas es limitada. La gran mayoría de personas obtienen la gran mayoría de información de fuentes de dentro de su propio país. Segundo, las fuentes externas se encuentran en situaciones similares. Es como si los rehenes tuvieran acceso sólo a ‘perspectivas externas’ de rehenes y secuestradores de otros lugares. En esta situación, no està claro que el acceso a estas perspectivas retrasaría el desarrollo del síndrome de Estocolmo.

Los precursores generales para el desarrollo del síndrome de Estocolmo, entonces, se satisfacen razonablemente bien en el caso de los ciudadanos de Estados modernos. Es por esto que no es sorprendente encontrar que los ciudadanos tienden a identificarse con sus gobiernos, adoptar las perspectivas de sus gobiernos, y desarrollar lazos emocionales (comúnmente considerados ‘patriotismo’) hacia sus gobiernos.47 Tal y como las víctimas de Estocolmo tendía a negar o minimizar los actos de coacción de sus captores, muchos ciudadanos tienden a negar o minimizar la coacción de su gobierno. Casi todos los teóricos que consideran de algún modo esta cuestión, están de acuerdo que el gobierno es una institución coercitiva48, pero aún así las discusiones sobre políticas raramente abordan la justificación del uso de la fuerza para imponer esas políticas. No es que fracasemos en general en adscribir significado moral a la coacción; si las decisiones de una agente no gubernamental fueran el foco de la discusión, entonces, la cuestión de la justificación de la violencia sería el tema principal. Pero la realidad o bien el significado moral de la coacción se desvanece de nuestra vista cuando el agente involucrado es el Estado. Las actitudes diferenciadas pueden extenderse hasta la aceptación de la imagen del Estado como que tiene un derecho único la obediencia forzada y es capaz de crear obligaciones morales con simplemente emitir órdenes. Dadas las dinámicas del síndrome de Estocolmo, el poder tiene una tendencia autolegitimarse: una vez está suficientemente arraigado, el poder es percibido como autoridad.

Aquellos que aceptan la legitimidad del gobierno pueden encontrarse que es difícil de creer que están bajo la influencia de algo como el síndrome de Estocolmo, ya que el concepto es típicamente aplicado a situaciones en las que el agresor es socialmente condenado – secuestradores, ladrones de bancos, cónyuges violentos y demás. Todos estos tipos de agresiones son malas, y la mayoría de personas ven sus gobiernos como buenos; por ende, el concepto del síndrome de Estocolmo no puede aplicar a nuestros sentimientos hacia el gobierno, ¿o puede?

Por supuesto, esta reacción puede ser en sí misma un producto del síndrome. Afortunadamente, no necesitamos decidir en primer lugar si el gobierno es bueno o si su coacción justificaba decidir sobre si el concepto del síndrome de Estocolmo aplica. Los precursores para el desarrollo del síndrome identificados en la Sección 6.6.3, tanto como los síntomas del síndrome descritos en la Sección 6.6.1, son amorales, condiciones fácticas. La maldad del agresor o lo injustificable que sea su coacción no se encuentra en ellas. Y los ciudadanos de los Estados modernos de hecho tienden a satisfacer estas condiciones descriptivas. Esto es observable independientemente de si el gobierno, en última instancia, tiene justificación de su existencia o no.

6.7 Casos del abuso de poder

6.7.1 My Lai

Recuerden el caso de la masacre en My Lai. Muchos de los soldados a los que se les ordenó matar a civiles obedecieron. Unos pocos rechazaron participar en la masacre, sin hacer nada para evitar que el resto lo hiciera. Según un informe, había muchos más soldados evitando el área donde la masacre estaba teniendo lugar, posiblemente para evitar que se les ordenara participar en ella.49 Por ende, la gran mayoría de personas que estaban al corriente de la masacre, tanto si participaron como no, no hicieron nada para evitarla. La excepción fue un valiente equipo de helicóptero, que salvó un pequeño número de aldeanos de ser asesinados al llevarlos a un lugar seguro. El resto de personas en la aldea fueron asesinadas.

Ahora considere la reacción por parte del los oficiales del gobierno de los EE.UU y otros estadounidenses. Después de que ocurriera, el gobierno de los EE.UU trató de encubrir la masacre y proteger a los soldados responsables de ella. Solo después de que la historia fuera filtrada a la prensa el gobierno empezó a hacer maniobras para perseguir a los criminales de guerra. Al final, una sola persona fue condenada y sentenciada por la masacre, el Teniente William Calley, quién finalmente se pasó tres años bajo arresto domiciliario. Hugh Thompson, el heroico piloto de helicóptero que salvó algunos de los civiles, fue inicialmente tratado como un criminal. Thompson aterrizó su helicóptero entre un grupo de civiles y un grupo de tropas estadounidenses que iban a matar a los civiles. Les dijo a sus dos compañeros de tripulación que dispararan a los soldados si abrían fuego mientras intentaba salvar a los civiles. Afortunadamente, nadie abrió fuego, y Thompson fue capaz de salvar a diez civiles. En EE.UU, pero, muchos consideraron a Thompson como un traidor. Thompson recibió amenazas de muerte y animales mutilados a la puerta de su casa. Un congresista dijo que Thompson era la única persona, de todo el embrollo, que debía ir a la cárcel.50

Una lección que podemos extraer de esta historia es que aquellos que incluso no participan activamente en los abusos de poder son comúnmente cómplices de ellos. Cuando los miembros de una organización abusan de su poder, el resto de miembros tienden a mirar hacia otro lado. Cuando se les da la oportunidad, los oficiales comúnmente encubren o excusan los abusos. Aquellos extraños individuos con el coraje de intervenir para parar los abusos, en vez de ser aclamados como los héroes que son, serán a menudo vilipendiados como traidores.

Todos nosotros somos conscientes de las atrocidades cometidas por regímenes como la Alemania Nazi, la Unión Soviética, y la China comunista. Es demasiado fácil, al pensar sobre esos casos, reaccionar felicitándonos por no formar parte de ese régimen bárbaro y tiránico. Casos como My Lai nos recuerdan que no solo son las dictaduras las que cometen atrocidades. Las naciones avanzadas y democráticas también cometen atrocidades, aunque con menor frecuencia y a menor escala, un hecho que nos deja con pocos motivos para autofelicitarnos.

Al centrarme en este ejemplo, no quiero dejar a los lectores con la impresión que este es un caso aislado. Cuando leemos sobre casos de abusos de poder flagrantes, normalmente leemos sobre encubrimientos oficiales. Pero los casos que leemos son sólo aquellos en los que el encubrimiento fracasó. Presuntamente, no todos los encubrimientos fracasan. Con qué frecuencia lo hacen, no lo sabemos. Thompson informa que, después de su experiencia en My Lai, otros soldados le dijeron: ‘Oh, este tipo de cosas ocurrían todo el tiempo’.51 Por ende, hay razones para sospechar que hay muchas otras masacres que han ocurrido y no han llegado a ser noticia.

6.7.2 El Experimento de la Prisión de Stanford

En 1971, el psicólogo social Phillip Zimbardo condujo un estudio revelador sobre los efectos del encarcelamiento tanto en los guardias como en los prisioneros.52 Zimbardo reunió a 21 voluntarios, todos estudiantes de universidad varones, para jugar el rol de prisioneros o bien de guardias en una prisión simulada. En primer momento, todos los voluntarios querían asumir el rol de prisionero; ninguno quería ser guardia. Zimbardo asignó aleatoriamente la mitad de sujetos al rol de prisionero y la otra mitad al rol de guardia. Los prisioneros vivirían en celdas improvisadas durante dos semanas en el campus de la universidad de Stanford. Los guardias vigilaban a los prisioneros en jornadas laborales de 8 horas, siendo cada guardia libre de abandonar su puesto cuando había cumplido su jornada laboral cada día. Los experimentadores proporcionaron escasa guía sobre el trato a los prisioneros, a parte de instrucciones acerca de la provisión de comida y de evitar violencia física.

Lo que los experimentadores observaron fue una espiral de abuso por parte de los guardias que empezó casi inmediatamente y empeoró cada día. Los prisioneros eran sujetos a un implacable abuso verbal (‘Eres tan hipócrita, piojoso bastardo que me dan ganas de vomitar’ y demás);  hacer tareas tediosas, sin sentido y degradantes ad nauseam (como hacer flexiones con otros prisioneros sentados en sus espaldas, limpiar los retretes con sus manos y demás); obligados a insultarse entre ellos y a ellos mismos, privados de sueño; encerrados durante horas en un armario con una yarda cuadrada de suelo; y finalmente obligados a realizar sodomía simulada. No todos los guardias aprobaban de o participaban en el abuso. Pero los guardias abusivos asumieron de facto posiciones de dominación entre los guardias, que nadie desafió. Los ‘buenos guardias’ tácitamente cedieron delante del comportamiento de los guardias más agresivos, sin hacer nada ni decir nada contra ellos. La pesadilla fue tan estresante y depresiva para los prisioneros que cinco de ellos tuvieron que ser liberados temprano, y al sexto día los experimentadores encontraron éticamente necesario poner fin al experimento.

6.7.3 Lecciones del SPE

En prisiones reales, campos de prisioneros de guerra, campos de concentración y similares han ocurrido abusos mucho peores. El experimento de Standford difiere de la realidad de las prisiones en varios aspectos. Primero, todos los participantes sabían que estaban meramente participando en un experimento psicológico, que pensaban que terminaría en dos semanas tras las cuales volverían a sus vidas normales. Segundo, los prisioneros habían sido seleccionados aleatoriamente, y tanto los guardias como los prisioneros sabían que ambos no habían hecho nada malo. Los prisioneros no podían catalogarse como criminales o enemigos. Tercero, los prisioneros y los guardias habían sido preseleccionados. Los experimentadores habían dado cuestionarios y efectuado entrevistas personales a un grupo de 75 personas para seleccionar solo los participantes más normales, psicológicamente estables. Es más, en base a tests psicológicos, aparentemente no había ninguna diferencia de personalidad significativa entre los guardias y los prisioneros.

De cualquiera de estas condiciones podría esperarse que aislara la prisión simulada contra el tipo de abusos observados en prisiones reales. (Cierto es que, los abuso en Stanford parecen leves en comparación con aquellos vistos en Abu Ghraib o los gulags Soviéticos; aunque, la trayectoria hacia un mayor abuso fue interrumpida al cabo de cinco días). Uno podría pensar que el contexto de un experimento de psicología de relativamente corto plazo no sería suficiente para echar abajo estándares normales de decencia y respeto hacia otros. Uno podría sospechar que el abuso de los prisioneros ocurría ya que se creía que los prisioneros eran criminales o enemigos, de forma que se pensaba que el abuso estaba justificado. O uno también podría pensar que el abuso de los prisioneros ocurría ya que los individuos con predisposiciones sádicas era más probable que fueran guardias o por qué los presos tendían a ser inusualmente agresivos y por ende provocar respuestas agresivas por parte de los guardias. El experimento de la prisión de Stanford es de particular interés por el hecho que lleva hipótesis como estas a la práctica.

Resulta ser que ninguna de estas hipótesis eran ciertas. Había algo sobre el papel del guardia que sacaba lo peor de las personas. La conclusión central del Zimbardo, de este estudio y mucha más evidencia, es que los determinantes de comportamientos buenos y malos se encuentran más en las situaciones en las que los individuos se encuentran que las disposiciones intrínsecas de estos.53 Las circunstancias en las que se encuentra un individuo pueden tener efectos dramáticamente corruptos o positivos.

¿Qué tenía el papel de guardia que sacaba lo peor del lado oscuro de los sujetos? Lord Acton, creo, que estaba en lo cierto: el poder corrompe.54 Esto ha sido aparente durante mucho tiempo a lo largo de la historia; ahora también tenemos evidencia experimental de ello. Cuando los seres humanos obtienen gran poder sobre las vidas de otros, comúnmente descubren que la sensación de poder es intoxicante. Quieren ejercer su poder más frecuentemente y más plenamente, y no quieren renunciar a él. Cuando el Experimento de la Prisión de Stanford fue interrumpido prematuramente, todos los prisioneros se aliviaron de ello. La mayoría de guardias, pero, parecían decepcionados. Estaban disfrutando tormentar aquellos a su cargo. Como Zimbardo documenta, nunca ningún guardias llegó tarde a un cambio de guardia, y en varias ocasiones se quedaban más tarde, sin que fuera solicitado y sin paga extra.55 No todos fueron visiblemente corrompidos por el ejercicio de poder. Pero siempre hay alguien que lo es, y cómo el experimento sugiere, incluso los menos corruptos no tienden a hacen nada para evitar los excesos de los más corruptos.

¿Pero porqué infligir sufrimiento y humillación a otros prisioneros -no podría uno experimentar poder con gestos benevolentes? George Orwell tuvo una idea clave en ese aspecto: “Como ejerce un hombre su poder sobre otro…? A través de hacerlo sufrir… A no ser que sufra, como puedes estar seguro que está obedeciendo tu voluntad y no la suya? El poder es infligir dolor y humillación.”56 Es muy cierto que los guardias de Stanford intencionalmente infligían dolor y humillación a sus cautivos. Y es más, estos guardias eran seres humanos perfectamente normales, hasta lo que se pudo comprobar de antemano. Por ende, hay razones para creer que no es ninguna casualidad que los gobiernos comúnmente hayan sido dirigidos por líderes tiránicos.

Otra lección del experimento de Stanford concierne las reacciones de otros a las figuras de autoridad. Los prisioneros del experimento, inicialmente más reticentes, fueron reducidos a la mansa sumisión hacia el final del experimento. Cooperaron con casi todo, incluso con las demandas más ofensivas emitidas por los guardias. A primera vista, esto es misterioso, ya que nos guardias no tenían ningún poder real para obligar a los prisioneros a obedecer. Los guardias tenían prohibido usar violencia física y en cualquier caso, en cada cambio de guardia, eran superados en número por tres prisioneros a un guardia. Si los prisioneros se hubieran opuesto con determinación a las órdenes de los guardias, no está claro lo que los guardias podrían hacer. Aún así, los prisioneros obedecieron, a pesar de la creciente irracionalidad y repugnancia de las órdenes de los guardias y a pesar de la naturaleza arbitraria de su supuesta autoridad. Esta obediencia tampoco podía ser explicada como el resultado sentirse en obligación contractual. Mientras que los sujetos habían acordado formar parte de una simulación de la vida presidiaria, ellos no habían acordado obedecer las órdenes de los guardias. Y incluso si pensaban que tenían la obligación de obedecer hasta cierto punto, esto no explicaría porqué los prisioneros se hicieron más sumisos a medida que el estudio avanzaba, y las demandas de los guardias se hacían más irrazonables. Una lección que sacar de esto es que psicológicamente, el poder se valida a sí mismo. Incluso cuando las ‘autoridades’ son seleccionadas de forma arbitraria y todos lo saben, la mera afirmación de autoridad tiende a ser aceptada por otros.57 Es más, cuanto más tiempo uno obedece una figura de autoridad, más se siente uno ‘obligado’ en continuar en hacerlo.

6.8 Conclusión: la anatomía de una ilusión

No se debe confiar en nuestras intuiciones sobre la autoridad. Tanto si uno acepta o no los argumentos presentados en los capítulos anteriores de este libro, uno no debería poner demasiada fe en el mero hecho que la mayoría de personas creen el la autoridad política.

Cualquiera que sostenga un punto de vista impopular puede ser desafiado a responder, ‘¿Cómo es que hay tantos que se han equivocado, mientras que tú has evitado ese error?’ Esta pregunta debería ser tomada seriamente. Si la respuesta de uno es meramente que los seres humanos son falibles y que la mayoría de personas, por pura coincidencia, han cometido el mismo error en esta cuestión en particular, será visto como no plausible por sencillas razones de probabilidad.

No creo que haya muchos de los que aceptan la autoridad política que hayan cometido este error por casualidad. Creo que hay características específicas de la mente humana y de la situación en la que se encuentran muchas personas, que contribuyen a la ilusión moral de la autoridad. Compare esta extendida creencia, previo a Copérnico y Galileo, que el Sol orbitava la Tierra. Esto no era un error por casualidad; no era que había muchas personas que por casualidad escogían la respuesta equivocada. Había una explicación común para esas creencias equivocadas en tantas mentes – a grandes rasgos, parece que el Sol se mueve alrededor de la Tierra. Podríamos clasificar esto como una ilusión de percepción – un caso en el que hay una tendencia sistemática para las cosas parezcan, a la observación causal, de otra manera de la que realmente son. En estos casos, deberíamos esperar que las personas equivocadamente asumen que las cosas son como parecen, a menos y hasta que se les dé información de como corregir la ilusión.

Los seres humanos también pueden sufrir de ilusiones cognitivas, en las que las cosas aparentan en nuestra mente (no perceptivamente) de forma diferente a lo que realmente son. Por ejemplo, un procedimiento médico con un 80% de tasa de éxito suena mejor para la gran mayoría de personas que un procedimiento médico con un 20% de tasa de fracaso. Esta diferencia se ha demostrado que tiene un efecto sobre los juicios prácticos de las personas sobre situaciones realistas.58 Un tipo de ilusión cognitiva es de particular interés aquí: la ilusión moral. Estos son casos en los que tenemos una tendencia sistemática a ver algo como correcto (o equivocado) cuando no lo es.  A lo largo de la historia, nuestros antepasados han sido sujetos a una serie de extensas ilusiones morales –  por ejemplo, que las mujeres eran inferiores a los hombres o que las personas de piel oscura eran inferiores a las de piel clara.59 La sugerencia de que aún estamos sujetos a algunas ilusiones morales hoy en día no debería sorprender a nadie. Necesitamos reflexionar sobre cuales ilusiones morales podemos estar sujetos, tener en mente que, por la naturaleza del caso, no parecerán, a primera vista, ser ilusiones.

Superar una ilusión normalmente requiere ver porqué las cosas parecen como son incluso si la forma en la que parecen es falsa. Por ejemplo, en superar la creencia de que el Son órbita la Tierra, es importante ver por qué aparenta de esa forma incluso si el Sol no se movía, sino que la Tierra órbita. De forma similar, en superar la ilusión de la autoridad política, es importante ver por qué nos parece que hay autoridad política, incluso si ningún estado haya poseído autoridad genuina.

En este capítulo he sugerido que los seres humanos vienen equipados con fuertes y extensos sesgos pro-autoridad que operan incluso cuando la autoridad es ilegítima o emite órdenes ilegítimas y indefendibles. Como hemos visto, los individuos que se topan con demandas de figuras de autoridad son propensas a sentir una fuerza casi incondicional a obedecer, y esto puede llevarlos a buscar explicaciones de porqué esa autoridad es legítima y de porqué están moralmente obligados a obedecer. Las personas comúnmente ceden de forma instintiva ante aquellos que poseen poder, y incluso hay casos en los que  las personas establecen vínculos emocionales con otros (como los secuestradores) que tienen un gran, pero injustificado, poder sobre ellos, adoptando las perspectivas y objetivos de aquellos que blanden el poder. Una vez un patrón de obediencia ha empezado, la necesidad de minimizar la disonancia cognitiva favorece la obediencia continuada y la adopción de creencias que racionalizan las órdenes de la autoridad y la obediencia de uno a hacia ellas. Debido a un sesgo del status quo generalizado , una vez una práctica o institución deviene establecida en una sociedad, casi automáticamente, esta práctica es vista por los miembros de la sociedad, como normal, justa, y buena.

Nada de esto por sí mismo muestra que las instituciones políticas existentes son ilegítimas. Pero sugiere fuertemente que tenderían a ser extensamente aceptadas como legítimas incluso si no lo fueran. Las teorías de la autoridad ideadas por los filósofos políticos pueden ser plausiblemente vistas como intentos de racionalizar las intuiciones comunes sobre la necesidad de obediencia, donde esas intuiciones son el producto de sesgos sistemáticos.

 


Notas

1. Honoré (1981, 42-4) expresa esta preocupación respecto el anarquismo filosófico de Simmons, una doctrina más moderada que la mía.

2. Por esta razón, DeLue (1989, 1) alerta que la aceptación generalizada del anarquismo filosófico ‘sería una tragedia para los regímenes liberales’.

3. Ver Crito en 50d en Platón 2000, y Hume 1987, 480. Ambos filósofos parecen estar preocupados por qué incluso una pequeña cantidad de desobediencia, puede que incluso un solo acto de desobediencia, lleve a este resultado

4. Klosko 1992, 42 desarrolla este punto más extensamente en su 2005, capítulo 9.

5. Hume 1992, sección III.ii.9, 552. Hume utiliza esta premisa para rechazar la teoría del contrato social, que en esos tiempos tenía poca recepción entre el público. Esta fuerte tesis de la infalibilidad moral podría ser explicada por su metaética antirealista (1992, Sección III.i.1-2).

6. Lindberg 1992, 58; Russell 1991. En el siglo cuarto a.C., Aristotil analiza los argumentos que establecen la Tierra es esférica (De Caelo, 297a9-297b20), y en el siglo tercero a.C., Eratóstenes provee una explicación razonable de porqué la Tierra es redonda.

7. Ver Stove (1995, 58-62) sobre ‘El argumento de Colón’ para mayor análisis.

8.  Ver la introducción de McLean y Hewitt a Condorcet 1994 (35-6). Condorcet se da cuenta que cuando asumimos que los individuos son de fiar en un 80% y la mayoría sobrepasa la minoría por solo nueve personas, la probabilidad de que la mayoría esté en lo correcto excede el 99,99%. El Teorema del Juzgado puede ser engañoso, ya que la premisa de la independencia probabilística raramente se cumple. Aún así, se puede hacer una afirmación cualitativa más general; a saber, que la convergencia de fuentes de información sobre una proposición probabilística da soporte a la proposición, en mayor grado que una sola fuente de información, provisto que (i) cada fuente es más fiable que una conjetura al azar, (ii) que ninguna fuente es completamente dependiente en la otra, y (iii) una fuente no es más probable que esté de acuerdo con otra si la otra fuente es incorrecta que si está equivocada. Es muy plausible que estas condiciones comúnmente se cumplan cuando las fuentes son individuos particulares.

9. La explicación que sigue en el texto se basa en Milgram 2009. Adicionalmente a la versión que describo en el texto (‘Experimento 5’), Milgram detalla muchas otras interesantes variaciones en el experimento.

10. Milgram 2009, 27-31.

11. Milgram 2009, 195-6.

12. Arendt 1964, 24-5, 135-7, 148-9.

13. Wallace y Meadlo 1969; Kelman y Hamilton 1989, 10-11.

14. Kelman y Hamilton 1989, 6.

15. Ver Festinger y Carlsmith 1959 por una defensa magistral de la teoría. Sobre la importancia en particular de la propia imagen, ver Aronson 1999; Aronson et al. 1999.

16. Festinger y Carlsmith 1959.

17. La grande diferencia en actitud era entre el grupo Control y el grupo Un Dólar sobre la cuestión de su disposición a participar en un experimento similar otra vez. Esta diferencia era de alrededor de 1.8 puntos en una escala de 10.

18. Esto era un dólar de 1950; el equivalente hoy sería alrededor de 8$. La razón por la que los sujetos mintieron probablemente fuera por deferencia a los experimentadores, pero los sujetos no sabían esto.

19. Aronson y Mills 1959.

20. Las puntuaciones de la discusión en la condición Dura eran un 19% mayor que en la condición Leve y un 22% mayor que en la condición de Control (Aronson y Mills 1959, 179).

21. Ver Brehm 1956.

22. Podría ser aún más satisfactorio creer que la obediencia al Estado es suprerogatoria en vez de obligatoria, pero esto podía quebrar la credibilidad de incluso el auto-engaño más ambicioso – la mayoría de nosotros no hacemos grandes sacrificios suprerogatorios. Es más creíbles que hacemos grandes sacrificios que moralmente se nos requiere hacer.

23. Ver Singer 1993, capítulo 8; Unver 1996.

24. Cialdini 1993, capítulo 4.

25. Asch 1956; 1963.

26. De un mito de creación egipcio, analizado en Lindberg 1992, 9.

27. Algunos filósofos han elevado este sesgo en una teoría de la razón práctica. MacIntyre (1986) y Murphy (1995) mantienen que no se necesita ninguna razón para seguir las normas de la sociedad de uno pero que siempre se necesita de una razón para partir de las prácticas comúnmente aceptadas. No argumentan a favor de esta premisa, sin embargo, y yo creo que su postura en esta cuestión es  una manifestación del sesgo del status quo.

28. Ver Wingo (2003) para un extenso análisis y una defensa de esa tesis.

29. Bushman 1988. El experimento involucra una mujer diciendo a la gente en la calle de dar un penique a un motorista para el parquímetro. Era más probable que los sujetos cumplieran con la orden cuando la mujer llevaba un uniforme ambiguo que cuando estaba vestida en ropa ordinaria (72 por ciento v. 50 por ciento de obediencia, p = 0.01).

30. U.S.C., Título 26, sección 2702. No tengo ni idea de lo que significa el parágrafo.

31. Código de Boulder Revisado, 5-4-16. Esta ordenanza fue aprobada como respuesta a la tradición de Boulder de incendiar sofás después de grandes eventos como puede ser un partido de fútbol americano.

32. Rawls 1999, sección 14, 73.

33. Grahan, Rawlings, y Rigsby 1994, 1-11; Lang 1974.

34. Sigo el uso popular de la expresión ‘síndrome de Estocolmo’. Mi uso de la palabra síndrome , sin embargo, no intenta transmitir que el fenómeno es un trastorno o enfermedad.

35. Brook 2007

36. Fitzpatrick 2009.

37. Shaw 2009, 5-6. El agente de libertad condicional, encontrando inconsistencias con sus narrativas, separó a Garrido y Dugard, y continuó interrogandoles para descubrir quién era ella. Eventualmente, Garrido admitió haber secuestrado a Dugard, justo después Dugard reveló su identidad.

38. Graham 1994, 5.

39. Graham 1994, 12, 42-3.

40. de Fabrique et al. 2007; Namnyak et al. 2008. La víctima es típicamente incapaz de escapar en primera instancia pero a menudo tiene oportunidades de escapar una vez se ha desarrollado el síndrome.

41. de Fabrique et al. 2007; Mattiuzzi 2007.

42. Lang 1973, 126.

43. de Fabrique et al. 2007.

44. Los ítems (i), (ii), (iv), y (v) son ed Graham et al. 1994, 33-7; cf.de Fabrique 2007; Namnyak et at. 2008, 5. He añadido el ítem (iii), que, aunque no identificado como una condición distintiva por Graham y otros, es claramente presenta y de importancia en los casos clásicos del síndrome de Estocolmo.

45. Freud (1937, capítulo 9) postula que cuando un individuo teme sufrir dolor a manos de otro, el individuo podría intentar lidiar con la ansiedad a través de identificarse psicológicamente con la persona que presenta una amenaza. Esto se describe como ‘identificación con el agresor’.

46. Graham et al. 1994, 31; Graham et al. 1995; Julich 2005.

47. Una manifestación interesante de esta identificación con el gobierno es el uso, por parte de ciudadanos privados, de ‘nosotros’ para hacer referencia al gobierno, como en ‘Nosotros invadimos Irak en 2003’, que podría decirlo un Americano incluso si el orador no tuvo nada que ver en la invasión o se opuso activamente a esta. Ya que la palabra ‘nosotros’ normalmente incluye a orador, esto sugiere una fuerte identificación con el Estado.

48. Edmundson (1998, capítulo 4) es una rara excepción.

49. Thompson n.d., 19-20. Otros detalles del caso son de Thomson (n.d) y Kelman y Hamilton (1989, 1-17).

50. Thompson n.d. 12, 27-8. Treinta años después, Thompson fue condecorado con la Medalla al Soldado y invitado a hablar en West Point, Annapolis, y Quantico.

51. Thompson n.d., 11.

52. Zimbardo et al. 1973; Zimbardo 2007.

53. Ver Zimbardo 2007, esp.210-21, sobre los factores circunstanciales en el Experimento de la Prisión de Stanford. Ver los capítulos 12-16 para evidencia y argumentos más allá del estudio de la prisión de Stanford.

54. Acton 1972, 335 (de una carta a Mandell Creighton fecha del 5 de Abril 1887): “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres casi siempre son malos hombres, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad: aún más cuando se sobrepone la tendencia o la certeza de la corrupción por autoridad”.

55. Zimbardo, Haney, Banks 1973, 81.

56. Orwell 1984, 219-20. Estas observaciones citadas son del agente de la policía del pensamiento O’Brien, el carácter que captura y tortura el protagonista de la novela para romper su espíritu.

57. Milgram (2009, 139-40), comenta, de forma similar, que la mera auto-designación como una figura de autoridad normalmente es suficiente para obtener obediencia del resto.

58. Tversky y Kahneman 1981.

59. Ver Sección 13.1 y Sección 13.4 para más ejemplos.

Recomendaciones X

Sí, ya hemos llegado al décimo post de esta serie.


 


 

Ahí van las recomendaciones:

  • La Primera Gran Moderación: ¿Gran Moderación? ¿No se referirá al periodo de baja volatilidad macroeconómica de los 80 en adelante?  Pues no, en EE.UU encuentran un periodo de 16 años entre 1841 y 1856 con una baja volatilidad macroeconómica y altas tasas de crecimiento a la vez que la economía hacía importantes cambios estructurales, adoptando todo tipo de nuevas tecnologías.
  • D.E.P. Dr. Shapley: Alvin E. Roth, economista que compartió el premio Nobel de Economía de 2012 con Shapley, hace un breve repaso de las contribuciones de Shapley a la teoría económica en una entradad e VoxEU. También podemos encontrar un obituario donde se explican algunas de sus aportaciones en una entrada de Nada Es Gratis.
  • Why Organizations Fail: Models and Cases: Un artículo de Garicano y Rayo donde hacen un repaso de las diferentes formas en las que las organizaciones pueden fracasar, ya sea por problemas de coordinación, asimetría informativa, riesgo moral y demás, poniendo algunos ejemplos para cada caso así como algunas soluciones a los problemas. Los modelos presentados son relativamente sencillos, sino aquellos deseen saltárselos aún pueden extraer casi todo el jugo de la parte literaria.
  • ¿Como terminaron los pánicos bancarios pre-FED? En un artículo Gordon responde a la pregunta de la siguiente forma: ” During the National Banking Era, 1863-1914, banks responded to the severe panics by suspending convertibility, that is, they refused to exchange cash for their liabilities (checking accounts). During the suspension period bank depositors’ beliefs, which had led to the panic to start with, changed and they no longer desired to run on their banks. At the start of the suspension period, the private clearing houses cut off bank-specific information. Member banks were legally united into a single entity by the issuance of emergency loan certificates, a joint liability. A new market for certified checks opened, pricing the risk of clearing house failure. Certified checks traded at a discount to cash (a currency premium) in a market that opened during the suspension period. Confidence was restored when the currency premium reached zero.”Esta respuesta es muy interesante ya que nos permite analizar algunos aspectos donde el clásico artículo de Dyvig y Diamond (1983) flojea. Al ser esos checks liquidables en el mercado secundario, los Type 1  (fracción de gente que quiere retirar “pronto” dinero del banco, estocástico) del modelo de Dyvig y Diamond los van a poder vender, a un descuento según el riesgo de quiebra, para conseguir recursos deseados, es casi como si pudiesen retirar dinero del banco. Si no hubiera riesgo de impago, la competencia en el mercado secundario garantizaría que se pagaran a su valor facial. La incapacidad de los Type 1 de acceder a los recursos deseados en t=1, que estos checks parecen solucionar, es la principal fuente de ineficiencia de la suspensión en el  modelo de Dyving y Diamond. Ya que la suspensión garantiza que el banco no va a tener problemas de liquidez, el descuento de los checks sólo se va a hacer en base a la calidad de los activos del sistema bancario y una prima de liquidez, según lo líquidos que sean esos checks (que lo deberían ser bastante ya que los adoptaban todos los bancos miembros de la clearing house.
  • Nueva entrada en la Standford Encyclopedia of Phillosophy sobre las ‘supertareas’, acciones que consisten de infinitos pasos, con lo que surgen paradojas alrededor del infinito o series infinitas. Esto encaja con el último libro de Michael Huemer, Aproaching Infinity, que trata sobre los problemas y paradojas del infinito, critica las teorías existentes del infinito y propone una nueva teoría con la que resuelve las paradojas inicialmente presentadas. El libro está excelentemente estructurado y es asequible para cualquier lector curioso, incluso aquellos que no tengan un limitando conocimiento de las matemáticas. Aquí, una pequeña reseña.
  • El resumen de Rolando Astarita sobre el debate de la teoría del valor entre austríacos y marxistas.
  • Estudio sobre la desigualdad de la salud en EEUU: Las diferencias entre salud no son debidas a un acceso desigualitario a la medicina, a la calidad de la misma, a diferencias ambientales, al mercado de trabajo, o a la desigualdad de renta. En lugar de eso, la obesidad, el ejercicio y el tabaquismo son los mejores predictores de una buena salud.
  • ¿Puede funcionar la competencia de monedas privadas? Jesús Fernández Villaverde y Daniel Sanches acaban de publicar un paper sobre ello. Nótese que JFV-DS no estudian un modelo clásico (Selgin-White) donde los bancos emiten un dinero interno contra un dinero externo, sino que todo el dinero emitido es puramente fiat.

Mercados y Tolerancia: Como poner precio al trabajo ennoblece

Traducción de una fragmento del libro Markets Without Limits de Jason Brennan yPeter Jaworski.


markets without limits

El economista Gary Becker argumentó en su libro de 1957 que el mercado [competitivo] tiende a eliminar la discriminación injusta.18 Supongamos que hay gente a la que le gusta discriminar –prefieren contratar a trabajadores blancos en vez de contratar a trabajadores negros igual de productivos. Esto tenderá a reducir los salarios de los trabajadores negros. Sin embargo, esto da ventaja a las empresas que sí están dispuestas a contratar a trabajadores negros. El trabajo de los trabajadores negros se vuelve una ganga. Las empresas pueden contratar a trabajadores negros a cambio de un menor salario, vender sus productos por menos (ya que los costes laborales son menores) y tener más beneficios. Cuanto más discriminen otros en contra de los negros, más beneficios haría un dueño de fábrica blanco en contratarlos. El mercado, en consecuencia, castiga el gusto por discriminación que hace que ésta se dé a expensas otros intereses egoístas.

El argumento de Becker no es solo especulación. La economista Linda Gorman dice que Sudáfrica es una buena muestra de ello. A principios de 1900, a pesar de las amenazas de violencia y sanciones, los dueños blancos de las minas despidieron a trabajadores blancos bien remunerados para contratar trabajadores negros menor pagados. El gobierno de Sudáfrica tuvo que aprobar las leyes del apartheid para impedir que siguieran contratando a negros.19

Otro ejemplo viene de las leyes Jim Crow. La economista Jennifer Roback muestra que era muy costoso tener compartimentos en el transporte público para separar negros y blancos: las leyes Jim Crow eran caras. Las empresas ferroviarias perdían dinero al tener que habilitar vagones extra. Las cafeterías perdían dinero teniendo que habilitar el doble de cuartos de baño. Lo que hacían los Estados del Sur imponiendo estas leyes era obligar a las empresas a maltratar a los negros. Las leyes estaban ahí porque muchas empresas no discriminaban hasta que fueron obligadas a ello. Si se lee las editoriales de la época sobre las leyes Jim Crow, encontraremos frecuentes alusiones a lo egoístas que eran los empresarios al solo buscar beneficios pero no apoyar la ideal moral de la segregación.20

Roback añade que los estados sureños tenían un amplio abanico de leyes diseñadas para que los negros no pudiesen competir con los blancos por trabajo. Estas leyes prohibían la tentación que tenían los agricultores blancos de intentar contratar a los trabajadores negros de otras tierras durante las épocas de siembra o cosecha. Los trabajadores negros que intentasen cambiar de trabajo para ir con un agricultor que les pagase más, podían ir a la cárcel. Las Leyes de Vagancia requerían que los negros estuviesen empleados todo el tiempo. Cualquier negro desempleado sería considerado un vagabundo y podía ser encarcelado y mandado preso a trabajar Por ello, los negros no podía buscar un mejor empleo, tenía que quedarse con cualquier trabajo que encontrasen. Las Leyes de Emigrantes prohibían que los seleccionadores de personal blancos tentasen a trabajadores a dejar sus ciudades o Estados para trabajar en otro lugar. Estas y otras leyes y regulaciones fueron hechas para impedir que el mercado ayudase a los trabajadores negros.

El capitalismo da a las personas un incentivo económico a passar por alto sus diferencias y en su lugar trabajar conjuntamente. Y, una vez todas las personas trabajan conjuntamente, tienden a dejar de importarles esas diferencias. Esta es la razón por la cual las sociedades de mercado son generalmente lass más tolerantes.21 Las presiones competitivas de mercado y la búsqueda de beneficios empuja a las personas a ver más allá de divisiones raciales o religiosas. Esto explica la observación de Voltarie de que en la Bolsa de Londres, las personas de todas las razas y credos se reunieran para hacer negocios.22

“Entrad en la Bolsa de Londres -un lugar mucho más respetable que muchas cortes–  y veréis allí reunidos, para bien de los hombres, a representantes de todas las naciones. Allí el judío, el mahometano y el cristiano se tratan como si pertenecieran a la misma religión, y no dan el nombre de infieles más que a los que quiebran; allí un presbiteriano confía en un anabaptista, y un anglicano confía en la palabra de un cuáquero. Al salir de esas pacíficas y libres asambleas unos van a la sinagoga, otros a beber… otros se van a su iglesia a esperar, con el sombrero puesto, la inspiración divina, y todos están tan contentos.” ~ Voltarire, Cartas filosóficas
Un crítico podría responder aquí una afirmación familiar para la mayoría de estadounidenses: “Las mujeres cobran 77 centavos al dólar por lo que los hombres ganan.” Esto parece un claro contra-ejemplo a la tesis de Becker. Lo que realmente está ocurriendo, es que la mujer trabajadora media gana alrededor de un 77% de lo que el hombre trabajador medio gana. Sin embargo, las economistas laborales Claudia Goldin y Lawrence Katz explican que esto no implica, por otro lado, que a un hombre y una mujer idénticas, trabajando codo con codo en el mismo puesto de trabajo se les pague cantidades radicalmente diferentes. En cambio, las mujeres tienden a trabajar menos horas que los hombres [sobre la evolución de las horas de trabajo, documentado aquí por Tyler Cowen], incluso cuando trabajan a jornada completa. Las mujeres tienden a tomar más bajas por enfermedad y tiempo del trabajo para cuidar a los hijos. Las mujeres también tienden a escoger trabajos que pagan menos. Una vez tomamos en cuenta todos estos factores, la brecha laboral se cierra a 91 centavos al dólar. Esto aún no significa que los otros 9 centavos impliquen una discriminación –pueden haber otras fuerzas operando, como que los hombres son más agresivos a la hora de negociar y pedir aumentos.23 Goldin dice que, por ejemplo, recién salidos de un programa de MBA, los hombres solo tienen una pequeña ventaja salarial sobre las mujeres, pero después de quince años, la brecha aumenta.24

Un crítico podría responder que las mujeres tienden a escoger diferentes trabajos que tienden a pagar menos, o tienden a cuidar más de los hijos y por lo tanto trabajan menos horas fuera del hogar, lo que refleja sexismo. Puede. Puede que esto se deba a relaciones sociales y roles de género contingentes y por lo tanto modificables. Puede que esto se deba a tendencias de género menos modificables que resultan de presiones de la selección evolutiva. No tomamos ninguna postura sobre esto. En cambio, sólo recalcamos, primero, que el mercado no siempre puede solucionar lo que no se lleva al mercado. También recalcamos que al igual que las sociedades de mercado son menos racistas y homófobas, también son las menos sexistas. Es una lástima que los mercados no arreglen por completo el problema, al igual que es una lástima que Advil no cure todos los dolores de cabeza. Pero entonces sería bizarro culpar al mercado por el sexismo, al igual que lo sería culpar a Advil por los dolores de cabeza.20 La economía de mercado no es enemigo de las minorías ni de las mujeres.

Nota: Ver “The Eugenic Effects of Minimum Wage Laws” en el artículo “Eugenesics and Economics in the Progressive Era” del Journal of Economic Prespectives para un uso del salario mínimo similar a otras políticas los mencionados [Jim Crow y demás].

Referencias

18. Becker, Gary. 1957. The Economics of Discrimination. Chicago: University of Chicago Press.
19. Gorman, Linda. 2013. “Discrimination,” The Concise Encyclopedia of Economics 2013 online edition. Avariable athttp://www.econlib.org/library/Enc1/Discrimination.html 
20. Roback, Jennifer. 1986. “The Political Economy of Segregation: The Case of Segregated Streetcars,” Journal of Economic History 56:893-917.
21. Ver:
Berggren, Niclas, and Therese Nilsson. 2013. “Does Economic Freedom Foster Tolerance?” Kylos 66: 107-2017.
Jha, Saumitra. 2013. “Trade, Institutions, and Ethnic Tolerance: Evidence from South Asia,” American Political Science Review 107: 807-32.
22. Jha, Saumitra. 2013. “Trade, Institutions, and Ethnic Tolerance: Evidence from South Asia,” American Political Science Review 107: 807-32.
23. Ver:
Bertrand, M., Goldin, C., and Lawrence Katz. 2010. “Dynamics of the Gender Gap for Young Professionals in the Financial and Corporate Sectors. American Economic Journal: Applied Economics 2: 228-55.
 An Analysis of Reasons for the Disparity in Wages Between Men and Women  by CONSAD Research Corp, for the U.S Department of Labor
Goldin, C., and Lawrence Katz. 2008. “Transitions: Career and Family Life Cycles of the Educational Elite,” American Economic Review 98: 363-69.
Stevens, Cynthia k., Bavetta, Anna G., and Marilyn E. Gist. 1993. “Gender Differences in the Acquisition of Salary Negotiation Skills: The Role of Goals, Self-efficacy, and Percieved Control,” Jorunal of Applied Psychology 78: 723-35.
Kaman, Vicki S., and Charmine E. J. Hartel. 1994. “Gender Differences in Anticipated Pay Negotiations Strategies and Outcomes,” Journal of Business Psychology 9: 183-97.

La paradoja del PIB de Cuba

El cálculo del PIB cubano ocasiona a veces disputas. Hay quienes por un lado dicen que Cuba es uno de los países más ricos de Latinoamérica, y hay otros que dicen que la economía de Cuba es más bien mediocre. ¿Quién tiene razón, y a qué se debe esta discrepancia?

Echemos un vistazo al PIB per cápita de Cuba según el Banco Mundial.

Según esta medida, Cuba tendría un PIB per cápita en dólares constantes del año 2000 de alrededor de 5400$. Esto sitúa a Cuba en la ‘clase media’ de Latinoamérica: por debajo de loa países más ricos (Puerto Rico, Aruba y Las Bahamas tienen 4 veces más PIB), pero por encima de países como Haiti, Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Guatemala, Jamaica o Colombia.

Para poder comparar dentro de una serie temporal para un país dado, esta medida usa dólares constantes para tener en cuenta la inflación. A continuación, para comparar diferentes países, se convierten las monedas nacionales a una moneda común, el dólar.

cuba

Esto, sin embargo, no tiene en cuenta el hecho de que los precios en cada país son diferentes. Es por eso por lo que se suele aplicar una tercera corrección, que es el ajuste por Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). El Banco Mundial tiene datos del PIB corregido por PPA.

Según esta medida, Cuba pasa a estar por encima de bastantes más países, siendo superada sólo por las Islas Caymán, Aruba, Trinidad y Tobago, Las Bahamas, Chile, St. Kitts y Nevis, y Antigua y Barbuda. Cuba ocuparía la novena posición de 37 países.

Captura2

 

La paradoja surge cuando uno consulta los datos de PIB del Proyecto Maddison, que tiene como objetivo dar cifras de PIB históricas comparables. En lugar de usar dólares constantes de 2005 ajustados por PPA, usan dólares internacionales constantes (Geary-Khamis) de 1990. Esta medida también está ajustada por PPA.

En este medida, Cuba vuelve a estar entre los países menos aventajados de Latinoamérica, tanto si se examina su PIB en términos absolutos o relativos a 1960.

Captura

Captura2

Si estudiamos Cuba por periodos,

cUBAGDP

El primer periodo marcado en azul comienza tras el final de la Revolución cubana, caracterizada por un estancamiento del crecimiento.

El segundo periodo comienza con la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON o CAME), una organización de cooperación internacional promovida por la Unión Soviética. Cuba llegó a recibir importantes subsidios de CAME, incluyendo compras de azúcar, la principal exportación cubana, por precios 11 veces superiores a los de mercado. Con la entrada de la ayuda soviética, Cuba experimenta un fuerte crecimiento.

El tercer periodo corresponde al Periodo Especial: marcado por el fin de los subsidios soviéticos, y la necesidad de readaptar la economía. Durante el mismo, el gobierno lleva a cabo reformas que abren algo la economía al exterior, fomentando el turismo. Estas medidas tienen éxito, relanzando la economía del país.

La pregunta que queremos plantear y resolver aquí es: ¿Cuál es el verdadero PIB de Cuba? ¿Por qué dan estimaciones diferentes el Banco Mundial y Maddison?

Según dos de los economistas, hay dificultates con estimar qué índice de ajuste PPA aplicarle a Cuba, y explican cómo han tratado de superarlas:

Cuba, 1800-1902, Santamaría, A. (2005), ‘Las cuentas nacionales de Cuba, 1690–2005’ Centro de Estudios Históricos, Centro Superior de Investigaciones Científicas (mimeo). The level for 1800 assumed to be identical to that for 1792. 1902-1958, Ward, M. and J. Devereux (2009), “The Road Not Taken: Pre-Revolutionary Cuban Living Standards in Comparative Perspective” (mimeo) 1958 onwards, Maddison, A. (2009), Statistics on World Population, GDP and Per Capita GDP, 1- 2006 AD, last update: March 2009, horizontal file http://www.ggdc.net/maddison/. An important caveat is that Maddison (2006) level for 1990 has not been accepted. The reason is that given the lack of PPPs for Cuba in 1990 Maddison (2006: 192) assumed its per capita GDP was 15 percent below the Latin American average. Since this is an arbitrary assumption, I started from Brundenius and Zimbalist’s (1989) estimate of Cuba’s GDP per head relative to six major Latin American countries (Argentina, Brazil, Chile, Colombia, Mexico, and Venezuela, LA6) in 1980 (provided in Astorga and Fitzgerald 1998) and applied this ratio to the average per capita income of LA6 in 1980 Geary-Khamis dollars to derive Cuba’s level in 1980. Then, following Maddison (1995: 166), I derived the level for 1990 with the growth rate of real per capita GDP at national prices over 1980-1990 and reflated the result with the US implicit GDP deflator to arrive to an estimate of per capita GDP in 1990 at 1990 Geary-Khamis dollars. Interestingly the position of Cuba relative to the US in 1929 and 1955 is very close to the one Ward and Devereux (2009) derived with a different approach. (Bolt & van Zanden 2013)

A su vez, Ward y Devereux (2009) aplican un método diferente, el Índice Ideal de Fisher

The Penn World Tables (the PWT) and Maddison (2007) value income with world prices calculated using the Geary Khamis procedure. In simple terms, Geary Khamis world prices are the expenditure-weighted average of national prices for all economies. We lack sufficient data to calculate Geary Khamis price indices for Cuba. For our bilateral comparison, the Fisher Ideal index has theoretical advantages over the Geary Khamis index. In particular, it is a “superlative index” and does not suffer from a substitution bias arising from using a fixed set of world prices see Diewert (1976), see also Neary (2004).

Hasta ahora, dos de los métodos empleados aquí (dólares GK e índice ideal de Fisher) dan resultados similares.

¿Qué hace el Banco Mundial? Lo mismo que hacían las Penn World Tables (PWT): usar los índices de precios del International Comparison Program (of prices) del Banco Mundial. Varios autores que participaron en la elaboración de las PWT han criticado la versión de 2005 del índice de precios. En la versión previa a la actual de las PWT, sí aparece Cuba, indicando valores de PIB ajustado por PPA similares a los del Banco Mundial.

En la última revisión de los índices de precios del Banco Mundial, ya no aparece una estimación de su PIB, indicando que

The official GDP of Cuba for reference year 2011 is 68,990.15 million in national currency. However, this number and its breakdown into main aggregates are not shown in the tables because of methodological comparability issues. Therefore, Cuba’s results are provided only for the PPP and price level index. In addition, Cuba’s figures are not included in the Latin America and world totals.

Si los economistas encargados de las PWT y del propio Banco Mundial dudan de sus estimaciones del PIB ajustado de Cuba, es difícil darlas por válidas. Las de Maddison y Ward-Devereaux, en cambio, parecen dar resultados similares, por lo que quizá su método sí sea válido.

Tampoco UNDP, la agencia de la ONU encargada de elaborar el  Índice de Desarrollo Humano (IDH) da por bueno el PIB de Cuba en su edición de 2010. En 2015, usando un PIB revisado, el HDI cae a 0.759. Cuba deja por tanto de ser el segundo país con el HDI más alto de Sudamérica para pasar a ser el noveno.

The 2013 HDI value published in the 2014 Human Development Report was based on miscalculated GNI per capita in 2011 PPP dollars, as published in the World Bank (2014). A more realistic value, based on the model developed by HDRO and verified and accepted by Cuba’s National Statistics Office, is $7,222. The corresponding 2013 HDI value is 0.759 and the rank is 69th.

Así pues, con los datos del PNB per capita (No PIB, pero esto no es relevante) revisados (dólares de 2011, ajustados por paridad de poder adquisitivo), comparando con los países de Sudamérica, Cuba queda así:

Trinidad and Tobago 26.090
Argentina 22.050
Bahamas 21.336
Chile 21.290
Saint Kitts and Nevis 20.805
Antigua and Barbuda 20.070
Uruguay 19.283
Panama 18.192
Venezuela (Bolivarian Republic of) 16.159
Mexico 16.056
Brazil 15.175
Costa Rica 13.413
Barbados 12.488
Colombia 12.040
Dominican Republic 11.883
Peru 11.015
Grenada 10.939
Ecuador 10.605
Dominica 9.994
Saint Vincent and the Grenadines 9.937
Saint Lucia 9.765
Paraguay 7.643
Jamaica 7.415
El Salvador 7.349

Cuba

7.301

Guatemala 6.929
Guyana 6.522
Nicaragua 4.457
Honduras 3.938
Haiti 1.669

De 30 países, Cuba ocupa la posición 25, con Guatemala, Guayana, Nicaragua, Honduras y Haiti por detrás.

De 12 islas caribeñas, Cuba es la número 11, sólo por delante de Haiti.

Conclusión

Por un lado, tenemos la estimación del Banco Mundial, que el propio Banco Mundial cuestiona. Por otro lado, tenemos las estimaciones de Ward-Devereux, Maddison y UNCP. Estas tres fuentes parecen coincidir aproximadamente en la posición relativa de Cuba dentro de las economías latinoamericanas. Esta triple coincidencia, frente a los datos del Banco Mundial, que cuestiona sus propias estimaciones, debería decantarnos a favor del consenso: que Cuba es un país pobre dentro de latinoamérica.

Una crítica a esto es que deberíamos comparar otros indicadores: mortalidad, esperanza de vida, escolarización, o malnutrición. Eso también es de interés, pero no el objeto de este post.

La paradoja del PIB cubano queda pues resuelta.

Intuicionismo Ético: Prólogo

Esta entrada forma parte de una serie de entradas en las que se hace una traducción amateur del libro Ethical Intuitionism del filósofo Michael Humer. Todo el material traducido hasta la fecha se puede encontrar en la parte correspondiente de Proyectos. Cualquier corrección es bienvenida. Si están interesados en el libro, no duden en comprarlo y así apoyar al autor. Desde que salió esta obra, Huemer ha defendido el intuicionismo ético de críticas y ha afinado su análisis en otros textos (artículos).


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Prólogo

 

Todos hacemos juicios de valor, pero casi ninguno de nosotros entiende lo que estamos haciendo cuando lo hacemos. A través de conversaciones y debates que he tenido a lo largo de un número de años, he llegado a la conclusión de que casi todos los intelectuales en nuestra sociedad piensan que la moralidad es algo irreal. Me he acostumbrado a esperar, cada vez que se toca el tema de la naturaleza de los valores, que se me diga alegremente que la moralidad es una cuestión de emociones o convenciones, que es una ilusión creada por nuestros genes, o que es un mito fomentado por la religión. Esto parece ser el punto de vista sofisticado y ‘científico’. Recientemente he encuestado una clase de alrededor de 40 estudiantes de grado sobre la materia. Después de explicar los términos ‘subjetivo’ y ‘objetivo’, pregunté cuantos de ellos creían que ‘la moralidad es subjetiva’. Cada una de las personas en la sala levantaron sus manos, menos dos -esos dos eran yo mismo y mi asistente, estudiante de postgrado. Esto es aún más sorprendente por el hecho que es casi del todo imposible obtener un acuerdo universal, en una clase de filosofía, sobre cualquier cosa. Los profesores (universitarios) de filosofía, cuyo trabajo es estudiar cosas como la naturaleza de los valores, están menos unidos en su rechazo -el objetivismo moral sigue siendo una posición minoritaria pero respetable en el campo. Aún así, la mayoría de expertos está de acuerdo que la moralidad es de alguna forma irreal. [NdT A día de hoy, el realismo moral es la posición mayoritaria]

Nada de esto parece evitar que cualquiera -sean estudiantes, profesores u otros intelectuales- haga juicios morales, argumentar sobre cuáles son los puntos de vista morales correctos, o intentar hacer que otros obedezcan los principios morales correctos. Incluso aquellos que declaran la moralidad una ilusión hablarán largo y tendido sobre la inmoralidad de la guerra en Irak, o sobre la clonación humana, o como mínimo sobre que su novio les ha puesto los cuernos. Y ellos parecen esperar que sus argumentos se tomen como razón para que otras personas actúen de cierta forma Esto me parece extraño. Si pensara que el gran conejo en la esquina de la habitación es una alucinación, no creo que hablase largo y tendido en público sobre cual es su comida preferida, mi plan de acciones alrededor de su horario, o esperar que otros alteren su comportamiento a la luz de mis afirmaciones sobre él. Todos los que consideran la moralidad como una cuestión de convención o de emociones no parecen en la practica tratarla de acuerdo con esas posiciones. [meme] No argumentan sobre lo que es moral como uno esperaría que se argumentara sobre lo que son las convenciones morales o qué emociones siente la gente. Parecen tratar sus afirmaciones morales como si tuvieran alguna fuerza mayor que afirmaciones sobre convenciones o emociones. Si el aborto no es coherente con las convenciones de la sociedad estadounidense, o si estimula emociones negativas en ciertos observadores, ¿exactamente porqué debería esto supuestamente convencer a una mujer embarazada que no quiere tener su hijo?

Puede que mis preguntas sean ingenuas, y puede que los antirealistas morales tengan algún tipo de respuesta sofisticada a ellas. Solo informo sobre como me parecen las cosas a primera vista. A primera vista, uno podría pensar que el descubrimiento de la filosofía moderna -si esto es lo que es– que la moralidad es subjetiva, ilusoria, o de otra forma no objetiva tendría un profundo impacto sobre como pensamos y hablamos de cuestiones morales; aún así aquellos que abrazan este supuesto descubrimiento en un instante parecen olvidarse de ello en el siguiente,  dedicando casi ningún pensamiento a qué implicaciones podría tener para el uso de argumentos morales y demás. Una simple explicación se sugiere a si misma: puede que los antirealistas más confesos sean fundamentalmente insinceros. En el contexto de un debate de filosofía abstracta, decimos que la moralidad es irreal, e incluso nos decimos a nosotros mismos que creemos esto. Pero lo que realmente creemos es revelado mucho más por la forma en la que hablamos sobre la moralidad en situaciones concretas y por la forma en la que organizamos nuestras vidas de acuerdo con principios morales que por lo que decimos en el aula de filosofía.

Pero no es tan simple como esto. A veces el antirealismo moral afecta a cómo hablamos de las cuestiones morales. Algunas personas argumentarán  que el gobierno no debería ‘legislar la moralidad’ ya que la moralidad es subjetiva. O que no deberíamos intentar prevenir la ablación del clítoris ya que la moralidad es relativa a la cultura. O que no deberíamos abstenernos de juzgar a otros, o que los profesores no deberían tomarse la libertad de enseñar principios morales, ya que no se conocen verdades morales objetivas. Por supuesto, muchos filósofos profesionales se avergonzarían al escuchar estos argumentos. Si la moralidad es subjetiva, no sigue que el gobierno no debería legislarla; lo que sigue es que el gobierno debería legislar la moralidad si hacerlo es coherente con las preferencias subjetivas de los legisladores. Si la moralidad es relativa a la cultura, no sigue que no deberíamos interferir con las costumbres de otras culturas; los que sigue es que deberíamos interferir con otras cultura si hacerlo es coherente con nuestras costumbres. Si no se conocen verdades morales objetivas, no sigue que nos tengamos de abstener de juzgar a otros o de enseñar principios morales; lo que sigue es que no sabemos  si es objetivamente cierto que debamos juzgar a otros o enseñar principios morales. Los tres argumentos mencionados al principio de este parágrafo parecen proceder al inconscientemente eximir algun principio moral del antirealismo general que asumen: el principio de que uno no debería hacer leyes basadas en las meras preferencias subjetivas, que uno no debería imponer convenciones locales  en otras sociedades, que uno no debería hacer juicios que uno no sabe si van a ser objetivamente correctos; que uno no debería enseñar cosas que uno no sabe si son objetivamente correctas.

Por lo tanto, estoy a favor de una explicación diferente de las actitudes de nuestra cultura hacia la moralidad: Sugiero que son incoherentes; de hecho, descaradamente incoherentes. Sean Cuales sean los pensamientos que la mayoría de individuos tienen sobre la naturaleza del valor no aguantarían un minuto de escrutinio. Pensamos que los valores son subjetivos pero que la guerra de Irak era objetivamente inmoral; pensamos que la moralidad es una ilusión pero que deberíamos actuar moralmente; pensamos que, ya que no hay valores objetivos, está objetivamente mal imponer nuestros valores a otros.

La cuestión es, ¿cuales de nuestras creencias en conflicto son falsas, y cuales, si alguna, són correctas?

Muchos que niegan la existencia de valores morales objetivos concederán que, al menos a primera vista, parece natural suponer que hay valores objetivos. Casi toda sociedad a lo largo de la historia ha tomado la objetividad de valores por sentada. Y como he sugerido, incluso miembros de nuestro propia sociedad cínica aparecen asumir la objetividad de valores en sus pensamientos ordinarios sobre cuestiones morales particulares. Si realmente no hay valores objetivos, entonces esto debe ser el descubrimiento más significativo de la filosofía moderna, y puede que la primera vez que la disciplina de la filosofía ha conseguido convencer un gran número de personas de abrazar una masiva revisión del sentido común. Si, por otro lado, hay valores morales objetivos, entonces la opinión generalizada a lo contrario debe ser un de los mayores errores de la filosofía moderna, y en general, de la cultura intelectual moderna.

Esto último es lo que creo. He escrito este libro para defender una explicación exhaustivamente objetivista y racionalista de la naturaleza de la moralidad y del conocimiento moral. La posición que defiendo es conocida, algo engañosamente dadas las connotaciones del termino ‘intuición’ en la cultura popular, como intuicionismo ético. Mantiene que hay hechos valroativos objetivos -hechos como que está mal causar sufrimiento gratuito a otros- más allá de los hechos no-valorativoss naturales; que tenemos cierto tipo de comprensión intelectual de alguno de estos hechos valorativos; y que nos proveen de razones para comportarnos de ciertas formas, independientemente de lo que deseamos. Esta postura es comúnmente vista como ingenua e indefendible. Creo que por lo contrario, que las críticas comunes a ello son más débiles de lo que se toman y no pueden haber persuadido ningún intuicionista razonablemente reflexivo a abandonar su postura.

La primera parte del libro, siguiendo el capítulo introductorio, es negativo: trata de refutar tres teorías alternativas sobre el valor. La segunda parte explica y defiende mi propia postura sobre el valor: el capítulo 5 explica como conocemos verdades morales; el capítulo 6 trata con el problema del desacuerdo moral y el error; el capítulo 7 explica como los valores proveen de razones para la acción; y el capítulo 8 responde a numerosas críticas. Finalmente, al capítulo 9 ofrece una revisión de los principales argumentos del libro, junto con alguna especulación de porqué las conclusiones que defiendo son impopulares y porqué estas cuestiones son importantes.

Quién debería leer este libro? He intentado escribir un libro que pueda ser leído con provecho por otros profesores -pero no intenté escribir uno que sólo pueda ser leído por profesores. La naturaleza de la moralidad y el valor es asunto de todos. Los problemas del relativismo moral y esceptiscismo, si de hecho son problemas, afectan a estudiantes y a personas corrientes tanto como los filósofos profesionales. Esto es una tarea difícil, y numerosas opiniones van a diferir sobre si lo he conseguido exitosamente. He intentado presentar el estado del arte, pero también he explicado los argumentos clásicos que los estudiantes nuevos a este campo deberían de escuchar. Algunos de mis compañeros puede que ocasionalmente se aburran por la repetición de viejos argumentos, mientras que las personas corrientes se confundan por los aspectos técnicos. Para minimizar esta última dificultad, he marcado con asteriscos (‘*’) las secciones más técnicas del libro, incluyendo algunas secciones respondiendo a posturas avanzadas por diferentes individuos en el mundo académico contemporáneo. El no especialista puede saltarse estas secciones sin perder el hilo del argumento.

Este libro se ha beneficiado de muchos comentarios de un número de amigos y compañeros, incluyendo a Elinor Mason, Doug Husak, Ari Armstrong, Bryan Caplan, Robin Hanson, Tyler Cowen, Ananda Gupta, and two anonymous reviewers at Oxford University Press. Stuart Rachels y Richard Fumerton merecen especial reconocimiento por sus extensivos e inestimables comentarios sobre el manuscrito. Estoy agradecido a todos estos individuos, sin ellos el libro sería mucho menos satisfactorio de lo que es.

M.H.